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Por Julián
Díaz
J. Díaz es redactor jefe de BITNIKS y periodista free-lance.

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Madre silicio y el redentor kungfuteka
Filosofía y acción ciberpunk
 
"The Matrix". Larry y Andy Wachowski. 1999.

"La vida es sueño y los sueños, sueños son"

(Calderón de la Barca)

¿Te imaginas que el único polvo decente de tu vida no hubiera existido y que los asquerosos platos de callos que ingeriste a la fuerza no hubieran jamás atravesado el umbral de tu boca? Descartes andaba angustiado por la cosa de que su existencia podía no ser real, sino un engaño de sus sentidos... Al final llegó al famoso "pienso luego existo" y se quedó tranquilo. Creo que Hume vino luego a probar que puede que existamos, pero que su demostración es, en todo caso, imposible. De esto parece que va "The Matrix" pero, en realidad, no nos preocupemos, es una peli de Kung-fú ciberpunk, acción torrencial y unos efectos especiales preciosistas que sorprenden. ¿Por qué se ha habla tanto de "The Matrix"? ¿Cuáles son los méritos de este gran éxito cinematográfico y apreciable, que no gran, película?

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Su contenido juega entre el buen oficio, una inteligente asimilación estética y la pretenciosidad filosófica en tiempos de realidad virtual, más allá incluso de la proyectada en televisión. Keanu Reeves ha repetido que la película hace preguntas sobre la condición humana. A esto, le responde un personaje cuando afirma que sabe perfectamente que el apetitoso filete que se está empujando es falso, pero que le es igual. Preferiría no saberlo. Ya lo resumía García Márquez en la afortunada expresión "cuando era feliz e indocumentado"...

En cuanto a la estética, desde el primer parpadeo del cursor en la pantalla (de ordenador y de cine) intuimos que se va a tender un puente con el imaginario cibernético. Más aún, con una estética ciberpunk forzosamente melancólica, tan inexistente como asumible por la poética "hacker", cuya primera piedra puso William Gibson con su "Neuromante". Sabemos que John Wayne jamás vistió como un vaquero de verdad, ¿y qué? Pues que John Ford era un poeta. No, "The Matrix" no ha dejado obsoleta la atmósfera de "Blade Runner", pero sí ha barrido a "Johnny Mnemonic" que, además, era un peli, por resumir, mala. De hecho, todavía lloro cuando recuerdo a Gibson afirmar en mitad del rodaje que la película trasladaba su mundo con increíble verismo.

Pareja leída

Sobre el oficio, nada de poesía, bien por los Wachowski. Deben de ser chicos bastante leídos, ya que firman un guión lleno de referencias aunque sepan perfectamente que lo que gusta al espectador tipo es el chico encuentra chica, o al revés, cargadores vaciados sobre su retina y final casi como Dios manda. El mundo de Oz, Alicia en el País de las Maravillas y su conejo que conduce al otro mundo, misticismo tibetano, reencarnaciones, el mito del redentor, dudas de identidad, naves submarino atacadas por calamares gigantes, la resistencia anárquica, pero efectiva como grano en el culo, el traidorcete ruin y el amor redentor...¿nos suena?

Demasiadas cosas, en realidad, pero las solucionan con cuatro saltos que para sí quisiera Yago Lamela, esquivando balas y destrozando a conciencia un lobby de mármol. Desde la cenicienta atmósfera gattaca de la oficina al inmenso cultivo de pesadilla de los seres humanos que sirven como bioenergía a las máquinas, la pareja canadiense demuestra temple con el túrmix acumulativo. ¿Guión? Lo justo, pero aparatoso. El éxito no requiere una gran historia, sino acogotar las meninges del que paga la entrada. Y ésta, no lo olvidemos, es la película que nos merecemos el género humano en la era Clinton. Gusta, tiene una buena factura y es entretenida.

Claro que, así, el resultado es menos medido que en su gamberra y redonda ópera prima, "Lazos ardientes", inspirada a la mayor gloria de Tarantino y que partía de la ventaja de que la Tilly y la Gerson tenían más carne que cortar en sus fogosos achuchones que los personajes digitales de "The Matrix". En los descansos del rodaje de la olvidable "Un paseo entre las nubes" Aitana Sánchez Gijón le repetía al bueno de Keanu lo de "tío, eres un soso de cojones". Mala persona, la verdad, no parece, y guapo y cachitas, pues sí. Pero que no digan que puede comunicar emoción, aunque le destrocen el dedo gordo del pie. ¿Y la chica Trinity esta, Carrie-Anne Moss? Dios los cría y... en fin, dos hermosas estatuas de silicio puro con cara de circunstancias.

Méritos y deméritos

Hay que reconocer que el "Cómo se hizo Matrix" tiene que ser una pasada. Lo de los seis meses en Australia aprendiendo artes marciales (aunque los viejos prefiramos a Bruce Lee...), las virguerías digitales, el diseño de los escenarios reales y virtuales y la compleja puesta en escena prometen pasión en la tramoya cinematográfica.

Lawrence Fishburne, aunque su interpretación de Morfeo sea forzosamente esquemática, no está mal, entre siniestro y majestuoso, como maestro iniciático del redentor Neo, que liberará a la Humanidad de su esclavitud en un mundo dominado por la Inteligencia Artificial. También tiene su gracia algún riesgo a la hora de narrar, como el limbo blanco hiperespacial, el campo de entrenamiento, en el que Morfeo le muestra a Neo la dificultad de saber quién se es y dónde se está. Claro que sobran los chistecitos de éste tipo "ya sé kung-fú" una vez que le cargan el software "ad hoc" en el coco perforado.

Ocurre que al final se utilizan muchos clichés. El misticismo anunciado como salida del embrollo resulta precipitado. En "Dune", por ejemplo, la evolución del personaje mesiánico era más elaborada. Aquí Neo no tiene más remedio que llegar a ser lo que tiene que ser (la hostia, tú) porque la película se acaba y van a ganar los malos.

Otra cosita, ya está bien de echar las culpas a las maquinejas... Que no, igual que no hay que tener miedo de los muertos, sino de los vivos, tampoco hay que temer a los ordenadores. Quede para siempre claro que los pollos belgas a la dioxina y las intoxicaciones imaginarias de la Coca-Cola las programan nuestros congéneres, no lo ordenatas, ya desde este siglo XX. La moraleja final sobre el respeto a la individualidad y eso, perfecta para "hackers" de doce a dieciséis años. Quien de verdad quiera conocer el horror del equívoco espacio tiempo y nuestra cruel naturaleza, que lea a Cortázar.

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Más información:

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Página web: The Matrix

.Keanu, el mesías digital.

 

 

"Desde el primer

parpadeo del

cursor en

la pantalla

intuimos que se

va a tender un

puente con

el imaginario

cibernético"

 

 

 

. Morfeo en manos enemigas.

 

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