Por Chucky García

Chucky García es editor de Arte y entretenimiento de la Comunidad virtual
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¿Cuál es el futuro del cine hispanoamericano?
Alguien hablará de nosotros cuando hayamos muerto
17-07-00

¿Cuál es el futuro del cine hispanoamericano? Para empezar, digamos que la misma constitución de la pregunta nos obliga a crear un todo único para poder hacernos una idea general y no sectorizada, y que en consecuencia, en ese todo se debe involucrar una serie de movimientos distantes y tímidamente conectados entre sí.

Además, se debe tener precaución para no radicar los argumentos en los límites de lo descabellado, límites a los que, de todos modos, también debemos acceder para generar un rango de referencias diferentes al histórico. En ese sentido, partiremos del presente hacia adelante, fieles a la tradición del pesimismo y cercanos al derrotismo, con lo que cualquier cambio en lo planeado podrá ser tomado como una victoria o un avance positivo, eso que los medios convencionales musicalizan con una plañidera tonada de ascensor y titulan "Un triunfo de la vida sobre la muerte".

De lo que no nos olvidaremos en este texto será de poner los pies sobre la tierra. Realizando una mirada desde la esquina del continente suramericano, donde aparte de dos océanos nos bañan las aguas cinematográficas de Hollywood, Europa y España -la primera con tintes de maremoto efectista, la segunda como una corriente cuasi subterránea y la tercera como la sensación de un movimiento en constante crecimiento y con gran variedad de voces-, el Vía crucis del cine de habla hispana ha cambiado de escenario y de redentores, pero sigue siendo una procesión para fervientes y para circuitos locales.

Sin clavos en las manos y traje de cóctel, el cine de un director como Pedro Almodóvar, por ejemplo, para ubicarnos en el contexto de las referencias más recientes, ha recorrido las principales pasarelas internacionales, entre ellas la de los premios Oscar, pero la redención sigue estando lejos de la consecución de ésta o una próxima estatuilla, o de que las fieles magdalenas de estos directores sean llamadas a trabajar en Hollywood en un acto donde todavía no están claros los porcentajes de lástima y reconocimiento.

¿Los abuelos de la nada?

Lo del pasado Oscar para el cine hispanoparlante dejó la Sensación de una industria en alza, mientras que en el piso de abajo, donde los abuelos de la Academia celebran su fiesta, la realidad era otra (y sigue siendo otra). Está claro que la industria cinematográfica ibérica de los últimos diez años, por su parte, ha fortalecido ejemplarmente su relación con el público y las salas de los circuitos hasta el punto de haber adoptado algunos vicios triunfalistas típicos de Hollywood como el de utilizar la frase "película taquillera" como gesto de autoestima, pero no es suficiente para reanimar ese todo de habla hispana que no oculta el desequilibrio entre sus partes y con el que se le asocia, directa o indirectamente.

Cierto es que España sobresale de ese todo y que desde nuestra posición le vemos avanzar sin titubeos, teniendo en cuenta la influencia que en nuestra nueva generación de público han tenido cineastas contemporáneos como Bigas Luna, Alex de la Iglesia, Alejandro Amenábar, Juanma Bajo Ulloa o el mismo Almodóvar. Pero podríamos estar hablando de la estrella del equipo de baloncesto que conforman un grupo de jóvenes en silla de ruedas.


Las empresas cinematográficas de Argentina y México (donde la historia pesa más que el presente), sumadas a los experimentos esporádicos de Chile, Colombia, Cuba, Perú y Venezuela, por su parte, constituyen un panorama diferente al ibérico, panorama donde se podría decir, además, que no está en claro el papel del cineasta con relación a su sociedad, que la identidad es un valor agregado y de mercadeo y no un origen como tal, y que la creación de historias, diálogos y argumentos permanece sitiada por la industria del melodrama televisivo.

Sin relaciones establecidas entre los mismos, en esta parte del mundo de habla hispana las piezas del conjunto que la crítica ha pretendido llamar "boom de cine latinoamericano" sólo permanecen unidas por la anterior suposición, y a diferencia del sector ibérico, el cine sigue siendo una expresión sujeta al trabajo de valientes pero solitarios autores detrás de los cuales sólo podríamos ver su sombra. Nada de escuela ni de movimientos, nada de voces múltiples.



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