Por Chucky García


Chucky García es director de la agencia Press Riot y colaborador de Bitniks

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  La herencia de Escobar Pag. 2 de 4

De estos últimos, principalmente de los colombianos, se podría decir que aprendieron de él su capacidad para poner en jaque al Estado mediante los secuestros y los atentados dinamiteros (para Escobar, la dinamita era "la energía nuclear de los pobres"); así como su capacidad para hacer de los kilos de coca un sistema de cambio casi universal: kilos de coca por kilos de armas de largo alcance, kilos de coca por terroristas urbanos internacionales, kilos de coca por kilos de víveres y municiones.

De hecho, los cultivos ilícitos y la producción de cocaína le han representado a las guerrillas de Colombia (principalmente a las Farc-Ep, que controlan más del 40% de los cultivos ilícitos del país) un crecimiento militar y económico del 30% al 50%, en un tiempo récord. Los grupos paramilitares de esta golpeada región también se han beneficiado de la misma forma (en menor porcentaje), hecho que sumado al anterior nos da un resultado nada distante al de los narco ejércitos que en vida controló Escobar, reclutando jóvenes marginados entre los 12 y los 18 años, sin otra posibilidad de ingresos económicos diferente a la que les podía representar el ser pistoleros (sicarios).

Fútbol y cocaína

Del sicariato como del deporte, Pablo Escobar fue uno de sus mayores inversionistas, pero no su tutor o patrocinador de raíz. Cierto es que gracias a las canchas de fútbol que él mismo construyó en los barrios marginados de Medellín y Envigado fichó a las principales figuras de este género delictivo y que en muchos casos los motivó a asesinar policías premiándoles hasta con 50 dólares USA (de hoy) por la cabeza de cada uno de ellos.

Sin embargo, cuando el controvertido personaje decidió librar abiertamente su narco terrorismo contra el Estado colombiano y no camuflar más sus operaciones con toneladas de cocaína (la mayoría de ellas en Estados Unidos y Europa, desde Colombia y a través de México y otros países de Centro América) la corrupción política, policial y el tráfico de sustancias ilícitas eran tolerados, mucho tiempo atrás, tanto por la sociedad y el gobierno colombianos, así como por la comunidad internacional, encabezada por Estados Unidos.

La valija de Henry Kissinger

Después de ser expulsado por sus honorables colegas de partido político, en 1983, Escobar, comenzó a exterminar a todos los que lo denunciaron públicamente, siguiendo no sólo su modalidad de acallar testigos (como la justicia colombiana le permitió hacerlo en la década anterior cuando se desempeñaba como jalador , ladrón de automóviles), sino que también utilizó otras plataformas de violencia y corrupción que ya estaban montadas, como las escuelas de sicarios (iniciadas por un terrorista de origen extranjero entre 1983 y 1986) y el Congreso de la República de Colombia (donde aún tras su expulsión mantuvo su influencia).

El primer referente que se tuvo en Colombia y Estados Unidos sobre las posibles repercusiones que tendría el negocio de las drogas en el siglo XX tuvo como protagonista a un cubano nacionalizado en este último país. El hombre, jefe de la DEA en el año de este hecho (1976), fue asesinado en Bogotá mientras se ponía en contacto con los pioneros de la mafia en Colombia (en aquel entonces traficantes de marihuana, alucinógeno que popularmente era conocida como marimba). Algunos investigadores independientes del caso aseguran que fue la misma agencia antinarcóticos estadounidense la responsable de su desaparición forzosa.

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[ Pablo Escobar consideraba que la dinamita era "la energía nuclear de los pobres" ]
 

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