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Por Juan Carlos Salaverri
 
J.C. Salaverri es periodista especializado en cine y literatura.

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"American Beauty"
Recuperando el pasado
(24-2-00)

Ya lo dijo el bueno de Heráclito: nada permanece, todo fluye. Y aquí podríamos añadir que así ha de ser, ya que a menudo las aguas estancadas acaban por resultar ponzoñosas. Es la misma idea que más tarde los romanos expresarían con su escatológico "semen retentus, venenum est". Y es también, en definitiva, la idea que el británico Sam Mendes ha llevado a la pantalla en su American Beauty, cuando ya desde su principio nos muestra la última masturbación de un hombre que habría de morir horas más tarde, escasos momentos antes de darse cuenta de que había vuelto a ser feliz.

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Y es que los personajes de esta magnífica (tragi)comedia, desde el primero al último, habían olvidado que la felicidad es una posibilidad que siempre está ahí a condición, por supuesto, de que la busques. Si conviene en este punto hacer un resumen del argumento habría que decir que American Beauty describe la vida de una acomodada familia americana instalada, rotundamente, al borde de un ataque de nervios. La ambición del padre (por fin Kevin Spacey no es un psicópata) pasa por mantener su trabajo: ¡un trabajo en el que lleva catorce años! Annette Benning, es decir, la madre, aspira a ser la número uno de la venta de propiedades, pero realmente no sabe elegir ni las propiedades ni los clientes.

Por su parte, Thora Birch es una adolescente desnortada -aunque me temo que esta expresión es un pleonasmo- que no soporta a su familia y lleva varios años ahorrando dinero para operarse el pecho (y tras ver su top-less al espectador le quedarán pocas dudas de que la intervención será, muy probablemente, de reducción). Prácticamente, el resto de los personajes que pululan por allí son igualmente patéticos e infelices cada uno a su manera: el jefe de personal de la revista donde trabaja Spacey es un gay que aún no ha salido del armario; la amiga de la chica es una pseudo-Lolita con cara de Bugs Bunny irremediablemente vulgar y que, como no podía ser menos, odia la vulgaridad; los nuevos vecinos son una familia formada por un padre militar e irascible (de nuevo otro pleonasmo), una madre totalmente anulada y un muchacho que ante la belleza toma la actitud de un espectador pasivo a través de su cámara de video digital.

"hamburguesas sonrientes"

Incluso las mismísimas hamburguesas del cercano fast-food en el que terminará por trabajar el protagonista, si bien se llaman "hamburguesas sonrientes", son decidida y definitivamente tristes Y si he dicho "prácticamente el resto" es porque hay un par de personajes que rompen la norma: se trata de un par de vecinos, homosexuales, que han olvidado los convencionalismos, se han atrevido a ser felices y viven su vida tan ricamente. Sólo tienen un par de apariciones, lo cuál resulta verdaderamente sutil ya que apuntan, sin destriparlo, el verdadero "mensaje" de la película: la felicidad es para los valientes.

Y todo aquel mundo claustrofóbico y medroso se vendrá abajo cuando Lester, el personaje de Kevin Spacey, se atreva a dar el paso de intentar serlo (ambas cosas, valiente y feliz). Por distintos caminos vuelve a recuperar el gusto por las cosas que antes le hicieron feliz y tenía ya olvidadas: el sexo, la marihuana y el respeto por sí mismo. A partir de ese momento nada volverá a ser igual e incluso la propia película toma un ritmo más decididamente cómico porque, como también nos dejara escrito el viejo Heráclito, "lo contrario llega a concordar, y de las discordias surge la más hermosa armonía". ¿American Beauty? : imprescindible.

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Más información:

"American Beauty"

.El sueño de Lester.

 

 

"El verdadero

"mensaje" de la

película: la

felicidad es

para los

valientes"

 

 

 

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