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Por Juan Carlos Salaverri
 
J.C. Salaverri es periodista especializado en cine y literatura.

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"El talento de Mr. Ripley"
(O de por qué buscarse a uno mismo
conlleva el riesgo de encontrarse)
(20-3-00)
 
"El talento de Mr. Ripley", la nueva película de Anthony Minghella, es un psycho-thriller en el que se hace una revisitación de la novela del mismo título escrita por Patricia Highsmith y con la que ésta comenzaría lo que bien podría denominarse la "saga de Tom Ripley".
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Llevada ya al cine en los primeros '60 con Alain Delon en el papel protagonista, la obra de Highsmith rechaza el ordenamiento clásico de la tragedia y nos muestra únicamente un planteamiento y un nudo, prescindiendo frontalmente del desenlace. En este sentido, bien podríamos decir que esta nueva versión se ajusta más a su modelo literario que la anterior (aun cuando esto, es bien sabido, no sea necesario ni incluso, en ocasiones, siquiera deseable: literatura y cine son lenguajes distintos).

Sobreviviendo incómodamente en Nueva York (y aún más incómodamente en su propio pellejo), Tom Ripley, un joven sin oficio ni beneficio, es enviado a Europa por un millonario a quien conoce casualmente para que convenza al díscolo hijo de éste de la necesidad de regresar a los Estados Unidos y asumir sus responsabilidades como heredero de un gigantesco emporio naval.

Vida bohemia

Así, dispuesto en principio a tomarse unas vacaciones de su pegajosa rutina vital, Ripley recalará en el pequeño pueblo costero italiano donde Dickey Greenleaf y su prometida viven una vida muelle y bohemia, gastando la asignación que puntual y mensualmente envía el padre del muchacho. Y como las vidas muelles y bohemias, pese a ser fáciles -o tal vez, precisamente, por ello-, suelen también resultar monótonamente aburridas, pronto dejarán que Ripley les divierta con su infantil y provinciana manera de hacerse al ambiente. La figura del bufón no ha desaparecido: sólo se ha estilizado.

Desgraciadamente, los comportamientos infantiles y provincianos están bien para un rato, pero suelen cansar pronto... ¡y de qué manera! En otras palabras: con el paso del tiempo, y debido a su carácter agobiante y posesivo, Ripley va perdiendo su capacidad de sorprender a la misma velocidad que crece el hastío en sus anfitriones.

Para entonces, el espectador habrá asistido al desarrollo de una corriente homoerótica -más que homosexual- en la que se muestra la atracción que Greenleaf ha despertado en Ripley: no se trata sólo de un tipo apuesto, sino que tiene todo aquello que él envidia y ¡para colmo! no le concede ningún valor. Y así, despreciado y enfrentado al hecho de que pronto deberá regresar a su hostil apartamento pese a haber descubierto el estilo de vida que cree corresponderle, Ripley recurre al asesinato tomando para sí la identidad de su víctima e iniciando una huida hacia adelante que, bien lo sabe, habrá de conducirle a nuevas muertes. En definitiva, se trata de matar o morir.

Yo soy tú

El psicoanalista freudiano Jacques Lacan hablaba ya de la "fase del espejo" en la que el niño forja su personalidad y se forma una imagen de sí mismo mediante la imitación de "el otro". "El otro" es el espejo en el que nos vemos a nosotros mismos, es en él en el que vemos a nuestro propio "yo" y, por tanto, es parte de nosotros mismos aunque no nos pertenezca. Ripley desea fervientemente ser ese Ripley que su extracción social le ha prohibido ser, desa ser Greenleaf, y mediante el asesinato iniciará un viaje al otro lado del espejo adueñándose de él.

Con una perfecta dirección artística que incluye una fotografía con luz de tarjeta postal, románticamente kitsch, "El talento de Mr. Ripley" se duele un tanto de un casting no demasiado afortunado y de una división demasiado fronteriza entre la historia que precede al primer asesinato y la que muestra la usurpación de la personalidad del muerto. Pese a todos los esfuerzos del director, el protagonista de la primera historia es, sin duda, Dickey Greenleaf (Jude Law, candidato al Oscar como mejor actor de reparto), personaje poseedor de una psicología verdaderamente cubista , mientras la segunda, la desarrollada en Roma, peca un tanto de inverosimilitud.

Por ende, desde el punto de vista conceptual no resulta muy llevadero que Ripley (Matt Damon) resulte tan decididamente caprichoso e insufrible y sin embargo consiga sortear tantos obstáculos. En definitiva, también como espectador se sufre, esta vez voluntariamente, una "fase del espejo".

Minghella ha subvertido los papeles que Highsmith atribuyó a sus personajes y esto lastra la narración no porque la autora de la novela sea intocable sino porque su estudio psicológico era muy superior al ofrecido por el responsable de "El paciente inglés".

En cuanto a los roles femeninos, qué decir sino que son tan endebles e inconsistentes como lo eran en la novela: Patricia Highsmith no ha sido jamás, mal que bien, ninguna feminista. La película, sin embargo, es de esas que no dejarán indiferente al espectador tal vez porque, querámoslo o no, todos nosotros tenemos en nuestro interior a un Ripley y un Greenleaf conviviendo en incómoda, muy incómoda, armonía.

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Más información:

"The talented Mr. Ripley"

.Gwyneth Paltrow

 

 

"Esta nueva

versión se ajusta

más a su

modelo literario

que la anterior "

 

 

 

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