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Por Julián
Díaz
J. Díaz es redactor jefe de BITNIKS y periodista free-lance.

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Kitano y Haneke: sesión doble
Dos vueltas de tuerca a la violencia cinematográfica

Hana-bi (Japón) 1997. Funny Games (Austria) 1997.

El cine-club siempre ha sido un reducto. Hoy es una anacronía necesaria. Disfrutas, dos años después, de películas que no se estrenaron en su momento en circuitos comerciales convencionales, te encuentras, entre una fauna variopinta, con individuos con el aire imaginado de personajes de ficción localizados, exactamente, en mayo del 68, o niños envejecidos que fueron enviados a la URSS durante la Guerra Civil española capaces de discutir sobre la correcta pronunciación de Potemkin... Si después hay "forum", encima la gente debate, se mosquea... En fin, ¿quién da más por una simple entrada en una guarida cinematográfica que no oferta palomitas?

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Takeshi Kitano ganó el León de Oro del Festival de Venecia de 1997 por "Hana-bi" ("Flores de fuego"). Como es habitual, la crítica puso su película por las nubes, no se estrenó comercialmente como correspondería a cualquier bodriete norteamericano y uno fue a verla al cine-club de pueblo con esa fruición especial que tiene el fruto prohibido conseguido contra pronóstico. ¿El resultado? Una película diferente y nada pedante. Cuenta la historia de un hierático y violentísimo policía, Nishi, cuya mujer padece cáncer terminal y cuyo compañero queda paralítico, proponiendo una especie de rompecabezas visual y emocional al espectador.

La película parece que reinventara el lenguaje cinematográfico. La música de Joe Hisaishi introduce un lirismo inocente en una encuadre de gran sencillez que relata sin prisas la tristeza de la enfermedad, la alegría de un matrimonio que juega como si de una pareja de niños se tratara ... Y de repente, sin previo aviso, Kitano/Nishi, protagoniza unas escenas de una violencia desmedida sin apenas inmutarse. Como dice el inevitable colega con el que siempre acabas comentando la película, "es mucho más duro que el mismísimo súper-Clint Eastwood". Otro me dijo que, después de verla, se le había saltado una lagrimilla traicionera.

La clave está en que Kitano, el, agarraos, alma mater de "Humor amarillo" y estrella de la telebasura japonesa tuvo un accidente automovilístico que casi le cuesta la vida y se metió a dirigir unos proyectos con fuste a los que aporta su propia cara, sus cicatrices, y un tic, no sé si impostado, que le afecta a medio rostro.

Altamente recomendable para quien quiera disfrutar de algo tan subversivo como el talento sin desbrozar. Por cierto, ha estrenado en Cannes, o sea que ya hablaremos de su última película dentro de un par de años.

El horror

Si Kitano cuenta de una manera "nueva", el muniqués Haneke hace en "Funny Games" (1997) una propuesta muy particular a partir de la revisión de la violencia en el cine. Viene a decir: "esto es lo que estás habituado a ver, esto es lo que quieres, ¿quieres horror? Pues toma horror y medio".

Si no supiera que Michael Haneke tiene el rostro maduro, barbado y cano de un hombre de 57 años antiguo estudiante de filosofía, psicología y teatro en Viena, tal vez preferiría no conocer al autor de "Funny Games". Y es que la película, DE VERDAD, da miedo, te lleva al vértigo de lo permisible hasta el punto de obligar al espectador a hacerse la pregunta definitiva: ¿salgo de la sala?

La historia es muy sencilla. Un matrimonio acomodado y su hijo van a pasar un fin de semana a su casa del lago. La cámara sigue al perro, a la mujer en la cocina, nos enseña en un estilo directo el entorno perfectamente convencional. Sin transición, reciben la visita de dos jóvenes vecinos y comienza un ejercicio de sadismo extremo en el tono más natural que uno pueda imaginarse. La familia es secuestrada por estos dos psicópatas que jugarán con la vida y el horror de tres seres humanos a voluntad, sin límites y sin razón aparente.

La vuelta de tuerca viene cuando uno de los psicópatas hace un guiño al espectador a través de la cámara y le hace cómplice de la situación. El verismo de la situación invita a pensar por momentos en una snuff-movie. Los actores merecen la máxima nota, en especial Susanne Lothar, la madre, y Arno Frisch y Fran Giering, la pareja de jóvenes asesinos. Haneke pretende asquear y lo consigue con pericia en un juego cruel, despiadado y moral no apto para todos los estómagos. El resultado es brillante y su denuncia absoluta. A la salida oí a la acomodadora confesar que necesitaba irse a tomar una copa porque con aquel cuerpo no podía marcharse a casa. Una víctima más de la película.

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Más información:

Si quieres opinar sobre la película (o sobre la crítica -por errores, incompetencia manifiesta del firmante, etc...-), envía un e-mail con el título "Kitano-Haneke". Se publicará.

Takeshi Kitano

Michael Haneke

.Kitano, ¿violencia poética?.

 

 

"Kitano es

mucho más

duro que el

mismísimo

súper-Clint

Eastwood"

 

 

 

. Haneke, una "mirada" terrorífica.

 

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