Por Mikel Amigot

Mikel Amigot es director de
ibrujula
y presidente de IMSSA
empresa especializada en medios on-line

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Página II

España, que quiso dárselas de liberal, moderna y ajena al intervencionismo (conforme al nuevo ideario made in USA, que se extiende con una mancha de aceite), dio un paso en falso y, por un error, que por el momento se reconoce sotto voce, se olvidó de cobrar a los antiguos monopolios el mayor canon fiscal de la historia. Pero el Gabinete Aznar no se ha encastillado en su postura y planea cómo enmendar la equivocación.

Las operadoras están haciendo lobby lanzando veladas amenazas a la población, en el sentido de que el servicio se resentirá, aumentarán los precios, etc., aunque nada de esto parece hacer mella. En España sucedió que el anterior ministro Arias-Salgado no supo detectar la importancia que otorgaban al UMTS, o teléfono móvil de tercera generación, las operadoras, y liquidó el asunto a precio de saldo (algo menos de 500 millones de dólares).

La generosidad

La sociedad digital que elimina intermediarios era una amenaza para los políticos Anna Birulés, la actual titular de Telecomunicaciones, prepara la solución, en un informe de conclusiones que entregará antes del 31 de octubre. A priori, parece que la solución puede residir en conceder nuevas licencias y en establecer nuevos cánones por el uso tecnológico. La cuestión se ha complicado hasta el extremo de que Bruselas, sede del Gobierno de la Unión Europea, ve en la generosidad de España de evitar cánones, un modo indirecto de subvencionar a las operadoras locales, Telefónica, Retevisión y Airtel

Es el mundo al revés. Los políticos europeos, que revalidan su papel sacando dinero a las operadoras nacidas del monopolio estatal. Estas compañías, que empiezan a dominarlo todo y atienden a los intereses del partido gobernante, que piden un modelo liberal norteamericano. Los ciudadanos, que piensan en términos de Estado y quieren más intervención pública; y los medios, erigidos en intérpretes de estas demandas.

La sociedad digital

El caso del UMTS, donde los Estados ponen por primera vez coto al poder de las 'telecos' y recuperan el protagonismo perdido por causa de Internet, engendra un nuevo modelo de actuación política. Los gobernantes y los políticos descubren que también ellos pueden sumarse al mundo virtual subastando "humo" (espacio radioeléctrico, derechos de uso, licencias...) a precios millonarios. Tienen clientes fijos, el clamor del público y el deseo de hacerse imprescindibles.

La sociedad digital, que liquida al intermediario que habla mucho y no aporta valor, había amenazado con decapitarlos, pero he aquí que con el UMTS, simbiosis perfecta de Internet y telecomunicaciones, ha venido a salvarlos del abismo. En Estados Unidos, donde la tecnología móvil va con bastante retraso respecto a Europa, deben de estar alucinados con lo que sucede en la Vieja Europa.

¿Habremos inventado el nuevo modelo político del siglo XXI?
 


[ Parece que la solución puede residir en conceder nuevas licencias y en establecer nuevos cánones por el uso tecnológico.]