Por Chucky García

Chucky García es editor de Arte y entretenimiento de la Comunidad virtual
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Página II

Fernando Vallejo: las vísceras de la Virgen

Hace dos años, mientras escuchaba el tipo de música clásica que algún día estudió de niño, el escritor respondió algunas preguntas sueltas (a quien escribe este artículo), tiradas al ruedo con el temor de romper su condición incógnita. El tipo, con cálido tono de tutor de menores, reconoció sin ningún problema que no sueña con ideales, que acepta haber amado y que llama "infantiles" a quienes lo tildan de fascista.

Ese mismo discurso, latente en la versión cinematográfica de su novela La Virgen de los Sicarios está estremeciendo a Colombia, y muchos se han molestado porque él estruja con las manos el hígado del país. Hoy día, tanto a él como el actor que le encarnó les han amenazado de muerte algunos que dicen que "eso no es Medellín".


Acallar a Fernando Vallejo sería lo obvio, la ridiculez, un aburrido final para una mordaz lección de desesperanza. Él ha provocado a los narcos, a los sicarios, a los políticos, a los militares, a los subversivos y hasta a los pistoleros ocasionales de Colombia desde que publicó su libro La Virgen de los Sicarios, en 1994. Pero su controvertida cruzada independiente, gestada desde mucho antes con el rodaje de dos de sus vetados largometrajes (Crónica roja, 1977, y En la tormenta, 1979), ha logrado serpentear la intolerancia de un país donde en muchos casos se silencia hasta la denuncia pública.

Vallejo, radicado en México desde 1971, no ha dejado de llamar la atención. Sus visitas al país en los últimos dos años han sido más numerosas, y su aprobación a la versión cinematográfica de La Virgen de los Sicarios (historia en la que él regresa a Medellín tras tres décadas de ausencia para enamorarse de dos adolescentes asesinos) vuelve a poner el dedo en la llaga de quienes han hecho sangrar, de manos y pies, al famoso país del Sagrado (sangrante) Corazón de Jesús, de Pablo Escobar y de la virgen María Auxiliadora.

En la misma tierra de Escobar

Posiblemente -pensando de forma descabella- sea la misma María Auxiliadora, a quien Vallejo describe en libro y filme como la patrona de Sabaneta, quien cuida del escritor colombiano de 58 años, un hombre nacido en la misma tierra de Escobar un 24 de octubre, día de la Virgen. Ésta, y quizás un circo mediático que siempre está a la caza de sus declaraciones y que le escolta como al gran capo de la comedia de la ultraviolencia, o también la indiferencia de una nación que no siente culpa sino que se entretiene con su papel de mesías del resentimiento: los perros de calle le causan lástima mientras los niños desamparados despiertan su Herodes interno.

Para buena parte de las nuevas generaciones, jóvenes que apenas descubren sus "enfierrados" textos, de hecho Vallejo representa una especie de héroe de las letras, de lo anticonservador. No un héroe de la literatura oficial, como Gabriel García Márquez, sino uno que se refiere a la violencia como industria del entretenimiento local, mientras maldice una y otra vez su origen y parentela (no se salva ni su propia madre).

Carrusel de caricaturas basadas en la realidad y aumentadas tras la lupa de una ficción peculiar, la suya, la del hombre maduro que lleva a sus almas gemelas homosexuales a aniquilar por igual a inocentes y culpables en sus novelas, la obra del antioqueño ha calado, dígase lo que se diga, sin importar que a veces sea mayor el efectismo que el contenido de sus escritos.

En otras obras como El mensajero (1991) y Chapolas negras (1995), con el mismo aliento energúmeno de La Virgen de los Sicarios, Vallejo muestra una voz válida y crítica, inteligencia y agallas: los testículos van por delante, como sus acusaciones de fraude y somnolencia al país entero, y los implicados van saliendo por detrás como cuando mamá decide acabar de un momento a otro con la piñata matutina.

Más información

'La Virgen de los Sicarios'



[ Vallejo representa una especie de héroe de las letras, de lo anticonservador. No un héroe de la literatura oficial, como Gabriel García Márquez, sino uno que se refiere a la violencia como industria del entretenimiento local, mientras maldice una y otra vez su origen y parentela (no se salva ni su propia madre). ]