<  W  H  O    I  S    W  H  O  


. Vista de Tánger.

......................

"La verdadera

revolución

sería el

transporte

instantáneo

de personas,

como en

StarTrek"

 

......................

.Edificio de Tánger.

......................

"Todo debe ir

hacia la

desaparición

aparente de

la interfaz"

......................

 

 

.

Ramón Buenaventura:
[Novelista y crítico de Internet]
____________________

Un IRC desencadena el reencuentro de la pareja de enamorados de la historia. ¿Qué papel juega Internet en la comunicación? ¿Se trata de una simple extensión comunicativa o de una verdadera revolución?

Internet es un conjunto de herramientas de comunicación y de acceso a la información depositada en millones de ordenadores del mundo entero. Nunca tanta información había estado tan fácilmente al alcance de tantas personas. Esta noción es revolucionaria, desde luego, pero queda mucho camino por andar, sobre todo en el campo de la organización de los datos y de los criterios. En cuanto a la comunicación entre personas, es cierto que el correo electrónico, el chateo, el intercambio de documentos, etc., constituyen un adelanto enorme sobre el correo tradicional e incluso la telefonía. Pero ahí no creo que pueda hablarse de revolución, sino simplemente de gran mejora. La verdadera revolución en este campo quizá no llegue a producirse nunca: sería el transporte instantáneo de personas y cosas, como en la serie Star Trek.

El sexo está presente en su novela (y en la vida). ¿El sexo virtual existe?

El sexo virtual existe, y me atrevo a añadir que todo sexo es sobre todo virtual, porque sobre todo se vive en la cabeza. El cerebro es el principal órgano erógeno. De dónde procedan los estímulos que sobre él actúan es casi indiferente. Quiero decir: los estímulos pueden ser material o virtuales, pero, si verdaderamente funcionan como tales estímulos, coindicen en su eficacia. Las palabras (y el sexo virtual es palabras) constituyen un estímulo tan poderoso como el contacto físico, o más, en ocasiones. Claro está que siempre apetece tocar, y la experiencia me indica que muchas veces se acaba tocando, en estos contactos virtuales, pero ello no niega la poderosa existencia del sexo virtual. Una realidad, por cierto, sobre la que no es posible novelar (o, dicho en otras palabras, sobre la que sólo una persona de talento inverosímilmente innovador lograría novelar con éxito).

¿Es un negocio, una oportunidad?

Hombre, el sexo siempre ha tenido su vertiente comercial, nos pongamos como nos pongamos. Y siempre ha sido una oportunidad para quien esté dispuesto a venderlo, virtual o físico.

¿Cómo llegó usted al mundo de Internet, cómo llegó a hacerse un experto en el mismo?

La informática me viene interesando desde el primer momento y, digámoslo así, he ido creciendo con ella, desde aquellas protomáquinas de los años cincuenta y sesenta que conocí por mi trabajo en compañías pioneras en el empleo de los ordenadores. En cuanto fue posible tener un ordenador en casa, me hice con uno. Pero no soy un experto, sino lo que podríamos llamar un usuario avanzado. He leído muchísimo sobre el tema, sigo las revistas profesionales, etc., pero no podría explicarle a nadie cómo funciona de veras un procesador... Con Internet me ha ocurrido lo mismo: estoy en la red desde sus inicios y he procurado irme enterando de todo. Pero tampoco soy un experto. Eso sí, tengo una considerable ventaja sobre los técnicos que escriben en las revistas: yo soy escritor y me explico mejor que ellos. Como, encima, soy usuario, resulta que así me encuentro en condiciones ideales para comprender los sufrimientos ajenos.

Como columnista de "El Semanal", ¿cuál es su impresión sobre los usuarios que le consultan? ¿Son muchos, qué inquietudes tienen?

Son muchísimos más de los que yo puedo atender en mi casa, en mi tiempo libre y a mi propia costa. Estoy totalmente superado por el correo electrónico. A grandes rasgos, digamos que tengo dos grupos de lectores, uno enorme y otro pequeñísimo. El enorme, que es a quien yo me dirijo en realidad, está integrado por personas que asisten con curiosidad al fenómeno Internet, que quieren enterarse de qué va y que están dando sus primeros pasos en este terreno. No quieren saber, no quieren adquirir conocimientos teóricos. Lo que quieren es que alguien les explique el funcionamiento del asunto o les facilite la navegación un poco. Como acabo de decir, para ellos escribo, porque a mí lo que me interesa es la divulgación y el proselitismo. Captar usuarios para un fenómeno como Internet, en el que es importantísimo que participe la mayor cantidad posible de ciudadanos...

