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E.T.
Reflexiones sobre la resurrección de un mito de la cultura popular

Buenos Aires [24-04-02]
Copete: "Tiene miedo. Está absolutamente solo y a tres millones de años luz de su casa." ¿Usted no lo protegería? Naturalmente. Por eso, 20 años después, regresa, aggiornado, para conquistar a la generación que no lo conoció. A propósito del reestreno, este artículo recupera las reflexiones que E.T. suscitó cuando la película constituía toda una novedad en la cultura popular. Los ingredientes son apetitosos: ciencia ficción, exobiología y religión.

Hace veinte años, los efectos especiales de E.T. parecían [en realidad, eran] alucinantes. Hoy, si se los compara con el acadabrante despliegue visual de A.I., el contraste causa gracia. Sin embargo, E.T. sigue siendo un film alucinante. Gracias a las nuevas tecnologías, el desvencijado celuloide que cuenta la odisea del pobre marciano perdido renace de sus cenizas y algunos críticos ya acusan a Steven Spielberg de haber introducido cambios que obeceden a decisiones de "corrección política" antes que artísticas. Por eso, el reestreno del film [que acompaña el lanzamiento de la primera versión de la película en DVD, que contene tanto la copia original como la mejorada] lleva a plantearse varios interrogantes. ¿Cuál fue el motivo de su éxito, en los albores de los ochenta? ¿Los cambios actuales son sólo cosméticos? Y si no es para tanto, ¿cuánto cambió el mundo, es decir los ojos del espectador, de veinte años a esta parte?

La tolerancia ante todo

A fines de los 70, Spielberg había dejado de ser una joven promesa. Ya había desembarcado en Hollywood con unos cuantos fenómenos de taquilla a cuestas, entre ellos Encuentros en la tercera fase [1977], aquel memorable "escenario ideal" de contacto con una cultura del espacio exterior, y E.T. [1982], cuyo protagonista devino en el alienígena con el que todo niño [y adulto, vamos] quisiera encontrarse. "Yo creeré en tí cada día de mi vida", le dice Eliot, el amiguito que lo adopta, cuando el alien yace en su lecho de enfermo y parece desahuciado. "E.T. ha llegado para mí también. Yo lo espero desde que tenía diez años", le comenta a Eliot un científico.

Hoy, cualquiera sabe que Spielberg cumplió en toda la línea: convirtió a cada tema que tocó en oro [basta recordar a Tiburón o En busca del arca perdida], llegando a producir éxitos con películas alejadas años luz de la vertiente fantástica con que se impuso en la meca del cine, como La lista de Schindler [1993] y Salvar al soldado Ryan [2000].

E. T., en 1982, rompió varios moldes. La sencillez narrativa, la eficacia humorística, la calidez de los personajes. Y... el mismo E.T. La criatura, creada por el artista Carlo Rimbaldi, no encarnaba el estereotipo del extraterrestre que todos esperábamos. Torpe y simpático, humanoide pero más parecido a un perro que a un ángel, E.T. era un monstruo aniñado que sólo quería divertirse y "llamar a casa". Ese bicho raro, inspira cariño y ternura en el espectador.

El escritor Ariel Dorfman, quien desde Para leer el pato Donald [1971] devino en analista implacable de la cultura estadounidense, desconfió de la ternura que despertaba aquel monstrenco "cruza de tortuga, insecto y feto". En 1983, escribió: "A riesgo de ser un aguafiestas, es necesario observar que E.T. no es un ser absolutamente raro, no significa para el público un verdadero desafío ni exige un ajuste a fondo de sus percepciones o costumbres como un auténtico ser extraterrestre probablemente lo haría". Su cabezota y sus ojazos -dijo Dorfman- "son rasgos típicamente infantiles y tienen por objeto provocar la automática adhesión de nuestra raza, el deseo de proteger y acariciar al pequeño".

Por entonces, Dorfman rescató que el film propusiera "tolerar a seres que no son idénticos a nosotros", lo que no dejaba de tener su mérito en la era Reagan. Pero, además, subrayó que el semblante del personaje, descarnadamente infantil, tiene la inteligencia de un recién nacido "al que se le debe enseñar todo". Y advertía: "El público norteamericano ha adoptado a E.T. como se adopta a tantos huérfanos del Tercer Mundo". Para el escritor chileno -si se considera que E.T. hereda los conocimientos de una civilización de diez millones de años de antigüedad- no podía decirse que fuera una criatura inteligente.

