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Por Iñaki Arzoz y Andoni Alonso

Son licenciado en Bellas Artes y doctor en Filosofìa, respectivamente, por la Universidad del País Vasco.

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Igor Aleksander
creador de "Magnus"
 

"Nuestro futuro bienestar debe depender de un mejor entendimiento de lo que hace a la gente ser gente y a las máquinas ser máquinas." (Igor Aleksander, "Impossible Minds")

En las anteriores visitas a Futurópolis nos internamos en el misterioso origen del Futuro (donde por muy poco no quedamos atrapados) pero ya nos sentimos con ánimos para regresar a las zonas nuevas de la ciudad y saber qué nos ofrece en la actualidad una de las cibertecnologías punteras como es la la inteligencia artificial. Aquellas desmesuradas promesas de los años 50 se han ido convertido en unos pobres resultados, a saber, ¡unos cuantos insectoides vacilantes que juegan al fútbol! Pero también hemos de reconocer que la IA, aunque a otro ritmo, ha evolucionado considerablemente en las últimas décadas. ¿Será que acaso podemos volver a soñar?

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Buscando respuesta a esta pregunta, en esta ocasión visitamos a Igor Aleksander, un ingeniero esloveno de IA que vino a Londres hace 30 años, creador de "Magnus" (Multi Automata General Neural Unit Structure). y del cual nos han hablado como de un novedoso acercamiento al problema de la simulación de la inteligencia. Rodeado por ordenadores y ayudantes, nos recibe en su laboratorio. Aleksander es un científico realmente curioso; no sólo se preocupa por los aspectos ingenieriles de la IA, sino también por lo que los filósofos, desde Locke hasta Wittgenstein, han especulado sobre la consciencia e incluso de lo que la literatura ha aportado al tema.

Esta preocupación humanística contrasta radicalmente con los pioneros norteamericanos de la IA -Minsky, Moravec, Schanck-, arrogantes y refractarios a toda contribución fuera del campo de la ingeniería o de las "ciencias duras". Nada reduccionista, Aleksander se enfrenta con honestidad y amplitud de miras al problema, y nos expone una original versión de la consciencia artificial que es al mismo tiempo, semejante y diferente a la humana. Y es en esta aparente paradoja donde reside la fortaleza de su argumento, que no olvida a lo largo de su detallado libro Impossible Minds (1996) y que, de hecho, "Magnus" encarna como principio directorio.

Red neuronal

"Magnus" es en realidad una pieza de software compuesta por una "red neuronal", esto es, lo que se conoce como una "máquina virtual". Que sea software en vez de una serie "física" de relés o "neuronas eléctricas" supone una notable diferencia respecto a los primeros ejemplos de esta técnica, inventada en los años 50 por John McCarthy. A pesar de que este enfoque decayó durante los años setenta, han habido recientemente grandes avances como por ejemplo la interconexión con neuronas reales (del tálamo), para conocer mejor su comportamiento sináptico. Pero la simulación de Magnus es muy diferente, pues abarca la cifra de 250.000 neuronas con cuatro millones de posibles conexiones que, a semejanza de las humanas, establecen un "input" o entrada y un "output" o salida, se retroalimentan y se reconfiguran tanto por su interactividad con el exterior como por su funcionamiento interno.

Y ésta es justamente la diferencia más importante con la corriente de IA de los años 70-80: la experiencia es un requisito básico para poder hablar de cualquier tipo de consciencia, incluída la artificial. Esta aproximación se separa de los programas convencionales de IA que prentenden introducir la conciencia "a priori", sin relación con el exterior. De confirmarse esta capacidad, se abrirían las puertas a infinitas cuestiones hasta ahora vedadas a la IA y con las que la ciencia ficción juega hace décadas, como el sentido del lenguaje, las emociones y sentimientos, los instintos, la intencionalidad de los actos, el libre arbitrio, y los sueños... En cierto sentido, el viejo paradigma mecanicista de la IA "dura" empezó a resquebrajarse desde hace una década.

