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Por Julián
Díaz
J. Díaz es redactor jefe de BITNIKS y periodista free-lance.

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La guerra de los efectos digitales
¿Éxtasis estético o basura digital?
 
Episodio 1: La amenaza fantasma. George Lucas. 1999. EE.UU.

(16-9-99)

"¿Efectos especiales? No, gracias. Yo soy actor". La frase es reciente y de Michael Caine. No es afortunada pero sí explícita sobre una contienda que viene dándose desde hace tiempo entre dos posiciones violentamente contrapuestas: cine con efectos digitales o cine de "carne y hueso". La polémica es falsa, compañer@s. Sólo hay cine y éste sólo puede ser bueno o malo, como ya sentenció Duke Ellington respecto a la música.

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Básicamente, el cine, aunque también sea testimonio o reflexión, es emoción ("motion picture, emotion picture" que decía Fuller, "las películas son para reír o llorar", como dice mi suegro) y la emoción puede transmitirse desde un decorado de cartón piedra, en el claroscuro de un palacio digital o con Marco Antonio vomitando demagogia por la boca de Marlon Brando. El cine, para concluir, en su génesis es puro artificio y, en buena medida, técnica.

Ocurre que "La amenaza fantasma" es la madre de todas las batallas celebradas hasta el momento en torno a esta disputa. Hay gente que acude a la sala con ganas previas de ver un bodrio y reafirmar su odio a las grandes producciones con efectos digitales y otra que quiere comulgar nuevamente con la fascinación provocada hace 22 años con "La Guerra de las Galaxias".

Ello hace que no se vaya a ver una película, sino un símbolo, que la gente haga cola para ver sólo el traíler seis meses antes de su estreno y que acampe para obtener una entrada en un determinado cine o que se preste a decir chorradas ante las cámaras de televisión. También sirve para algunos como cubo donde descargar toda la ira acumulada durante años contra el cine comercial más rastrero que basa su fácil digestión en cuatro efectos, algunas veces zafios, y concluir con un "digámoslo claro: esto es una mierda".

Artesanía

Por partes. George Lucas ha declarado: "Soy un artesano. No tengo nada que ver con Hollywood". Y es cierto que "La amenaza fantasma" tiene encanto y que si la despojáramos del lastre de toda la saga, de la que es continuación cinematográfica y punto de partida narrativo, se manifestaría por sí mismo.

Visualmente tiene la extraordinaria capacidad de recrear un mundo original sacado de la chistera de la fantasía. No extraña la voluntad manifestada por Lucas en el sentido de que con su contemplación pretende un "éxtasis estético", al que contribuyen la magnificencia del parlamento galáctico, el paisaje de la batalla, el palacio de los Jedi o el mundo submarino... Y todo ello, sí, gracias a Light & Magic y a la valentía de un director autodefinido como francotirador de San Francisco.

Por otra parte, hay elementos casi candorosos en su voluntad artesana. Los títulos de crédito son de una sencillez palmaria y la cascada de letras tradicional de presentación de la saga tiene hasta ese no se qué chapucero de serie B. El niño esclavo Anakin Skywalker dialoga con su amo volador mirando en una dirección equivocada, la trama avanza a saltos, al mundo submarino se llega desde un río y, por ejemplo, ¿quién ha visto una película para todos los públicos cuyo elemento de arranque sea un embargo comercial? A los niños tiene que sonarles como a muchos adultos los efectos macroeconómicos de un choque asimétrico en la economía de los países periféricos de la Unión Europea.

Sin embargo, no se le puede discutir su voluntad de entretenimiento, la espectacularidad de la carrera de vainas (por mucho que se empeñen los guardianes de la pureza en que no sea tan emocionante como la de Ben-Hur) y el esfuerzo por mantener el tono mítico de la aventura galáctica. A ello, hay que añadir el esfuerzo que supone la dirección de actores en una historia que incide más en el poder evocador de una estética que en los propios personajes. Que el niño no sea muy simpático se perdona si tenemos en cuenta que incuba a Darth Vader. En cuanto a Darth Maul, la reina Amidala y los jedis interpretados por Mc Gregor y Neeson, cumplen en su papel coreográfico... Por cierto, con Jar-Jar Bins, esa especie de gilipollas orejudo que se incluye en la historia, por lo menos se constata lo difícil que es dotar de "pelo" a los personajes digitales.

Michael Caine no es actor, es un gran actor. Borges también era un gran escritor y, sin embargo, parecía de vez en cuando asaltado por ráfagas imparables de imbecilidad cuando decía cosas como que ser recibido por Pinochet era "un honor inmerecido" o cuando afirmaba que Lorca había tenido la "suerte de ser ejecutado". Eso sí, su inteligencia nunca le permitió escribirlo. Seguro que Caine tampoco refrendaría en los mismos términos y por escrito lo dicho en Cannes. Con todo, reconozco que, con mucho, mi película favorita de Lucas es "American Graffiti", pero en ningún caso porque en ella no haya efectos digitales.

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Efectos de Episodio I

.Darth Maul, chico malo.

 

 

"Hay gente que

acude a la sala

con ganas previas

de ver un

bodrio y

reafirmar

su odio"

 

 

 

.Reina Amidala, chica buena.

 

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