Por Ainara Martín

A. Martín es licenciada en Bellas Artes y realiza su tesis doctoral "El cuerpo tecnológico. Tras el género y las nuevas identidades virtuales".

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¿Arte o pornografía en la Red?
Transición hacia formatos informáticos
29-05-00

"La forma más pura de capitalismo es una sociedad de la información. Cuando los cuerpos se constituyen en información, pueden no sólo ser vendidos sino totalmente reconstituidos en respuesta a las presiones del mercado"

N. Katherine Hayles, 1993

Los discos compactos, geniales objetos de deseo que hacen ver el arco iris y llenos de un brillo embaucador, nunca, ni por lo más remoto, llegaron a ser tan prometedores como su capacidad de proporcionar experiencias pornográficas privadas mediante un ordenador personal y unos auriculares. Si la mayor parte de los medios pornográficos excepto vídeos y películas han sido placeres más bien solitarios y ahora, con la realidad virtual, también los ordenadores parecen estar embueltos por este aura individualista que hace especialmente irritante el sentirte observado por encima del hombro.

El cuerpo

Los placeres solitarios del consumo de pornografía informática se podrían ver como parte de la creciente "privatización" del cuerpo desde el siglo XV, cuando "En particular, el sujeto, como también el cuerpo, dejó de ser un espectáculo público, huyendo de la esfera pública, para constituirse en texto -como los diarios de Samuel Pepys-. La "alienación" de Marx se sentiría como en casa con la pornografía informática de Internet, que ha provocado un cierto grado de alarma social debido a la falta de contacto humano en el sexo virtual, de la misma forma que ocurre en la vida moderna en general. Sin embargo, nuestra cultura postindustrial no proporciona necesariamente ningún motivo nuevo para la alarma moral.

Los artistas han estado tratando emociones vitales de forma distante e indirecta desde antes de la existencia de la novela por entregas publicada en el seminario Househo1d Words, editado por Charles Dickens, y muchas relaciones tienen lugar ya a través de la voz virtual del teléfono. Tal como Ann- Sargent Wooster comenta, "la actual pretensión de interactividad de los artistas de vídeo forma parte de un desarrollo social más amplio de simulacros de intimidad aumentados mediante las máquinas".


Formatos informáticos

El control que ejercen las multinacionales tanto sobre la pornografía como sobre la tecnología informática haría poco, en mi opinión, por resucitar a un requeterresucitado señor Marx de que no son "negocios como siempre" en el mundo postindustrial, tal como ocurría en el mundo industrial.

Y... ¿en qué se parece la pornografía de alta tecnología a la fotopornografía?

En muchos aspectos, la pornografía ha hecho una transición sin altibajos hacia formatos informáticos: a menudo las mismas "estrellas" del porno (las nenitas de las revistas cachondas) aparecen tanto en revistas tradicionales como en series de imágenes que han sido simplemente digitalizadas. Los CD interactivos suelen utilizar el típico escenario del espectador que juega a fotógrafo de galmour o utiliza en otros casos escenografías ligeramente más actualizadas de videovigilancia, pero todavía gira en torno a las muy familiares fantasías fotográficas de voyeurismo y reificación: en ambas obras el espectador ve a través del ojo de la cámara.



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[ Ahora, tenemos la posiblididad de ver genialísimas y divertidísimas obras en la red, con apariencia de pornopágina. ]