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Por Mikel
Amigot
 
Mikel Amigot es director de la Brujula.net y presidente de IMSSA (empresa especializada en medios on-line)
 
 
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El avance imperceptible hacia la nueva sociedad
Bajan los salarios y sube la productividad
 
Intuimos que se está produciendo una revolución en el modo de concebir el trabajo y la economía, pero no alcanzamos a comprender su calado. El entorno cotidiano de trabajo sigue siendo día a día el mismo. Sólo pequeños detalles, como el hecho de que cada vez se gasta menos papel de fax y de que en las conversaciones aparece infinidad de veces la palabra "mail", permiten observar que algo está cambiando.
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Es como si estuviéramos en la cubierta del Titanic; faltan cinco horas para que el barco se vaya a pique y la tripulación escucha impávida los sones de la orquesta. Sí, puede que haya una vía de agua en tercera clase o en la sala de calderas, pero el transatlántico es insumergible.

Estamos en plena transición desde una sociedad industrial, que lleva más de un siglo en nuestros hábitos, ideas y genes, a una sociedad del conocimiento. Los ingresos de los trabajadores disminuyen, mientras aumenta la productividad de la economía. Un aspecto del que casi nadie parece haberse percatado. Juan Soto, presidente y consejero delegado de Hewlett Packard en España, apuntaba el dato en un reciente congreso empresarial: "En los últimos años, los trabajadores han visto decrecer sus ingresos en un 20%, al tiempo que la economía incrementa su productividad en un 25%". Y esta vez, ni siquiera los sindicatos parecen haberse alarmado.

El concepto mismo de la plusvalía está en revisión. ¿Qué genera más plusvalía: el capital o el conocimiento? El hombre más rico del mundo ha creado una empresa, Microsoft, repleta ya de jóvenes millonarios, que no vende nada tangible, ni siquiera se desprende de ningún bien físico. Traspasa software, esto es, conocimiento en cápsulas, y, sin deshacerse de nada en concreto, cada vez es más poderosa y lucrativa.

Cierto es que Microsoft todavía es un híbrido entre corporación del siglo XXI y compañía a la vieja usanza capitalista que acumula mercados a base de fuertes inversiones en marketing. Pero no es menos cierto que anticipa cómo será el trabajador del nuevo milenio.

Fractura social

Éste será como una pequeña empresa, que vende sus servicios y su tiempo. El activo que comercializa es su talento y conocimiento. Puede agruparse en grupos amplios de trabajadores del conocimiento o ir por libre. La novedad es que cada vez desarrolla menos acciones mecánicas; éstas quedan "reservadas" para gentes sin demasiado talento, espíritu de sacrificio, intuición, perseverancia, capacidad de aprendizaje, etc. Las "actuaciones mecánicas", que apenas generan valor en la cadena productiva, tienden a remunerarse cada vez menos, y quedan, ya decimos, en manos de trabajadores de sueldos bajos.

Ello es un peligro, pues genera una fractura social. Una sociedad estamental, de dos clases: los que tienen conocimiento y los que sólo sirven para labores automáticas. Es indudable que, por estos lares, aún estamos lejos de tal situación, y aunque la lógica deductiva nos lleve a imaginar que el futuro será así, hemos de pensar que, en empresa y en los procesos humanos, lo previsible rara vez se cumple y lo imprevisible, sucede. La única certidumbre que nadie parece discutir es que estamos en plena transición hacia otro modelo social, económico, político, cultural y, posiblemente, vital. Y desde esta perspectiva, sólo se nos ocurre una cosa: seguir apostando por el aprendizaje y la inquietud cognoscitiva.

.La tecnología abre caminos.

 

"¿Qué genera

más plusvalía

el capital o el

conocimiento"

 

.Un mundo más global.

 

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