Esto NO es Holywood
En cuestiones de violencia la realidad supera a la ficción

Elataque terrorista contra EEUU no sólo revalidóla idea que en cuestiones de violencia la realidad supera a la ficción,sino que nos reencontró con un Hollywood profético al que,desgraciadamente y en contra de la lógica, tendremos que mirar deotra forma.

No he podido dormir. Los aviones kamikaze no solole robaron el sueño a Nueva York y al mundo Occidental. Aunque enEl Clot, en la Barcelona promedio, todo está tan tranquilo como siemprey en la calle sólo se siente el movimiento de algunas banderas catalanasque se resignan a bajar de los balcones de los edificios (con motivo dela Diada), en mi cabeza hay una maqueta a escala de las ya desaparecidasTwin Towers, donde en vez de emblemas de tela ondean humanos desahuciadosque luego caen entre la humareda y las llamas.

Unas horas antes de este sismo provocado, habíaplaneado entregar a Bitniks.es un artículo sobre las paterasmodernas de la inmigración aquellas aerolíneas que vuelanentre Europa y Sudamérica y se lucran de los sistemas de deportación;y otro sobre la crisis de, valga la contradicción, los buenos villanosen el séptimo arte. La palpable carencia de personajes sin escrúpulosque llenen las salas de proyección con sus ingeniosos "planespara conquistar el mundo", en otras palabras, como sí los huboanteriormente en las películas que iniciaron las clásicassagas de acción.

Steven Spielberg

El referente actual que considero más cercano alo anterior, de hecho y aunque no pertenece exactamente al mundo de la granpantalla, es un ratón con voz de orador público que se hacellamar Cerebro, dentro de la serie animada de televisión Pinky&TheBrain que Steven Spielberg creó para la Warner Bros. La dominaciónmundial que pretende este pequeño roedor con cabeza prominente amanera de turbante es, sin duda, más entretenida que las lánguidasescaramuzas maquiavélicas de los ex comunistas zafados que pululanen cintas recientes del género como Misión Imposible.

Finalmente, el cataclismo que ya se conoce como el "NuevoPearl Harbor" terminó por sobreponerse a las dos temáticasanteriores, como si se tratara de una broma de mal gusto: fusiónde Maquiavelos de verdad y aviones sin inmigrantes (sólo llenos devíctimas fatales), me ha hecho saltar desde la cama hasta el ordenadorpara advertirle a todos los que nunca hemos, por simple lógica, tomadoen serio las paranoicas profecías de Hollywood, que la historia delséptimo arte también ha cambiado.

Infierno en la Torre

No dudo que el insomnio le haga perder los cabales a cualquieray tampoco que un artículo como este sea tan importante como los queahora advierten sobre advenimiento de una Tercera Guerra Mundial. Pero,en caso de que todos conservemos nuestras vidas y las salas de cine no sufranatentados como el Pentágono, será lo suficientemente inquietantepara todos aquellos que año tras año nos refugiamos en laficción del cine, porque nuestra mirada cinéfila cambiará,de seguro, y ya no estaremos tan sonrientes ni a gusto: La diversiónde ver cómo se atenta contra el orden mundial será posiblementecomo invocar una pesadilla, una donde en vez de palomitas comeremos uñas.

Como si se tratara de un Dèjá Vu,pero a la inversa, sentiremos que lo que Hollywood nos vende como cinede catástrofe por más extremo e ilógico que nosparezca, podrá ser reconstruido luego en nuestros nichos occidentales.No por ende, Estados Unidos ha vivido, por segunda vez pero ahora sin trucosdigitales, la destrucción de sus símbolos patrios por partede una fuerza de terroristas invasores, como algún día e indirectamentelo planteo la aparatosa y despreciable cinta Día de la Independencia

Y aunque no fueron alienígenas sino terrícolaslos que destruyeron, en unos cuantos minutos, la emblemática NuevaYork del siglo XX, la espectacularidad fue la misma, con la cruel y paradójicadiferencia que entre las páginas de la prensa no se mostraban lascríticas de los periodistas indignados sino las fotos de personasdestruidas por dentro y por fuera que corrían mientras oleadas deruinas les perseguían por Manhattan.

Detrás de ellos nadie había gritado "Acción!".Tampoco se trataba de extras. Solo personajes reales que se movíanentre situaciones dramáticas solo planteadas hasta ahora desde elplató del cine más alarmista y mediático del mundo,el de acción de Hollywood, del que millones de personas hicieronuna completa retrospectiva mental mientras veían en directo las imágenesque sobre la llamada "Capital de Mundo" transmitieron las cadenasde noticias como CNN.

Porque nadie que haya querido buscar referentes similaresa lo que hemos visto principalmente desde Nueva York puede negar que noha pensado en otra cosa que aquellas historias inverosímiles peromuy bien montadas- donde los Charles Bronson, los Bruce Willis o Mel Gibsonescapan de una forma aún más inverosímil- de avionesque se estrellan contra los edificios de las grandes corporaciones norteamericanas,o en los grandes colapsos causados por los marcianos, las fallas sísmicasy todas las demás historias fatalistas a las que hemos asistido conla convicción de que no son más que fantasías.

Pero la realidad ha vencido lo fantasioso, la ficcióndigital y la ridiculez misma para demostrarnos que ya no hay ilesos ni algúnGibson escapando en el paracaídas del mismo avión que se haestrellado contra el edificio de sus jefes. Solo una bofetada siniestraque nos hace pensar qué tan en serio debemos tomar toda esta imagineríacinematográfica sobre los "planes para conquistar el mundo",como aquella del Club de la lucha donde un ejecutivo promedio conun problema de doble personalidad termina por derrumbar las edificacionesque simbolizan el poder económico del hoy enfadado Tío Sam.

Marilyn Manson

Y así como muchas madres culpan a Marilyn Mansonde los suicidios de sus hijos y le persiguen ciudad tras ciudad intentandodetener sus actuaciones, muchos otros lo harán mañana conrelación a las productoras de cine que promueven este tipo de películas,principalmente porque la experiencia nos demuestra que la censura y la recriminaciónsiempre terminan por imponerse sobre el mesianismo innato de las formasartísticas de expresión.

Es posible, también y en caso de darse aquel tipode debate moral que tanto gustan a los estadounidenses, que dentro de lasproductoras haya quién se cuestione sobre "qué hemoshecho mal", aunque finalmente, y también como lo demuestra laexperiencia, la reputación de la industria del entretenimiento ydel cine quede tan limpia como siempre, como quizás lo estéla misma ciudad de Nueva York en los días venideros.

Día de la Independencia

Mas como las ruinas siempre dejan rastro, lo que no sepodrá ocultar es que la mirada que hasta la mañana del martes11 de septiembre se tenía sobre la Gran Manzana ha cambiado hastapara la historia misma del séptimo arte. Una sensación quequizás solo está infundada en la involuntaria supresióndel sueño de la que he sido víctima, pero que me ha hechoperder como de seguro a muchos otros cinéfilos- la confianza sobreaquella impresión clásica de que el cine era el comienzo yel fin de las catástrofes más temidas: El único escenarioposible donde dos aviones secuestrados por varios suicidas y repletos depasajeros en pánico, chocarían contra los rascacielos a manerade un festejo pirotécnico a lo 4 de julio.

Vendrán más horas de insomnio.