Por Alejandro Agostinelli


Periodista especializado en ciencia popular, ovnis, fenómenos paranormales, nuevos cultos y cultura digital. Actualmente planifica 'Dios!',
un sitio dedicado a creencias comporáneas.

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  E.T.
Reflexiones sobre la resurrección de un mito de la cultura popular

Buenos Aires [24-04-02]
Copete: "Tiene miedo. Está absolutamente solo y a tres millones de años luz de su casa." ¿Usted no lo protegería? Naturalmente. Por eso, 20 años después, regresa, aggiornado, para conquistar a la generación que no lo conoció. A propósito del reestreno, este artículo recupera las reflexiones que E.T. suscitó cuando la película constituía toda una novedad en la cultura popular. Los ingredientes son apetitosos: ciencia ficción, exobiología y religión.

Hace veinte años, los efectos especiales de E.T. parecían [en realidad, eran] alucinantes. Hoy, si se los compara con el acadabrante despliegue visual de A.I., el contraste causa gracia. Sin embargo, E.T. sigue siendo un film alucinante. Gracias a las nuevas tecnologías, el desvencijado celuloide que cuenta la odisea del pobre marciano perdido renace de sus cenizas y algunos críticos ya acusan a Steven Spielberg de haber introducido cambios que obeceden a decisiones de "corrección política" antes que artísticas. Por eso, el reestreno del film [que acompaña el lanzamiento de la primera versión de la película en DVD, que contene tanto la copia original como la mejorada] lleva a plantearse varios interrogantes. ¿Cuál fue el motivo de su éxito, en los albores de los ochenta? ¿Los cambios actuales son sólo cosméticos? Y si no es para tanto, ¿cuánto cambió el mundo, es decir los ojos del espectador, de veinte años a esta parte?

La tolerancia ante todo

A fines de los 70, Spielberg había dejado de ser una joven promesa. Ya había desembarcado en Hollywood con unos cuantos fenómenos de taquilla a cuestas, entre ellos Encuentros en la tercera fase [1977], aquel memorable "escenario ideal" de contacto con una cultura del espacio exterior, y E.T. [1982], cuyo protagonista devino en el alienígena con el que todo niño [y adulto, vamos] quisiera encontrarse. "Yo creeré en tí cada día de mi vida", le dice Eliot, el amiguito que lo adopta, cuando el alien yace en su lecho de enfermo y parece desahuciado. "E.T. ha llegado para mí también. Yo lo espero desde que tenía diez años", le comenta a Eliot un científico.

Hoy, cualquiera sabe que Spielberg cumplió en toda la línea: convirtió a cada tema que tocó en oro [basta recordar a Tiburón o En busca del arca perdida], llegando a producir éxitos con películas alejadas años luz de la vertiente fantástica con que se impuso en la meca del cine, como La lista de Schindler [1993] y Salvar al soldado Ryan [2000].

E. T., en 1982, rompió varios moldes. La sencillez narrativa, la eficacia humorística, la calidez de los personajes. Y... el mismo E.T. La criatura, creada por el artista Carlo Rimbaldi, no encarnaba el estereotipo del extraterrestre que todos esperábamos. Torpe y simpático, humanoide pero más parecido a un perro que a un ángel, E.T. era un monstruo aniñado que sólo quería divertirse y "llamar a casa". Ese bicho raro, inspira cariño y ternura en el espectador.

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