Por Chucky García

Chucky García es editor de Arte y entretenimiento de la Comunidad virtual
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Colombia:
el nuevo Vietnam de Hollywood
01-02-01

Si el Plan Colombia, las biografías de los narcotraficantes o las masacres de campesinos no han convencido a la opinión pública internacional de que lo que se vive en Colombia es como un ciclo de películas de terror, drama y hasta comedia negra, prepárese porque aún hay más. Pero no traiga palomitas de maíz; solo una bolsa para el vómito.

En las zonas rurales colombianas, al cotidiano y masivo fuego cruzado de los paramilitares, los guerrilleros y los soldados se han unido las granadas de fragmentación de Arnold Schwarzenegger y el fusil de Russell Crowe, quien ha colgado su traje de gladiador romano para ponerse la corbata camuflada de un negociador internacional.

La cosa es aún peor. Meg Ryan también ha traído al campo del conflicto sus mascarillas faciales de pepinillos y sus esmaltes de esposa "fiel", y Brendan Fraser, con su cara de cómico tonto y desahuciado, ha hecho lo mismo con sus bigotes de Juan de Marco y sus blancos trajes de narcoterrorista aliado con satán.

Mientras tanto, en una entrevista para un diario local, el actor de origen colombiano John Leguízamo, compañero de set en la batalla antiguerrillera que Schwarzenegger protagoniza para la Warner Bros, ha advertido que de no explicarse la verdadera situación de lo que ocurre en este país, tan solo será "otra nueva explotación cinematográfica de otro país latinoamericano".

Demasiado tarde, quizá, aún con la inocente y cómplice declaración de Leguízamo de parte de la supuesta verdad, porque Hollywood se aburrió de destruir complejos militares vietnamitas, soviéticos, nicaragüenses o extraterrestres, y ahora enfila su elenco de héroes del mercadeo y divas del lagrimeo gratuito para impartir su visión sobre uno de los problemas políticos con mayor eco en los medios de información contemporáneos.

Soldados del Planet Hollywood

Del rumor de una versión cinematográfica sobre la vida del extinto capo Pablo Escobar, o de las viejas imágenes de una Colombia absolutamente selvática, conflictiva y subdesarrollada como las que presentó el filme 'En busca de la esmeralda perdida' (<i>Romancing the Stone</i>, 1984), la industria norteamericana del séptimo arte pasó a esquematizar toda una compleja sociedad, sin importar, de nuevo y como le ha pasado a muchos otros países temáticos de Hollywood, que el drama humano no está para pronósticos taquilleros y mucho menos para 't-shirts' estampadas.

'Prueba de vida'(Proof of life, 2000), 'Al diablo con el diablo' (Bedazzled, 2000) o 'Collateral Damage' (título con el que hasta ahora se conoce la película de Schwarzenegger y Leguízamo) son apenas la punta de un iceberg que viene en constante proceso de emersión desde el último año, y que sospechosamente coincide con el tiempo de gestación de los planes militares y de erradicación de cultivos ilícitos que el gobierno de Estados Unidos ha aprobado en favor del Estado colombiano (como el llamado Plan Colombia).

Dejando de lado términos como el de "sospecha" -más célebre en boca de vecinas chismosas y detectives del género policíaco-, el tamaño completo de aquella mole de tergiversación está por verse, sin que esto evite el hecho de imaginárselo: solados élite de la CIA y la DEA que vienen a Colombia a rescatar ciudadanos norteamericanos secuestrados, o que simplemente buscan que cese aquella producción de estupefacientes que está empañando el ejemplar comportamiento de quienes habitan las tierras del Tío Sam.

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[ En las zonas rurales colombianas, al cotidiano y masivo fuego cruzado de los paramilitares, los guerrilleros y los soldados se han unido las granadas de fragmentación de Arnold Schwarzenegger. ]