Impreso de http://www.bitniks.es
2001 Editorial Cibertextos
email: bitniks@sarenet.es

La herencia de Escobar
Nuevas y viejas historias sobre el tráfico de cocaína

Bogotá [14-12-01]
Su figura es sólo comparable con la de Osama Bin Laden. En losaños 80 fue uno de los diez hombres más ricos del mundo yen los 70 un delincuente menor con una única visión: convertirse,antes de su muerte, en el narco más importante del siglo XX. PabloEscobar lo consiguió con terror y corrupción. Ocho añosdespués de ser abatido, sin embargo, son los grupos guerrillerosquienes lo suceden. La comunidad internacional, de nuevo, sólo observa.

En el 2002 se cumplirán 20 años desde que Pablo EmilioEscobar Gaviria asistió a la posesión de Felipe Gonzálezcomo presidente del gobierno español. Escobar, parlamentario colombianoen aquel entonces, fue invitado por el Partido Socialista Obrero Española la ceremonia antes descrita, en otro de los hechos que corroboran sutítulo como el capo de la mafia que mayor trascendencia política,social, económica, judicial, cultural y hasta deportiva tuvo enel siglo XX.

Cultivos y sicarios

Crecido en un barrio popular que irónicamente se conoce comoLa Paz, fue huésped de muchas potencias mundiales incluyendoEstados Unidos, cuya policía secreta y agencia antinarcóticosmontó una oscura guerra secreta para aniquilarlo. El Patrón,como de forma emblemática le recuerdan hoy docenas de cancionesque en países como Colombia y México graban numerosos gruposde música norteña y metal (entre ellos Brujería),se fotografió frente a la Casa Blanca (también en 1982), encompañía de su hijo y algunos de sus lugartenientes.

Ellos, fieles a su imperio de terror y particular altruismo, de bombaspara los ricos y viviendas para los pobres (con un balance de un millarde víctimas fatales y un millar de casas construidas) lo siguen acompañando en el cementerio donde reposa su cuerpo. Hace ocho años,un 2 de diciembre de 1993 para ser más exactos, el gran jefe delCartel de Medellín, El Patrón o Pablito, comolo recuerdan sus admiradores más acérrimos (muchos de ellosaún residentes del barrio Pablo Escobar de Medellín), fueabatido por un comando especial de policías en un operativo medianamenteimprovisado.

La captura

Un extra del diario El Tiempo (el más importante de Colombia),puesto en circulación horas después y en medio de una celebraciónnacional similar a la de los logros futbolísticos de la hoy eliminadaselección de Colombia, dio detalle de lo sucedido: "Porfin cayó Pablo Escobar Gaviria. Esta vez de forma definitiva. Enun operativo a las 2:51 de la tarde, 17 integrantes del Bloque de Búsquedale dieron de baja, junto a su guardaespaldas, apodado El Limón.Fue en una casa de la calle 79 número 45D-94, del sector de LasAméricas al occidente de Medellín... No hubo informantes. Nadie obtuvo los 5.000 millones de pesos de recompensa...".

Sin embargo, nada ha cambiado tras su muerte en la relación entrela comunidad internacional y el narcotráfico. Ni la forma de erradicarsu oferta y su consumo, ni la forma en que se busca contrarrestar el margende corrupción que imponen sus redes. La figura de Escobar con sufama, leyenda, violencia y riqueza (que a finales de los 80 lo llevóa ser considerado uno de los más ricos del mundo, según la revista Forbes)ha sido reemplazada por una nueva generación de narcotraficantesde perfil menos radical y un mayor grado de educación, asícomo por los grupos terroristas o alzados en armas.

De estos últimos, principalmente de los colombianos, se podríadecir que aprendieron de él su capacidad para poner en jaque al Estadomediante los secuestros y los atentados dinamiteros (para Escobar, la dinamitaera "la energía nuclear de los pobres"); así comosu capacidad para hacer de los kilos de coca un sistema de cambio casiuniversal: kilos de coca por kilos de armas de largo alcance, kilos de cocapor terroristas urbanos internacionales, kilos de coca por kilos de víveresy municiones.

De hecho, los cultivos ilícitos y la producción de cocaínale han representado a las guerrillas de Colombia (principalmente a lasFarc-Ep, que controlan más del 40% de los cultivos ilícitosdel país) un crecimiento militar y económico del 30% al 50%,en un tiempo récord. Los grupos paramilitares de esta golpeada regióntambién se han beneficiado de la misma forma (en menor porcentaje),hecho que sumado al anterior nos da un resultado nada distante al de losnarco ejércitos que en vida controló Escobar, reclutando jóvenesmarginados entre los 12 y los 18 años, sin otra posibilidad de ingresos económicos diferente a la que les podía representar el serpistoleros (sicarios).

