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Por Iñaki Arzoz y Andoni Alonso

Son licenciado en Bellas Artes y doctor en Filosofìa, respectivamente, por la Universidad del País Vasco.

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¿Quién es?: Joaquin Dols
Más que "enfant terrible" de la crítica del arte
(24-1-00)

Hasta ahora, en esta serie sobre personajes de la cibercultura, hemos destacado nombres propios más o menos conocidos, pero que han ejercido una influencia apreciable en sus respectivos campos. Sin embargo, en esta ocasión, vamos a retratar a un personaje ciertamente poco conocido -más allá de un restringido grupo de especialistas que hayan seguido su trayectoria intelectual-, pero cuyas ideas y cuya obra, a la que podríamos calificar casi de "secreta", revisten una importancia fundamental para entender cabalmente el arte derivado de las nuevas tecnologías. Es, sin duda, un héroe de la cibercultura, un héroe cuya modestia personal no puede ocultar una de las miradas más rigurosas a la vez que fascinantes de la cibercultura contemporánea.

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Este historiador de arte catalán, actualmente profesor en la Facultad de Bellas Artes de la Universitat de Barcelona, tiene una trayectoria muy rica y variada, siempre atenta a los sucesivos retos del arte tecnológico, la cual ha contribuido a madurar su revolucionaria teoría sobre el arte. Fue uno de los fundadores de la revista "D' Art" (Universitat de Barcelona), colaborador de enciclopedias -"Enciclopedia catalana", "Diccionario de arte moderno "de Aguilera Cerní (Valencia, 1987)-, guionista de documentales de arte (Miramar), crítico de arte en numerosas revistas -"Destino", "El Viejo Topo", etc- y de una columna irreverente en "El País "(1983-7) donde sólo escribía sobre arte que no fuera pintura de galería, autor de exposiciones con objetos reciclados, traductor de textos artísticos (Serie "Artigrafía" para Fernando Torres Ed.; Alberti, Viollet-le-Duc, Baudelaire, Prudhon, arte nazi, etc), comisario de exposiciones insólitas sobre arte popular("El arte y el pan"), conferenciante infatigable, etc, todo lo cual estuvo a punto de convertirlo en un "enfant terrible" de la crítica del arte, papel que rechazó, para concentrarse en sus clases heterodoxas y sus monumentales tratados sobre el arte tecnológico.

Controvertido

Su trabajo ha estado marcado desde el principio por la controversia, que nace de su crítica radical tanto de los usos y maneras de una obsoleta historiografía oficial del arte, como de su rechazo ideológico de todo arte elitista; Ya en su tesis de licenciatura, "Experimento metodológico sobre Luis Paret y Alcázar "(1972), intentaba aplicar criterios de cientificidad, ajenos a la retórica literaria de las historias del arte al uso, basados en ecuaciones lógicas de verdad/falsedad sobre la obra de un extraordinario artista polifacético del siglo XVIII, eclipsado por la sombra de Goya.

En este sentido, su interés por otras manifestaciones del arte marginadas por la Historia oficial, le hicieron centrar su asignatura de arte moderno en la Universidad Autónoma de Barcelona (1972-8), exclusivamente, en el arte primitivo, el arte oriental y el cómic. Más adelante, se interesó junto con otros historiadores de su generación (Antoni Mercader) por el vídeo-arte, como manifestación novedosa de un redivivo arte popular, propiciada por la extensión democratizora de la tecnología audiovisual. Además de numerosos artículos polémicos donde defendía la artisticidad del videoclip o las posibilidades del vídeo casero, contribuyó al libro colectivo, un clásico en la materia, "En torno al vídeo " (Gustavo Gilli, 1980). Siempre evitando caer en la elitista y poco estimulante 'especialización', su siguiente objeto de pasión, lógico después del vídeo-arte, fue la infografía, el arte por ordenador.

Pionero

Se puede afirmar que en este aspecto fue un verdadero pionero en nuestro país, ya que, por ejemplo, ha sido el creador y responsable del primer aula de infografía en una universidad española (Universitat de Barcelona/1989-1997), una especie de taller abierto y experimental, teórico-práctico, no lectivo y autosuficiente (montado gracias a acuerdos de intercambio de infraestructura informática por formación, con la compañía Apple) en el que se ha formado la primera generación de infógrafos catalanes. Fruto directo de esta experiencia docente y de su investigación paralela es el manual "De infografía. Historia, teoría y técnicas de la imaginería informatizada" (T.E.C., 1990), uno de los textos más completos y rigurosos, tanto para el historiador como para el alumno, que existen sobre esta materia.

