Por Chucky García

Chucky García es director de la agencia Press Riot y colaborador de Bitniks

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Página II

George W. Bush bien sabe que Ronald McDonald ya no necesita cabalgar por aquellos campos, así como sus dos hijas, Jenna y Barbara, bien saben que la ley se hizo para violarla y que las reestricciones americanas de alcohol para menores de 21 años sólo las cumplen los ñoños o los adolescentes que prefieren invertir su dinero en las tarjetas de colección de Pokémon o en armas para asesinar a sus compañeros de escuela.

Los anti-Bush

Viniendo de un padre alcohólico y de un abuelo con acciones en el Safari Club International (asociación de cazadores que aniquiló unos 30 mil leones en África), las gemelas 'Budweiser' son el reflejo de un estado que en sus giras oficiales en el exterior no se sonroja al referirse a su pulcritud, rectitud y moral; pero que internamente, en vista de creerse lo anterior, necesita del escarnio público e incluso del autoflagelo para sentirse vivo y no anónimo, como aquellos obesos idealistas que tan sólo mueven su culo del comedor para arrojar huevos duros a la controvertida globalización.

Desde Texas hasta la Casa Blanca, los Bush, como 'Los Simpsons', han permanecido unidos en torno al calor del santo trial de su conciecia patriótica (un televisor, una BigMac y una 'six pack' de cervezas Duff), observando en directo las casi 160 ejecuciones que George W. ha firmado de su puño y letra.

Sillas eléctricas e inyecciones letales transmitidas de Costa a Costa, que por encima de la justicia tienen más relación con la lógica 'gore' del entretenimiento que lidera el Tío Sam, como los Huevos de Pascua, las subastas necrofílicas de Elvis y los discos de la momificada -pero aún viva- Barbara Streisand.

Familia que bebe unida gobierna unida, olvida sus culpas y convierte a sus vecinos en las amenazas públicas de su estabilidad emocional, social y económica. Como Kioto, los anti-Bush sólo son la resaca de Jenna y Bárbara, dolor de cabeza de un sólo día que quedará relegado por una nueva borrachera.
 


[ Familia que bebe unida gobierna unida, olvida sus culpas y convierte a sus vecinos en las amenazas públicas de su estabilidad emocional, social y económica.]