Luego tengo otro grupo, quizá un 0,1% de los lectores, que se empeña en imponerme registros minoritarios que no puedo atender. Por ejemplo: el otro día se me ocurrió cometer el enorme pecado de hablar de Linux, para que mis lectores tuviesen una somera idea del asunto, ya que era probable que hubiesen oído mencionar este sistema operativo en alguna parte. En los días siguientes a la publicación del artículo recibí diez o doce mensajes que iban desde la condescendencia ("no nos entiende usted a los linuxeros, pero le agradecemos la buena intención") hasta el insulto basado en mi ignorancia del tema ("miente usted: Linux es facilísimo de instalar"). Como es lógico, no hay término medio posible. Yo no puedo escribir para usuarios experimentados. El Semanal es una revista para millones de lectores.

¿Hacia dónde va Internet? ¿Cuál será la nueva aplicación asesina?

En informática, todo debe ir hacia la desaparición aparente de la interfaz. El ordenador tiene que convertirse en un electrodoméstico más, tan difícil de manejar como una nevera o como el televisor. Quizá llegue incluso a fragmentarse, a repartirse por toda la casa, en funciones específicas. En cuanto a Internet, a lo que vamos, en cuanto se consoliden las técnicas necesarias y en cuanto se resuelvan los estúpidos problemas comerciales y financieros que están frenando el progreso, es a la conexión permanente.

Tendremos una línea abierta 24 horas al día y por ella nos llegará todo lo que recibimos del exterior: sonido, imágenes, texto. Supongo que ni siquiera tendremos las aplicaciones en nuestro propio disco duro. Cuando queramos escribir, accederemos al procesador de texto, que antes habremos personalizado en el servidor. Y hasta es probable que gran parte de los servicios sean gratuitos, porque los pagaremos con información sobre nosotros mismos que las grandes compañías puedan utilizar a efectos promocionales y publicitarios. Para vendernos cosas.

Internet es una estructura tecnológica de innegable éxito. Sin embargo, ¿cree que sus contenidos, al estar muy condicionados por el ancho de banda y el interface, son aún pobres?

Más que pobres, muy desorganizados y difíciles de localizar. Y sin criterios orientativos fiables. Apenas hay modo de distinguir la basura de lo válido, a no ser que uno conozca bien el tema. Y esto no depende del ancho de banda ni de la interfaz. Está en la propia esencia del sistema, libre e imposible de controlar. Nadie puede impedirme que yo instale una página sobre física cuántica totalmente llena de disparates y errores. Internet está repleto de disparates y errores, por no decir estupideces. También en los libros y en los periódicos encuentra uno muchísima basura, por supuesto, pero está más controlada y es más fácil de contrastar, porque hay un criterio de "autoridad en la materia" que en Internet se pierde por completo.

Tendrán que surgir grandes sistemas que avalen la información y la prestigien. El problema está en que estos grandes sistemas pueden derivar fácilmente hacia la censura, que ningún verdadero internauta quiere. Habrá que ir viendo cómo evolucionan las cosas.

En su novela hay una reivindicación indirecta de la cultura islámica a través de la etimología y del recuerdo. ¿Es Internet una apisonadora cultural anglosajona en detrimento de otras culturas?

No estoy muy seguro de que podamos hablar de "reivindicación". Es más bien una utilización de determinadas referencias necesarias para entender el libro y la mentalidad de sus personajes. Si tuviera que reivindicar algo, más que la cultura islámica reivindicaría la convivencia y la tolerancia, la amplitud de miras propia de las sociedades civiles más adelantadas. Yo nunca defenderé ninguna cultura basada en la religión... En cuanto a la "apisonadora cultural", qué quiere usted que le diga. Ellos son quienes inventan, ellos son quienes mejor explotan los inventos.

De todas maneras, no creo que lleguen a apisonarnos. Lo que ocurre es que la enorme mejora de las comunicaciones ha dado lugar a un entramado de contactos culturales que antes no podía existir. Ahora, el contagio y las influencias funcionan a una velocidad portentosa. De ello puede resultar una pérdida de pureza cultural en todas partes, pero, francamente, se me da un ardite la pureza cultural. Yo sólo creo en el mestizaje.

Más información:

Ramón Buenaventura tiene su propia página web. Sus artículos sobre Internet para "El Semanal" también están disponibles.