Rece o apiádese

Sin embargo, el chiste del extraterrestre de Spielberg es que había aterrizado en un mundo desconocido. Sus ojos eran azules porque el director se había inspirado en el color de los ojos de Albert Einstein. Por lo demás, si E.T. fuera argentino, en vez de "E.T. Phone Home" hubiera dicho "lo atamo con alambre": hacia el final del film, el alienígena prueba ser capaz de construir un sistema de comunicación interestelar utilizando un paraguas viejo y otros juguetes electrónicos tipo Sega que encuentra en el cuarto de Eliot.

E.T., como buen extraplanetario, es también un mesías extraterrizado. El sociólogo Jean-Bruno Renard destacó los paralelismos del film con la saga bíblica: como Jesús, E.T. desciende del cielo sobre la Tierra, es perseguido por fuerzas hostiles encarnadas por el mundo de los adultos [el de los científicos y el de la Policía, remedando al papel del Antiguo Imperio Romano], muere para salvar a Eliot [de aquí la noción de sacrificio], renace a la vida [Resurrección] y luego parte hacia el cielo [Ascensión]. La idea del sociólogo no está traída de los pelos: cuando E.T. roza la mano de Eliot con la punta de sus dedos lo hace de la misma forma que Miguel Angel representó el instante en que Dios creó a Adán, en el fresco de la Capilla Sixtina.

Dimensión religiosa

Si no hubiese una metáfora bíblica explícita en esta secuencia [algunos críticos llegaron a alegar que "el paralelismo es forzado porque E.T. es la obra de un judío" [¡¡¡ !!!] [2], es innegable que toda historia de contacto entre el hombre y un "ser superior" [sea extraterrestre, ángel o demonio] desvela una visión más mística que científica del Universo. A decir verdad, tanta conjetura es innecesaria: hace poco, el propio Spielberg se tiró de cabeza al meollo del asunto: "La ciencia ficción -aseguró- es la respuesta de la cultura popular a las preguntas de la metafísica, una forma laica de explorar el mito de la trascendencia" [3].

Otras observaciones son materia opinable. Renard, por ejemplo, encuentra rastros de la dimensión religiosa de E.T. en repliegues menos visibles del film, como el concepto de unidad con la naturaleza. Escribe Renard: "En E.T. se observa la actividad botánica de los extraterrestres, la relación paranormal  de E.T. con las flores, su vaga semejanza con un batracio o con una tortuga y su acción para impedir la vivisección de una rana en la escuela de Eliot" [4]. Tales aspectos ecológicos, señala Renard, engarzan con la mitología extraterrestre, compartida por quienes creen en la existencia de seres del espacio. El animalito extraplanetario, aparte de crísitico, es un humanista crítico a la usanza new age: desnuda las mezquindades terrestres enseñando que, 2.000 años después, tienen que venir de "allá arriba" para impartirnos una lección moral.

Lo curioso de estas disquisiciones es que ambas parecen tener razón. Pero ¿cómo se compatibiliza un marciano hambriento de afecto con una criatura mesiánica enviada por el Padre Nuestro que está en los cielos? ¿Puede el film significar varias cosas a la vez? Parece digno de destacar que las dos muestras más representativas de la primera entrega de la factoría fantacientífica Spielberg [que ofreció un toque de locura contactista y hermandad cósmica, en el caso de Encuentros en la tercera fase, e ingenuidad celestial, en el caso de E.T.], imprimieron un viraje dramático a la consabida tradición de alienígenas beligerantes, tendencia que retomarían en los 90 decenas de films y series [Expediente X, Men In Black., Independece Day, en plan de citar ejemplos conocidos], donde se ratificó que una invasión de depredadores del espacio era lo peor que nos podía pasar. Y así estamos.

El E.T. primitivo era un muñeco mecánico unas veces operado por un actor enano [el difunto Pat Bilon] y otras, accionado a control remoto. En 1982, la animación digital era una quimera y nuestro E.T. adolecía de serias limitaciones expresivas. La nueva versión viene con una nueva mezcla de sonidos, retoques gráficos que mejoraron la actuación del protagonista e incluye escenas que no fueron incluidas en la original. Pero otros cambios no son mero ornamento. Tienen tanto que ver con conjeturas ideológicas que, antes del estreno, algunos críticos alzaron voces de protesta por considerar que sus retoques eran parte de la ola de "reacciones desmesuradas" que siguió a los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001.

01 En la famosa escena de las bicicletas voladoras, los agentes de policía que persiguen a E.T. y sus amigos ya no llevan armas sino... walkie talkies.