Fútbol y cocaína

Del sicariato como del deporte, Pablo Escobar fue uno de susmayores inversionistas, pero no su tutor o patrocinador de raíz.Cierto es que gracias a las canchas de fútbol que él mismoconstruyó en los barrios marginados de Medellín y Envigadofichó a las principales figuras de este género delictivo yque en muchos casos los motivó a asesinar policías premiándoles hasta con 50 dólares USA (de hoy) por la cabeza de cada uno de ellos.

Sin embargo, cuando el controvertido personaje decidió librarabiertamente su narco terrorismo contra el Estado colombiano y nocamuflar más sus operaciones con toneladas de cocaína (lamayoría de ellas en Estados Unidos y Europa, desde Colombia y através de México y otros países de Centro América)la corrupción política, policial y el tráfico de sustanciasilícitas eran tolerados, mucho tiempo atrás, tanto por lasociedad y el gobierno colombianos, así como por la comunidad internacional,encabezada por Estados Unidos.

La valija de Henry Kissinger

Después de ser expulsado por sus honorables colegas de partido político, en 1983, Escobar, comenzó a exterminara todos los que lo denunciaron públicamente, siguiendo no sólosu modalidad de acallar testigos (como la justicia colombiana le permitióhacerlo en la década anterior cuando se desempeñaba comojalador , ladrón de automóviles), sino que tambiénutilizó otras plataformas de violencia y corrupción que yaestaban montadas, como las escuelas de sicarios (iniciadas por un terroristade origen extranjero entre 1983 y 1986) y el Congreso de la Repúblicade Colombia (donde aún tras su expulsión mantuvo su influencia).

El primer referente que se tuvo en Colombia y Estados Unidos sobre lasposibles repercusiones que tendría el negocio de las drogas en elsiglo XX tuvo como protagonista a un cubano nacionalizado en este últimopaís. El hombre, jefe de la DEA en el año de este hecho (1976),fue asesinado en Bogotá mientras se ponía en contacto conlos pioneros de la mafia en Colombia (en aquel entonces traficantes demarihuana, alucinógeno que popularmente era conocida como marimba).Algunos investigadores independientes del caso aseguran que fue la mismaagencia antinarcóticos estadounidense la responsable de su desapariciónforzosa.

Hacia 1976, de igual modo, pero con la visita de Henry Kissinger al paísdel realismo mágico, el tráfico de narcóticos entreestas dos naciones entró a formar parte de los requerimientos dela CIA hacia su organismo homólogo en Colombia. Kissinger traíaen su valija diplomática un paquete de expedientes con los nombresde los primeros padres del narcotráfico en Colombia.

Sin embargo, esto no trascendió entre la clase dirigente y militar, directamente asociada (como inversionista o encubridora) de aquella Bonanza Marimbera que solicitaba desarticular el gobierno norteamericano. Enese país, paralelamente, los consumidores de marihuana aumentabansus pagos por las dosis procedentes de Colombia (principalmente por lavariedad conocida como punto rojo).

Antecedentes

Se cree que las primeras semillas de marihuana y los primeros laboratoriosde cocaína que existieron en Colombia (al igual que en Bolivia, de donde algunos narcos colombianos copiaron el modelo de cultivo y procesamiento)fueron traídas al país primero por ciudadanos estadounidensesy luego por algunos europeos entre el último lustro de la décadade los sesenta y el primero de los setenta (cuando el joven Pablo Escobaroficiaba, según cuentan, como carterista en eventos públicosy comerciante de lápidas).

Anterior a esta época, muchas tribus indígenas de Colombiaya cultivaban la mata de coca siguiendo algunas tradiciones médicasde sus ancestros, pero nada igualaría, posteriormente, lo que conllevósu cultivo moderno en el país: cientos de hectáreas camufladasentre las múltiples zonas selváticas del sur y del oriente, vigiladas por pequeños grupos armados (con el tiempo reemplazadospor los grandes grupos guerrilleros y paramilitares) y acompañadasde pistas clandestinas por donde partían y llegaban flotillas deaviones pequeños, pilotados por colombianos, peruanos, bolivianoso norteamericanos. Ese fue el marco en el que Pablo Escobar comenzóa amasar, casi dos décadas después, los más de tresmil millones de dólares de su fortuna.

Narco aeropuertos

Actualmente ya no quedan muchos narco aeropuertos como esos enColombia. Sistemáticamente han sido destruidos por los militaresy policías colombianos en los últimos años, tanto comolos laboratorios independientes de procesamiento. Al no quedar avionestransportadores de cocaína por destruir, pistas por bombardear opequeños grupos armados de vigilancia por atacar, son otros losintereses a erradicar por parte del Estado colombiano, del que no se puedehablar, en esto de la guerra contra el narcotráfico, sin su similar estadounidense.

