Por Alejandro Agostinelli

A. A es periodista especializado en ciencia popular, ovnis, fenómenos paranormales, nuevos cultos y cultura digital, fue Secretario de Redacción de la revista de divulgación científica 'Descubrir' y asesor editorial de 'El Ojo Escéptico'. Actualmente planifica 'Dios!',
un web site dedicado a creencias comporáneas.

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Objetos Digitales No Identificados
La web autoconciente y otras pesadillas de la era digital
08-05-01

Los gurúes de la cibercultura no incitan suicidios colectivos. Pero, cuando hablan del futuro de la web, suenan casi tan apocalípticos como Marshall Applewhitte, el monje cibernético de Puerta del Cielo. Algunos creen en la reencarnación virtual y otros se dejan estremecer por la misma pesadilla: la web autoconsciente. Por ahora, internet apenas ofrece experiencias en tiempo real para interactuar con ciertos fenómenos extraordinarios.

No es un hallazgo sorprendente: la red es el jardín de las delicias y sigue en ebullición. Pero las ideas de quienes están pensando el futuro digital se tornan cada vez más esotéricas. Lo terrible del caso es que la magia que pregonan puede ser real. Los ejemplos extremos no dejan lugar a dudas. Es fácil no comulgar con los 39 monjes cibernéticos que, en 1997, se inmolaron en masa con la esperanza de que su alma ascendiera a la nave que -creían- escoltaba al cometa Hale-Bopp. Hacía falta estar imbuído en la atmósfera del grupo para aceptar el extraño sistema de creencias del gurú, Marshall Applewhitte.

Cuesta más, en cambio, sospechar de la seriedad de Derrick de Kerckhove, discípulo de otro Marshall, pero de apellido McLuhan. ¿Qué McLuhan? El analista de los medios masivos que en la década del '60 -en libros como 'La Aldea Global 'o 'La Galaxia Gutemberg'- vaticinó la revolución comunicacional que ahora vive la clase social que, para pertenecer, paga sin chistar 19,90 pesos la tarifa con acceso full.

Seremos software

Los gurúes de Ciberdelia no incitan suicidios colectivos. Pero cuando hablan del futuro de la web suenan casi tan apocalípticos como Applewhitte. En su libro 'La piel de la cultura' (Gedisa, 1999), De Kerckhove afirma que internet podría ser el embrión de "una mente colectiva que irrumpirá súbitamente cuando cualquier sistema dinámico e interconectado alcance cierto nivel de complejidad". Seguramente, nadie se animará a preguntarle a De Kerckhove -director del Programa McLuhan de Cultura y Tecnología en la Universidad de Toronto- si la afirmación no estuvo precedida de un viaje lisérgico.

Tampoco se cuestiona la seriedad de ciertas afirmaciones de Erik Davis, autor de 'Techgnosis: Myth, Magic and Mysticism in the Age of Information' (Harmony Books, 1998), un alucinante análisis de las relaciones entre las nuevas tecnologías y la espiritualidad humana. A Davis, por ejemplo, no le parece insensato suponer que "internet puede estar incubando su propia conciencia". En el siglo de la tecnología digital, debe haber pocas sentencias tan ocultistas.

Este delirio desenfrenado también puede ganar terreno porque tal vez es demasiado temprano para ser realistas: ciertos gurúes de la cibercultura pretenden estar saltando un cerco y en verdad nadie sabe qué hay del otro lado. A su (virtual) objeto de estudio, a falta de mejor nombre, se le podría llamar ODNIs: Objetos Digitales No Identificados. Los incrédulos, si los hubiere, deben tener miedo a meter la pata: son como ateos que, antes del suspiro final, deciden no blasfemar.

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[ Ciertos gurúes de la cibercultura pretenden estar saltando un cerco y en verdad nadie sabe qué hay del otro lado. A su (virtual) objeto de estudio, a falta de mejor nombre, se le podría llamar ODNIs: Objetos Digitales No Identificados. ]