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Por Mikel
Amigot
 
Mikel Amigot es director de la Brujula.net y presidente de IMSSA (empresa especializada en medios on-line)
 
 
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¿Internet, la gran decepción?
¿Dónde esta la fuerza de la Red?
16-2-00
 
¿Es el año 2000 el año de la pérdida de la inocencia de Internet? La fusión de AOL y Time Warner es un reflejo exagerado de cómo ha evolucionado la Red. Y a juzgar por los mensajes que lanza el capital reunido estos días en Davos, Internet es ya un escenario idóneo para el "e-business".
Es el medio perfecto para eliminar intermediaciones inútiles, el motor del crecimiento económico del nuevo milenio y el instrumento para cambiar la cultura económica y financiera. Ni siquiera lo desmienten los políticos que han acudido a la estación invernal suiza, 33 jefes de Gobierno y Estado, y 300 hombres públicos en ejercicio. A lo más que llegan es a exponer en voz alta que el nuevo mundo tecnológico podrá agudizar las diferencias sociales. Aunque no pasan del discurso.
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Ni una sola medida han impulsado para que Internet llegue a los más desfavorecidos. En lugar de favorecer el uso de ordenadores y de hacer que Internet sea semi gratuito, como una medida de urgencia para dar oportunidad a gentes que no cuentan en el nuevo orden mundial, han consolidado, e impulsado, el poder de las grandes compañías de telecomunicaciones y la informática. En Europa, Latinoamérica y España, los gobiernos han encontrado en las "telecos" instrumentos financieros idóneos para acometer sus fines, principalmente el control de los medios de comunicación.

Aceptada esta realidad como inevitable, los políticos se han lanzado de lleno a participar del discurso de la nueva economía, que, en síntesis, se reduce a la idea de impulsar el comercio electrónico, eliminando cuantas trabas jurídicas, fiscales y ambientales perturben su desarrollo. ¿Y qué decir de los usuarios normales que utilizan a diario la Red? En España y Latinoamérica hemos adoptado una posición tan cómoda como insolidaria. Entre las "start up", las revalorizaciones financieras, las fastuosas ofertas de trabajo y el cansancio lógico de los pioneros, la fuerza de la Red, que antaño fuera elevada a la categoría de mito, parece haberse diluido como un azucarillo en un vaso de leche.

EE.UU marca el ritmo

En Estados Unidos siempre primó el concepto comercial, fruto del irreductible pragmatismo de su población. Pronto se descubrió que Internet constituía una catapulta perfecta para ganar dinero y generar un nuevo orden económico mundial de acuerdo con el peculiar concepto norteamericano de la existencia. En los países hispanohablantes y en Europa, nos hemos movido entre la pobreza tecnológica, el complejo del retraso y el absurdo de considerar que todo lo que viene de USA es superior. (Podíamos haber adoptado también la pena de muerte, casi 20 ejecuciones en lo que va de año, y la reverencia a las armas). Estados Unidos ha impuesto, con gran pericia y habilidad, el ritmo a seguir.

El resto de Occidente sólo aspira a emular un modelo, que para cuando quiera ser adoptado, estará en el siguiente escalón, que nada tendrá que ver con el actual. En Davos, los empresarios norteamericanos han paseado con arrogancia su éxito y se han permitido dar lecciones a políticos y hombres de negocio europeos, quienes, embobados por el discurso, ansían con entender algo. Michael Dell noqueó a Blair; Clinton, a Aznar y a todos los líderes europeos. Y Bill Gates, lo hará con el resto. ¿Nadie ha pensado en Europa y Latinoamérica que Internet puede servir para algo más que para el comercio electrónico, el intercambio de e-mails, la navegación placentera y la especulación bursátil?

"Internet, un elemento más del sistema"

Ignacio Ramonet, profesor de Teoría de la Comunicación y director de "Le Monde Diplomatique", una de las voces más autorizadas del mundo de los medios, ha sido concluyente: "Internet ha perdido su independencia y ha pasado a integrarse como un elemento más del sistema mediático". En una conferencia pronunciada la semana pasada en Madrid, y cuya reseña publica La Razón, Ramonet dijo que en este momento "la tendencia de Internet es transformar la información en una máquina de comprar". ¿Representa Internet la gran decepción de los últimos años

Existen, ciertamente, millones de sitios web, como existen decenas de miles de emisoras de radio que nadie escucha. Pero si no hay audiencias millonarias, telecomunicaciones accesibles, financiación publicitaria y apoyo a los nuevos espíritus que quieren transformar la realidad, poco cambio puede haber. Es sorprendente cómo antes de que pueda jugarse el partido, todo parece estar resuelto. Arbitro, jugadores y público parecen comportarse con arreglo a un patrón que empieza a estar determinado. Alguien dejó escrito en 1998, en LaBrujula.Net de entonces, que Internet podía írseles de las manos a gobernantes y multinacionales, si florecía un nuevo discurso social y una nueva estructura comercial.

En busca de un nuevo modelo

Pues bien, parece que todo ha sido una falsa alarma. Como decía el dictador Franco, todo está atado y bien atado. Incluso los "hackers", que, en su mayoría, acaban en la nómina de emporios económicos. ¿Dónde ha quedado el espíritu de los pioneros de la Universidad de UCLA de 1975? ¿Ha sido Internet una especie de Mayo del 68, del que ya no queda rastro? Europa y Latinoamérica deben encontrar un modelo nuevo, y éste no ha de consistir, en nuestra opinión, en abrazar ciegamente la fe cibernética representada por AOL, Amazon, Yahoo, Cisco, Microsoft y Dell. Todavía hay un espacio para un nuevo Internet que contemple, sí, el nuevo orden económico, pero haga de la Red un instrumento para impulsar la libertad de todos, incluidos los que ahora no tienen conexión u ordenador.

.Internet: un elementomás del sistema

 

"Los gobiernos no han impulsado ni una sola medida para que Internet llegue a los más desfavorecidos"

 

 

. Ignacio Ramonet

 

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