Por Chucky García

Chucky García es editor de Arte y entretenimiento de la Comunidad virtual
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Página II

Para empezar, el grosso éxito del nacrotráfico -de Colombia o de cualquier otro país- no depende de las ilegales encomiendas personales, representadas en los gramos que una "mula" lleva dentro de su estómago en trayectos como Bogotá-Frankfurt-Barcelona. Los carteles de las drogas necesitan de grandes embarques de estupefacientes para poder cumplir con la demanda de sus redes, y al igual que pasa con Estados Unidos, dichos cargamentos (cientos o millares de kilos) necesitan de la complicidad de las mismas autoridades del país de llegada, antes que de una maleta doble fondo de algún traficante neófito.

Las redes de prostitución, robo y tráfico radicadas en Europa, que cuentan con la militancia vigente de ciudadanos colombianos, tampoco son las verdades absolutas de aquella "nación a escala" que en el plano europeo, oriental o norteamericano se ha construido sobre Colombia. Si bien es cierto que esta polémica maqueta no apareció por generación espontánea y que en ella los propios nacionales han trabajado de arquitectos gracias a sus desdeñosos o infractores comportamientos, también lo es que ni siquiera se constituye en una réplica exacta del comportamiento civil de los masivos grupos de colombianos radicados en el exterior, como en el caso de los más de 150.000 que viven en España.

Los toros (y la guerra) desde la barrera

Intelectuales colombianos como Gabriel García Márquez, Fernando Vallejo y Álvaro Mutis (quien posee el título de "Hijo Adoptivo de la Ciudad" de Cádiz) han rechazado la medida ante el ministro de Asuntos Exteriores, Joseph Piqué, replicando su misiva al propio José María Aznar. Aún ante su queja -valga la rebundancia-, el visado afectará principalmente a aquellos nacionales del común que arriesgan su mediano capital económico y su estabilidad familiar para afrontar una "nueva vida" en España, con los altos costos de transporte, alimentación y vivienda que esto implica.

De los que aún no se conoce ningún tipo de opinión es de aquellos intelectuales españoles que han encontrado en Colombia el canal ideal para desarrollar un altruismo comercial que promueva paralelamente sus producciones culturales o artísticas de temporada, trátese de escritores o intérpretes de música contemporánea popular.

Un silencio cómplice como el del propio Piqué, que no por dar la razón a García Márquez y Mutis podrá transar el masivo incorformismo interno de quienes han visto cómo las reglas de juego en este internacional proceso pacifista cambian cada vez que las cámaras de las agencias de noticias se retiran de las mesas de diálogo o los corredores de lobby: El fashion político queda fuera del aire para dar paso a una comedia de contradicciones y expectativas de poca monta.

'Plan Colombia'

Resulta irónico que, apenas unos días atrás, el propio Javier Solana, alto representante de la Política Exterior y de Seguridad Común de la Unión Europea y secretario general del Consejo, hubiera opinado, ante un medio impreso local, que el país "está atravesando por un momento difícil, y los amigos de Colombia, entre los cuales me encuentro, queremos ayudar".

Si a eso llama ayuda (el visado español para los colombianos fue presionado por la Comunidad Europea), Solana y su equipo de trabajo podrían al menos mostrar un poco más de vergüenza al indicar otras anécdotas de su farsa proteccionista, dentro de la cual ni siquiera han podido maquillar o esconder sus proyectos bélicos: "Todos en la comunidad internacional tienen el mismo deseo de ayudar hacia el mismo objetivo que es la paz, que es la erradicación del narcotráfico, y que Colombia pueda tener la estabilidad que se merece y por lo tanto el desarrollo económico y la prosperidad que también se merecen los ciudadanos".

España, como casi toda la Comunidad Europea, pertenece al grupo principal de países que apoyan el Plan Colombia y tiene un puesto de debate dentro de la zona de despeje (un enclave de la política de la ultraviolencia), representado por este segundo. Sin ir al punto mismo de la barbarie del descubrimiento, también cabe recordar que el sistema social colombiano heredó del gobierno español parte de los vicios políticos y económicos que desde los períodos de la Conquista y la Colonia han desestabilizado a la nación para enfrentarla a sí misma y evitar su normal establecimiento.

Un referente frente al cual, por lógica, España no tiene ningún compromiso político actual, pero que indica que los compromisos morales con la historia son fácilmente eludibles en la medida en que el ausentismo y el escapismo diplomáticos de un país de primer orden se trasponen a los trámites burocráticos del éxodos de un país del Tercer Mundo.

Muchos colombianos permanecerán en el ruedo de este proceso pacifista retrógrado, mientras el gobierno de Aznar se decida a ver la corrida desde la barrera, vitoreando olés por un país que sigue confiando ciegamente en la romántica idea de la hermandad.



[ De los que aún no se conoce ningún tipo de opinión es de aquellos intelectuales españoles que han encontrado en Colombia el canal ideal para desarrollar un altruismo comercial que promueva paralelamente sus producciones culturales .]