Nuevas perspectivas

Y ahora ya comienzan a desarrollarse con fuerza nuevas perspectivas, como por ejemplo la de los "ordenadores emocionales", propuestos por Rosalin Picard (MIT) de los que incluso existen programas como "Feeler" (Pfeifer, 1993) o "Cátesis" (Velásques, 1996). El gran gurú Minsky, que tan despóticamente ha reinado en esta disciplina, y que despreciaba la emoción como fuente cognitiva (véase su novela The Turing Option , 1983), está siendo ampliamente contestado por las nuevas generaciones de investigadores de IA. Y que duda cabe de que Aleksander es uno de los pioneros en este cambio de rumbo en la IA.

Conscientes de este nuevo panorama estamos ansiosos por conocer más detalles significativos, ver hasta donde se ha llegado por esta nueva vía, e interrogamos al profesor Aleksander: ¿Pero tiene "Magnus" atributos propios de los humanos? De acuerdo al profesor Aleksander sí, aunque a continuación matiza que los tiene "modus artificialis": "lo vivo será consciente de que está vivo y de que tiene una serie de necesidades biológicas como el deseo de procrear y el deseo de ocupar un lugar en el mundo, en tanto que lo artificial tendrá otros intereses que corresponderán a consideraciones tecnológicas". Así, por ejemplo, la necesidad de recargar las baterías conectándose a la red eléctrica se asemejaría al deseo o urgencia que los humanos tenemos por alimentarnos. Como se puede apreciar, la diferencia de "gustos" entre nosotros y Magnus es notable, y por ello precisamente podemos establecer paralelismos, pero no equivalencias literales.

Tal como Isabel del Río recoge en su artículo/entrevista sobre Igor Aleksander Mariposas en Marte (a cuyo excelente resumen -parcialmente publicado en el nº9 de "Planeta Humano"- remitimos para conocer más detallles sobre Magnus), toda esta investigación tiene como fin ,no la creación de un "golem", un doble del hombre en la realidad, sino la construcción de un "banco de pruebas" que nos permita conocer mejor nuestra propia mente. En palabras de Aleksander: "El estudio de las propiedades de lo artificial tiene por objeto iluminar lo extraordinario de las criaturas vivientes". ¡Qué lejos está este humilde y sensato aserto del deseo de construir robots que nos sustituyan y acaben por adoptar a los seres humanos como mascotas, tal como propone Hans Moravec! Quizás el enfoque de Aleksander no tenga finalmente éxito, pero realmente ya ha delimitado con extraordinaria precisión el valor que puedan tener actualmente las investigaciones de IA.

Tecno-ciencia humanista

Resulta agradable encontrar a un experto en IA, una de las ciencias más "duras" y por ello más arrogantes, dando una excelente lección de equilibrio y sensatez, tan ajeno a las fantasiosas supersticiones por las que los científicos de este campo se guían. Ahora lo comprendemos en sus últimas consecuencias; el objetivo de una IA verdaderamente 'inteligente' no es sustituir al hombre por la máquina sino comprenderlo (y ayudarlo) a través de la máquina. El trabajo de Aleksander muestra cómo es posible hacer una tecnociencia humanista que también señale ese esperanzador enfoque interdiciplinar de la IA donde tienen cabida además de ingenieros y matemáticos, filósofos, psicólogos, escritores

Nos despedimos del profesor Aleksander, dejándolo en su laboratorio del Imperial College con Magnus, mientras lo contempla confiadamente, casi como si fuera un niño artificial, que en este momento de inactividad quizás esté soñando ¿con ovejas eléctricas?, no, imposible, acaso con el delicado azul de las mariposas marcianas... Nosotros también soñamos con un futuro en el que ni siquiera sea necesario que los robots lleven inscritas las tres leyes de Asimov. Seguiremos buscando en Futurópolis, esperando encontrar figuras tan lúcidas y cabales en todas las ciencias...

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Más información:

I. Aleksander

. I. Aleksander.

 

"El gran gurú

Minsky, que

despreciaba la

emoción como

fuente cognitiva,

está siendo

ampliamente

contestado"

 

 

. Redes neuronales.