El objetivo final del llamado Plan Colombia, que en el 2002 podríallegar al tope de los 250 millones de dólares, los resume a la perfección:acabar con la guerrilla más antigua del mundo (Farc-Ep) y erradicar el mayor número de cultivos ilícitos de este país,en su mayoría protegidos por el mismo grupo armado (lo que popularmentese describiría como matar dos pájaros de un tiro).

Mientras esto sucede y los mercenarios norteamericanos (léaseinstructores militares, según el Plan) llevan a cabo todas las demásáreas asignadas otorgándose todo el protagonismo en los mediosy la atención de la comunidad internacional, otras nuevas generacionesde narcotraficantes y sus aliados en el mundo (entre los que se cuentangrupos de delincuencia común, tráfico de armas y trata deblancas de zonas como Japón, antigua Unión Soviéticay España) procurarán mantener su perfil bajo y su discreción.Eso les permitirá no sólo ser menos identificables para lasautoridades sino, en caso de necesitarlo, reagrupar parte de las organizacionesde sicarios que a pesar de su desbandada y su sangrienta pugna por el podertras la muerte de Escobar, aún sobreviven.

Los mexicanos, por encima de los colombianos, parecen los únicosque siguen operando a la antigua. A favor de la nueva imagen de los primeros,tenemos los resultados de sus últimos movimientos dentro y fuerade su país de origen: en vez de utilizar las otrora empresas defachada que usaron Pablito y sus similares (equipos de fútbol,cadenas de radio, casas de cambio o farmacias) lavan su dinero en bancosinternacionales. En vez de enfrentarse a muerte con la justicia colombianay norteamericana como alguna vez lo hicieron Escobar y compañíaa través de su organización Los Extraditables (cuyolema era "Preferimos una tumba en Colombia que una cárcel enlos Estados Unidos") negocian directamente con la CIA y la DEA, nosólo sus expedientes y redes de distribución sino hasta losmismos cargamentos.

El entierro de un país

Finalmente, también dejaron atrás las guerras entre carteles,que en Colombia y sólo en los años 90, dejaron másde un millar de muertos. De éstas, que en su momento sirvieron de referentepara que los gobiernos de Colombia y Estados Unidos planearan el cercoy ejecución de El Patrón, también se puedeasegurar que ahora se libran en otros países del mundo, tal comose vio en España durante el último verano.

Veinticinco años después de que Escobar sufriera las primerasdos detenciones de su carrera delictiva (de las cuales quedó unafoto donde el retenido sonríe abiertamente mientras de su cuellocuelga una placa numerada), contra todo pronóstico se podríaaseverar que ni el establecimiento total de toda esta camada de diplomáticosy tolerantes narcotraficantes podría generar una economía,una política, una sociedad o una cultura como la generada por elCapo de capos del Cartel de Medellín, a cuya tumba no sólofue a dar su tiroteado cuerpo (presumiblemente herido primero y ejecutadodespués de dos balas en la cabeza) sino la estabilidad de un paísde casi 40 millones de habitantes, Colombia, y otra prueba de la incompetenciade Estados Unidos para afrontar este tipo de situaciones.

Películas sobre Escobar

Por ende, se necesitarán muchos años no sólo parareconstruir esta nación (si algo se puede reconstruir ahora en estanueva y vertiginosa caída llamada Proceso de paz), sino para generaruna imagen completa de ese gran mapa de corrupción política,violencia y hasta religiosidad del que fue su Gran Capitánpor mucho tiempo. Los nuevos lanzamientos editoriales sobre su vida (entreellos Killing Pablo, de Mark Bowden, y La parábola de Pablo,de Alonso Salazar J.) nunca serán suficientes a la hora de evaluarle en aspectos privados y públicos, como tampoco lo serán -yno lo han sido- las películas que se estrenan sugiriendo su nombre(la ya presentada Blow, de Ted Demme, o la futura El ciudadanoEscobar, que rodará el director colombiano Sergio Cabrera, famosopor caricaturizar y tergiversar la historia de su propio país).

Aquel hombre que copió parte de su estilo violento de los famososgánsters de Chicago y llevó al gobierno de Estados Unidosa realizar una de sus más sucias guerras (que ahora muchos analistaspolíticos comparan con el cerco a Osama Bin Laden), podríaser tan sólo el chivo expiatorio que indica su propia madre, elmismo santo milagroso al que aluden algunas de las miles de personas que cada2 de diciembre visitan su tumba en Colombia y el asesino de sangre fríaal que, una vez abatido el mismo día de su cumpleaños número44, algunos miembros del Bloque de Búsqueda le cortaron la puntade los bigotes como trofeo de caza.