Por Chucky García

Chucky García es editor de Arte y entretenimiento de la Comunidad virtual
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'VISA para un sueño'
¿Necesitan los colombianos 'VISA' para entrar en España?
29-03-01

Detrás de las cámaras que transmiten el sniffer show de la paz en Colombia, la realidad es otra: los mentados protectores del proceso como España -mismos financiadores del armamentista Plan Colombia- cierran sus fronteras a los ciudadanos nacionales que los medios políticos ultraviolentos, los irregulares niveles de educación o la baja oferta laboral interna han obligado a salir del país. Aznar abraza a Pastrana ante la Reuters, mientras clava en su espalda -la de los colombianos- el discriminatorio control de la visa.

La emblemática postal se desdibuja como quien incinera la foto de un traidor, otrora un hermano protector y confesor en los tiempos difíciles, que no son cortos ni mucho menos temporales cuando hablamos de Colombia. José María Aznar y su homólogo Andrés Pastrana siempre compadecieron ante la prensa con el abrazo intenso de dos personalidades políticas muy cercanas (principalmente desde que este último asumió la cabeza del gobierno colombiano en 1998), y la imagen rodó por todas las primeras páginas del mundo para conservar la idea de que la Madre Patria no abandonaba a su mestizo retoño de corrupción y caos.

Sin embargo, una ráfaga de mierda parece caer sobre el álbum familiar, destiñendo el calor de los gratos recuerdos y las esperanzas que muchos locales tenían sobre la Península Ibérica. El visado que los colombianos tendrán que solicitar al gobierno español para ingresar a dicho país, desde los próximos días, le ha dado un vuelco radical al sentimiento de hermandad antes mencionado, más aún con la puerta de la Comunidad Europea cerrándose -sin argumentos de peso- frente a sus propias narices.

Como en el patético papel de Cruela de Vil, el gobierno de Aznar entrará a seleccionar la carne colombiana que hará parte de su apretado paquete de embutidos de inmigrantes, grasosos chorizos pluriculturales con los que espera solucionar -y comercializar- la sobreoferta de perros no criollos en la tierra de Cervantes Saavedra (Ley de Extranjería).

Si bien es cierto que los inmigrantes han afectado la estabilidad de sus cerrados círculos sociales, también lo es que se han constituído en potenciales animales de caza de su neo economía y en candidatos de laboratorio para solucionar sus bajas tasas de natalidad (y con ellos, la costosa manutención de los jubilados).

Maletas de doble fondo

El asunto está más allá de una alusión a los endulzantes filmes de Walt Disney o de los cheques que hoy cobran aquellos que sobrevivieron a Franco. Se ha situado en el espacio real de una cotidianidad involutiva y punk (por aquello del "no futuro"), la del colombiano promedio, donde ni siquiera la visceral e irónica ficción de un Oliver Stone o un Tarantino podrían tomar asiento en pos de simbolizarla.

España está cerrando sus fronteras a los ciudadanos colombianos que los medios políticos ultraviolentos, los irregulares niveles de educación superior o la baja oferta laboral interna han obligado a salir del país. Se trata de la descarnada cotidianidad que la guerra y el armamentismo interno (los mismos que económica e ideológicamente apoya Aznar a través del Plan Colombia) han masificado a lo largo y ancho de toda este nación, votada por la clase media, protestada por la clase pobre y saqueada por la clase dominante.

Necesariamente -y ni siquiera generalmente- no se trata de cerrarle el paso al país de "traficantes de drogas", al que hizo alusión el periodista Fernando Jáuregui (Desayunos de Radiotelevisión Española), quien debería guardar ayuno frente al tema o evitar pensar con las neuronas de un croissant. Al sugerir que a los nacidos en Colombia no se les podría llamar inmigrantes por tener como marco referencial el tipo de colombiano que se encuentra en las cárceles españolas, Jáuregui dió pie a otras conjeturas y contrarespuestas igualmente irresponsables, dentro de las cuales cabe la absurda teoría de que la totalidad de un país merece ser juzgado por el tipo de detención legal del que son protagonistas algunos de sus ciudadanos.

En ese sentido, ¿son todos los jóvenes norteamericanos unos asesinos en serie como el pequeño Andy Williams, disparando contra sus compañeritos de escuela? o, acaso, ¿todos los chilenos se encuentran comprometidos en la desaparición forzosa de ciudadanos extranjeros, entre ellos, muchos españoles?

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