02 En la cinta original, la madre de Eliot advierte a su hijo: "No, no irás [disfrazado] de terrorista" [al Halloween]. En la nueva versión, la frase fue sustituida por otra. Ahora Eliot "no podrá ir disfrazado de hippie a la fiesta".

Más retoques

Hay, en todo caso, más retoques que agregados: las reinserciones suman apenas tres minutos y medio a los 115 que tenía el film original. Y aquellos impulsos de "corrección política" -por usar el eufemismo que disfraza el más directo "parezcamos mejores de lo que somos"- endulzan aún más la bella amistad entre el visitante y Eliot versus el feroz asedio de sus cazadores.

En nombre de los estudios de Spielberg, Marvin Levy aclaró: "Hace unos cinco años, Spielberg dijo que -si tenía la oportunidad de hacer la película otra vez- querría quitar las armas"."Siempre lamenté el uso de las armas para detener a unos niños en bicicleta", se autocriticó el propio Spielberg en una entrevista en la que, de paso, calificó a esa escena como a "una de las de peor gusto" de su carrera.

En cuanto a los cambios en la ¿polémica? reprimenda materna, Levy explicó que la frase "ya había sido retirada hace años, en un reestreno en 1985 o dos años después, cuando [la película] salió en video". Tarde piaste, Levy: Kathleen Kennedy, a la sazón productora del film, ya había reconocido que la causa del cambio fueron los atentados del 11 de setiembre. Y el propio director remató: "No me parecía el momento de sonreir sobre el asunto".

Con todo, eso rojo no es sangre sino jugo de tomates que ni siquiera llegó al río. El reestreno a propósito del vigésimo aniversario lanzó anzuelos que pocos cinéfilos se resistieron a morder. Unos se relacionan con la nostalgia. Otros, con el morbo de ver a Drew Barrymore [Gertis, la hermanita de Eliott] cuando sólo era una niña. Y, por último, otras tuvieron que ver con la trastienda, como las escenas filmadas en su momento que luego fueron descartadas de la edición original [por ejemplo, aquella donde Eliot y E.T están juntos en la bañera y otras secuencias, ahora extendidas, como las que tienen lugar durante las celebraciones del Halloween].

Para la campaña publicitaria, Universal Studies lanzó el merchandising imaginable: un sinfín de estanterías ya exhiben alienígenas de juguete, chocolates de Hershey, batidos de Dairy Queen y productos alimenticios Kraft estampados con la figura del muñeco y, por primera vez en la historia del estudio, su popular logotipo -el del globo terráqueo que gira- es acompañado de la silueta de E.T. volando en bicicleta. "E.T. es uno de los puntales de nuestra compañía", explicó Ron Meyer, presidente de la Universal. "Tuvo un impacto duradero en la cultura, los valores y el legado de Universal", siguió. "El relanzamiento era algo que debíamos hacer, al margen de cualquier especulación comercial".

Ganancias

Pero no, no es reivindicación cultural todo lo que reluce. Desde su primer estreno, el 11 de junio de 1982, la película dejó ganancias por 702 millones de dólares en todo el mundo, convirtiéndose en el tercer film internacional más exitoso de Universal después de Parque Jurásico y El Mundo Perdido, ambas de Spielberg. Tras las ruidosas reposiciones aggiornadas de El exorcista y Apocalypse Now, cuyo éxito estaba garantizado antes del reestreno, no tratar de repetir el batacazo con E.T. hubiera sido una estupidez.

ET resucitó una vez más y hay que celebrarlo. Veinte años no es nada: los hombres seguimos siendo como el pequeño Eliot, creyendo en ET cada día de nuestras vidas, o como el científico solidario durante la agonía del visitante, que lo esperaba. Porque desde que tenemos diez años que lo estamos esperando.

Bibliografía:

[1] Dorfman, Ariel; Como se adopta a un huérfano, en Clarín, jueves 5 de mayo de 1983.

[2] La amistad más bella jamás filmada Artículo en Internet sobre E. T.

[3] Bizio, Carlo y Silvia; La inteligencia de Spielberg, Gatopardo NĄ 16. Agosto 2001. Colombia. Pp. 108.

[4] Renard, Jean-Bruno; Gli extraterrestri, Ed. Paoline, Torino, 1991. [Título original: Les extraterrestres, Les Editions du Cerf/Fides, Paris, 1988].

Enlaces:

Sitio oficial E. T.