Por Chucky García


Chucky García es director de la agencia Press Riot y colaborador de Bitniks

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  La herencia de Escobar Pag. 4 de 4

Mientras esto sucede y los mercenarios norteamericanos (léase instructores militares, según el Plan) llevan a cabo todas las demás áreas asignadas otorgándose todo el protagonismo en los medios y la atención de la comunidad internacional, otras nuevas generaciones de narcotraficantes y sus aliados en el mundo (entre los que se cuentan grupos de delincuencia común, tráfico de armas y trata de blancas de zonas como Japón, antigua Unión Soviética y España) procurarán mantener su perfil bajo y su discreción. Eso les permitirá no sólo ser menos identificables para las autoridades sino, en caso de necesitarlo, reagrupar parte de las organizaciones de sicarios que a pesar de su desbandada y su sangrienta pugna por el poder tras la muerte de Escobar, aún sobreviven.

Los mexicanos, por encima de los colombianos, parecen los únicos que siguen operando a la antigua. A favor de la nueva imagen de los primeros, tenemos los resultados de sus últimos movimientos dentro y fuera de su país de origen: en vez de utilizar las otrora empresas de fachada que usaron Pablito y sus similares (equipos de fútbol, cadenas de radio, casas de cambio o farmacias) lavan su dinero en bancos internacionales. En vez de enfrentarse a muerte con la justicia colombiana y norteamericana como alguna vez lo hicieron Escobar y compañía a través de su organización Los Extraditables (cuyo lema era "Preferimos una tumba en Colombia que una cárcel en los Estados Unidos") negocian directamente con la CIA y la DEA, no sólo sus expedientes y redes de distribución sino hasta los mismos cargamentos.

El entierro de un país

Finalmente, también dejaron atrás las guerras entre carteles, que en Colombia y sólo en los años 90, dejaron más de un millar de muertos. De éstas, que en su momento sirvieron de referente para que los gobiernos de Colombia y Estados Unidos planearan el cerco y ejecución de El Patrón, también se puede asegurar que ahora se libran en otros países del mundo, tal como se vio en España durante el último verano.

Veinticinco años después de que Escobar sufriera las primeras dos detenciones de su carrera delictiva (de las cuales quedó una foto donde el retenido sonríe abiertamente mientras de su cuello cuelga una placa numerada), contra todo pronóstico se podría aseverar que ni el establecimiento total de toda esta camada de diplomáticos y tolerantes narcotraficantes podría generar una economía, una política, una sociedad o una cultura como la generada por el Capo de capos del Cartel de Medellín, a cuya tumba no sólo fue a dar su tiroteado cuerpo (presumiblemente herido primero y ejecutado después de dos balas en la cabeza) sino la estabilidad de un país de casi 40 millones de habitantes, Colombia, y otra prueba de la incompetencia de Estados Unidos para afrontar este tipo de situaciones.

Películas sobre Escobar

Por ende, se necesitarán muchos años no sólo para reconstruir esta nación (si algo se puede reconstruir ahora en esta nueva y vertiginosa caída llamada Proceso de paz), sino para generar una imagen completa de ese gran mapa de corrupción política, violencia y hasta religiosidad del que fue su Gran Capitán por mucho tiempo. Los nuevos lanzamientos editoriales sobre su vida (entre ellos Killing Pablo, de Mark Bowden, y La parábola de Pablo, de Alonso Salazar J.) nunca serán suficientes a la hora de evaluarle en aspectos privados y públicos, como tampoco lo serán -y no lo han sido- las películas que se estrenan sugiriendo su nombre (la ya presentada Blow, de Ted Demme, o la futura El ciudadano Escobar, que rodará el director colombiano Sergio Cabrera, famoso por caricaturizar y tergiversar la historia de su propio país).

Aquel hombre que copió parte de su estilo violento de los famosos gánsters de Chicago y llevó al gobierno de Estados Unidos a realizar una de sus más sucias guerras (que ahora muchos analistas políticos comparan con el cerco a Osama Bin Laden), podría ser tan sólo el chivo expiatorio que indica su propia madre, el mismo santo milagroso al que aluden algunas de las miles de personas que cada 2 de diciembre visitan su tumba en Colombia y el asesino de sangre fría al que, una vez abatido el mismo día de su cumpleaños número 44, algunos miembros del Bloque de Búsqueda le cortaron la punta de los bigotes como trofeo de caza.

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[ El film Blow interpretado por Penélope Cruz retrata a los primeros narcotraficantes colombianos ]
 

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