Por Miguel Angel Sabadell

M.A.Sabadell es Astrofísico y profesor de la Universidad de Zaragoza

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TSUNAMIS
El producto de la destrucción
06-09-00

Estamos en una playa tranquila durante un día soleado. Los cuerpos se broncean al sol mientras que otros deciden mitigar el calor con un chapuzón. Entonces, el agua parece cambiar de color y un vago rumor indefinido llega de la lejanía. Poco a poco, el nivel del mar sube hasta casi un metro de su altura habitual, haciendo que los bañistas de primera línea tengan que coger sus toallas empapadas. De pronto, el mar empieza a retirarse de la orilla hasta más allá de 200 o 300 metros del límite de la marea baja. Es como si algo o alguien hubiese robado el agua del mar. Resulta extraño pero nadie se asusta: el día es maravilloso y no hay nubes de tormenta.

Abismos marinos

Entonces surge, de la nada, el tsunami: una ola gigantesca que se eleva varias decenas de metros y arrasa toda la costa. Al retirarse se lleva consigo el producto de la destrucción: casas, barcos, personas,... dejando en la playa rocas submarinas, corales o incluso peces que han sido arrancados de los abismos marinos donde habitan. Algunos curiosos que han visto el tremendo espectáculo con la confortable seguridad que da la lejanía se acercan para
ver lo que ha pasado y ayudar a los superviviente. Mala decisión. A los pocos minutos llega otra, y después otra, y otra. Pero la ola más devastadora está aún por llegar. Suele aparecer entre la cuarta y la octava de la serie que coge desprevenidos a los que irresponsablemente andan por la costa.

En las costas

Tsunami es una palabra japonesa que viene de tsu, puerto y nami, ola. Como su nombre indica es una ola que sólo se presenta en las costas. Un barco en alta mar puede atravesar un tsunami sin notar nada pues a menudo estas olas no superan una altura de metro y medio. Mientras las aguas sean profundas no hay nada que temer. Porque, como dice, el refrán, la procesión va por dentro. Los tsunamis son olas que se generan por la explosión de volcanes submarinos o por terremotos submarinos, y las zonas más castigadas por ellos son Japón y las Hawaii, en el océano Pacífico. Aunque también en el Atlántico se han dado, como el tsunami que se abatió sobre Lisboa el 1 de noviembre de 1755 a continuación de un terremoto que sacudió la capital portuguesa.

Explosión volcánica

Después de una ola corta el mar se retiró de la costa dejando una inmensa playa sembrada de peces boqueantes. Los curiosos lisboetas que acudieron a admirar el prodigio se vieron sorprendidos por una segunda ola de gran tamaño que llegó minutos después. O el tsunami que se formó tras la explosión volcánica que destruyó la isla de Krakatoa el 26 de agosto de 1883, que atravesó el océano Pacífico a una velocidad de 500 km/h arrasando las costas de Java y Sumatra con un saldo de 36.000 muertos y que llegaron, más debilitadas, hasta el puerto de San Francisco.Así que ya saben.

Si este verano se van a dar un garbeo por el Pacífico o por el Atlántico y de repente ven que desciende el nivel de las aguas, sólo les aconsejo una cosa. Corran como alma que la lleva el diablo.


[ Los tsunamis son olas que se generan por la explosión de volcanes submarinos o por terremotos submarinos. ]