Por Miguel Angel Sabadell

M.A.Sabadell es director de Ciencia de Recol

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El enigma Zombi
Los muertos vivientes de Haití
09-10-00

La Etnobotánica es una de esas curiosas ramas de la ciencia donde se mezclan la botánica, la farmacología y la antropología. En pocas palabras la etnobotánica estudia la relación que existe entre ciertos vegetales, el conocimiento que los pueblos primitivo tienen de ellos y sus hábitos culturales

Ojos de lechuza

Un impresionante ejemplo de investigación etnobotánica fue llevada a cabo por un investigador de la universidad de Harvard llamado Wade Davis en 1982. Sus investigaciones las publicó en forma novelada en un libro cuyo título en castellano lleva el llamativo título del enigma zombi, y del cual se hizo una película titulada como la edición inglesa del libro, la serpiente y el arco iris.

Como habrán adivinado, Davis se interesó por los zombies, los muertos vivientes de Haití. Quería comprobar qué había de realidad en las historias de zombies y, si eran ciertas, cómo se creaban. Su hipótesis es que podía tratarse de algún tipo de droga. Después de unas cuantas peripecias, Davis dio con la fórmula. La mayor parte de los compuestos tenían una finalidad exclusivamente ritual: ojos de lechuza, polvo e huesos de muertos y cosas así. Pero había algo mas: carne de pez globo, un extraño animal que para impedir ser devorado se infla como un balón y eriza sus púas.

El horror de creerse muerto

Curiosamente, la carne del pez globo contiene una toxina habitual en ese tipo de peces llamada tetrodontoxina, que es un poderoso veneno que actúa sobre el sistema nervioso produciendo parálisis, reduciendo la respiración y la demanda de oxígeno del cuerpo. Las tres condiciones que debe tener un enfermo para ser dado por muerto y poder sobrevivir durante unas cuantas horas enterrado en su ataúd respirando el poco aire allí encerrado. Los hechiceros frotan la piel del futuro zombi con una mezcla que contiene esas toxina, y al ser desenterrado le dan a beber una droga alucinógena. En ese momento se le declara muerto viviente. Lo que ya no está tan claro es cómo este estado, que dura unas pocas horas, podía llegar a durar los años que vive el zombi.

La respuesta, tremenda, la descubrió Davis poco después. A pesar de la parálisis inducida por la toxina, el futuro zombi está consciente de todo lo que ocurre a su alrededor y padece el horror de creerse muerto. Semiasfixiado, exhumando, drogado y abandonado a vaga por los campos o a la esclavitud, no es extraño que la mente del pobre desdichado se altere irremediablemente, teniendo en cuenta que cree ciegamente en las afirmaciones de la religión vudú.



[ El futuro zombi está consciente de todo
lo que ocurre a su alrededor y padece el horror de creerse muerto.
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