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Tortuga boba
Ejemplares de esta especie escogen España como lugar de cría

Recientemente estaba viendo por la noche la televisión mientras cenaba cuando ocurrió algo increíble: una noticia me llamóla atención. Por supuesto no se trataba de algo tan corriente ycotidiano como actos terroristas, guerras, especulaciones bursátiles,"grandes acontecimientos" deportivos o discusiones políticas.Era algo mucho más difícil e inusual, por tratarse de un acontecimiento que no ocurría en, al menos, cien años en nuestropaís.

Sin saber cómo, sin papeles ni documentos, un nuevo inmigrante recaló en una playa almeriense. Venía con criaturas en suseno. Su intención no era otra que la de asegurarse que sus descendientestuvieran la nacionalidad española, y para ello le dio igual tenerque atravesar el océano y exponerse a los peligros que leacechan mar adentro.

Sin embargo su odisea no pasó tan desapercibida como ella querríaya que, en mitad de la noche, alguien que estaba de vigilancia notósu presencia y avisó a las autoridades para que se hicieran cargode ella y adoptaran las medidas oportunas ante semejante hecho.

Playa nudista

Así, el encargado de las hamacas contó cómo, a esode las 6 de la madrugada, una tortuga boba se encontraba enterrando sushuevos en una playa nudista de la localidad de Vera, en Almería.El acontecimiento cobra tanta importancia ya que no existía anteriormenteninguna cita científica de una puesta de tortuga marina, que pasantoda su vida en alta mar excepto para depositar los huevos, en una playade la Península.

Cincuenta y ocho días después las primeras crías,de unos 8 centímetros de longitud, aparecieron de improviso en laarena, dentro del área previamente acordonada para salvaguardarlas.En pequeñas ráfagas nuevas cabecitas fueron asomando y comenzaronasí, algo confusas, su periplo por este mundo. En el momento sellegaron a contabilizar hasta treinta, aunque los expertos no descartabanque hubiera alguna rezagada aún enterrada.

Costas dignas

El hecho de que un animal tan escaso como escrupuloso a la hora de enterrara su prole para asegurar su viabilidad, como es la tortuga boba, haya escogidouna playa urbanizada de nuestra costa en lugar de sus destinos habitualescomo Grecia, Turquía o Israel, tiene una doble lectura: o bien se encuentra tan desorientada como tantos cetáceos y animales marinosque aparecen en las playas españolas y de todo el mundo, o bienaún podemos presumir de tener costas dignas hasta para los másexquisitos visitantes.

No deja de ser curiosa la imagen de los turistas nudistas observandoa ecologistas, científicos y autoridades ambientales del Centro de Recuperación de Especies Marinas Amenazadas de Andalucía(C.R.E.M.A.) estudiar emocionados y absortos a las crías de tortugaantes de dejarlas para que, siguiendo la llamada de la naturaleza, buscaransu refugio marino. Al menos esta vez los observados no eran ellos sinootros seres vivos igual de desnudos pero mucho más desamparados.

De esta forma tenemos asegurada una nueva oleada de turistas, esta vezmarinos y con la "insana" intención de reproducirseen la playa, para dentro de veinticinco años. A eso llamo yo previsión.


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