Pero la profundidad de su visión sobre el sentido del las nuevas tecnologías en el arte abarca incluso su conexión secreta con una protohistoria antropológica en relación a otras culturas y otras disciplinas. De ahí nace, su obra más arriesgada y compleja, que sirviera de tesis doctoral, "Rupturas espacio-temporales... La metáfora del espejo" (1988). Esta obra inclasificable, un texto continuo de casi 600 páginas, sin capítulos ni puntos -y deliberadamente sin imágenes-, en el que se despliega una alucinante y sorprendentemente erudita comparación entre los espejos negros que utilizaban los chamanes aztecas (como el que utilizara John Dee) y determinados aspectos magico-tecnológicos de la cibercultura como son ciertos artefactos ópticos, los agujeros negros y, especialmente, la infografía.

En este verdadero ensayo-río, histórico al tiempo que poético, entre sus interpretaciones se entreveran citas de cronistas de indias y de poetas como Octavio Paz, de lemas publicitarios y de tratados herméticos. La vocación americanista de esta obra es un homenaje a una colección de gustos personales -el Don Juan de Castaneda, real o falso, siempre fascinante-, la literatura del boom hispanoamericano -el estilo exuberante desde Valle-Inclán a Carpentier y la inteligencia desde Borges a Cortázar-, y el jazz clásico -en su estilo improvisado, cambiante y coral- también presente en la salmódica oralidad popular que Dols tanto admira.

Asignatura de nuevo cuño

En estos momentos, el profesor Dols imparte una asignatura de nuevo cuño sobre el "imaginario tecnológico contemporáneo", en la cual confluyen las más variadas cuestiones y disciplinas relacionadas con el arte no oficial, desde las nuevas tecnologías, el diseño, la propaganda, etc. Estas clases, preparadas como verdaderos actos creativos o "performance" donde combina oralidad teatral e imágenes tecnológicas, constituyen más que sus textos, su manera privilegiada de transmisión e interacción con los que él denomina como "hijos de la tecnocultura".

No obstante, su querencia por la docencia, no le impide el desarrollo de otras investigaciones; particularmente, una revolucionaria historia del arte en torno a la "estética de lo cotidiano" donde pretende demostrar la inoperancia de la historiografía del arte moderno, que ignora el verdadero arte universal basado en las nuevas tecnologías (desde la televisión a la infografía) y sacraliza el arte vanguardista de las élites.

Su objetivo es dar un verdadero 'golpe de estado' a nuestra anquilosada visión del arte, entendido éste como experiencia total de la belleza y la maravilla allá donde se produzca (esté o no encuadrada en contextos artísticos específicos). Paralelamente a esta ambiciosa reescritura de esta intrahistórica historia verdadera del arte, prepara otro ensayo sobre la "antropología de las imágenes" que abarca desde las visiones místicas hasta las primeras manifestaciones del arte tecnológico.

Para este estudio sigue recopilando la que es ya una de las mayores videotecas del país de cine mudo y dibujos animados de todo el mundo. En fin, labores diversas y siempre insólitas de un investigador oscuro que sigue su propio credo, un verdadero "maestro oculto" de la cibercultura -un híbrido de Baltrusaitis y Barbara Stanford bajo la advocación de Giambattista della Porta-. En definitiva, un sabio taoísta que en el umbral de su academia escribiría "el arte se encuentra donde no se haya escrito la palabra arte".

Por ello, probablemente, para cuando la sociedad haya reconocido el arte tecnológico, su propio arte, tal como se merece -con el mismo rango que el 'arte culto'-, y se haya reconocido o no su mérito de pionero, él ya esté dedicado a explorar otra terra incognita de prodigiosa y recóndita belleza.

. "Retrato de una dama", de Luis Paret y Alcázar.

 

 

 

 

 

"El arte se

encuentra en

donde no se

haya escrito

la palabra

arte"

 

 

 

 

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