Por Jorge Alonso

J. Alonso Rodríguez es arquitecto especializado en Urbanismo (Universidad de Navarra) y trabaja en Londres para la firma Chapman Taylor

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El Bar flotante del Pompidou
La nueva dinámica de un museo de la era digital
(14-3-00)

La entrada en el siglo XXI del Centro Nacional de Arte y Cultura Georges Pompidou de París ha sido, cuando menos, impactante. Su reaparición en la escena artística europea era ya muy esperada tras varios años de rehabilitación interior y de reestructuación general (se acabó eso de que cualquier peatón anduviera subiendo y bajando por las escaleras panorámicas). Tras esta considerable obra el centro puede continuar siendo una cita imprenscindible en el circuito del arte contemporáneo mundial.

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Hace unas semanas que tuve la suerte de caer por París y lo primero que he de mencionar es que en el aire de la "rive gauche" se percibe algo menos la paranoia milenial que en la capital inglesa a pesar de que los parisinos también tienen su noria del 2000 que, si se me permite la expresión, es un poco más rancia. El museo Pompidou es siempre visita ineludible y en esta ocasión más si cabe debido a la reapertura de esa magnífica colección de Arte del siglo XX.

Además, actualmente cuenta con una subliminal muestra sobre la velocidad del tiempo y con una fantástica exposición retrospectiva de la obra de Renzo Piano que él mismo define como el circo de su vida, consecuencias aparte.

Pero hay algo más que muestra la nueva dinámica de un museo lanzado a la nueva era digital y que ya a principios de los 70 impresionó a los franceses y al mundo. El restaurante ubicado en la terraza es producto de un concurso en el que participaron diseñadores y arquitectos de la talla de Philipe Starck o Sylvain Dubuisson y que fue ganado por la pareja formada por la francesa Dominique Jakob y el neozelandés Brendan MacFarlane.

Fervientes aficionados

Dominique y Brendan son dos arquitectos que se conocieron cuando trabajaban en el estudio americano de Morphosis y a los que les unió, entre otras cosas, la pasión por viajar. Hoy en día viven y trabajan en un estudio blanco y amplio de París en el noveno "arrondissement" y provienen de haber vivido en lugares tan dispares como Africa, USA o Australia. Sus pasiones, como dicen, van más allá de la arquitectura y el arte hasta considerarse fervientes aficionados de todo aquello que tenga que ver con la ciencia y el cine.

Como a casi todos los arquitectos y diseñadores contemporáneos les fascina la tecnología 3-D. Todos sus proyectos implican el uso de este mágico instrumento y sin el ordenador, hoy en día, asumen que el proceso de diseño carecería de un componente imprescindible. Como Brenda explica en la revista holandesa Frame: "es una herramienta extraordinaria para investigar el proyecto desde cualquier ángulo posible". Así pues, el ordenador les permite modelar y remodelar ­hasta la deformación- el espacio arquitectónico.

El gran desafío llega con su diseño para el restaurante del Centro Pompidou, un proyecto basado en crear una sensación flotante en relación a la ciudad de París estableciendo una serie abstracta de volúmenes informes que siguen la trama racional de la estructura del museo de Richard Rogers y Renzo Piano. De hecho, el gérmen del proyecto es esa misma estructura ya existente y desde la cual, mediante deformaciones y exageraciones, se acomodan las distintas funciones del restaurante y se insinúan los espacios fluidos del proyecto de Jacob-MacFarlane.

Atractivo proyecto

Es un proyecto indudablemente audaz que cautivó al jurado del concurso y a los responsables de ensalzar el Beaubourg de Paris, tan especiales ellos, y que vieron como con estas técnicas digitales y con este proyecto del restaurante Pompidou se abrían las puertas del siglo venidero. Algo no muy diferente al día que presentaron su proyecto de museo los arquitectos Rogers-Piano. Es precisamente en el juego de masas informes y en su contraposición a las enormes vigas y conductos del propio edificio donde radica su mejor defensa y su belleza. La razón de los usos racionales frente a las abstractas geometrías líquidas. La contradicción de lo orgánico, lo racional y la ciudad de París; todo ello sin saber qué flota sobre qué.

La anécdota es que aunque el centro fue inaugurado en la fecha prevista, al llegar al restaurante vislumbré en la puerta que un pequeño cartel impropio anunciaba el retraso de dos meses en la apertura del restaurante. Al menos tenía la entrada del museo y algo pude intuir "nariz-en-cristal" pues con tanta reorganizacion museística milenial nuestros colegas franceses ya no permiten subir a cualquiera por ese genial tubo de escaleras que recorre la fachada principal y que, lo aseguro, permite flotar por la ciudad de París.

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Más información:

Centro de Arte Pompidou

Revista Frame

.Detalle Pompidou

 

 

"El restaurante

ubicado en la

terraza es

producto de

un concurso

en el que

participaron

diseñadores y

arquitectos"

 

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. Torre Eiffel

 

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