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Por Alfons
Cornella
A. Cornella.es
profesor de ESADE
y responsable de "Extra-net!"

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La teoría del vuelo libre
Orden sin control en el partido de la vida
(29-9-99)

Hace unos días, un amigo me contaba las malas jugadas que le estaban haciendo en su empresa con el presumible fin de deshacerse laboralmente de él, así como de unos cuantos empleados más. Obviamente, no pude pronunciarme sobre su caso, puesto que no conocía los datos exactos ni tenía una idea formada del contexto. Pero su historia me recordó una situación parecida, que viví personalmente hace bastantes años (empiezo a ser algo mayor...).

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En esa experiencia, cada día que pasaba me sorprendía más de que la empresa en la que trabajaba pudiera seguir adelante a pesar de una dirección tan incompetente (o, al menos, a mí me lo parecía entonces...). A pesar de no tener ningún plan mínimamente inteligente, de que la dirección no supiera transmitir entusiasmo alguno a los miembros del equipo de trabajo (sino más bien lo contrario), y de que, en mi opinión, no se caracterizaban precisamente por entender hacia dónde iba el futuro, la empresa acababa cada día con un poco más de éxito (a corto plazo, o sea: facturación). Me rebelaba entonces pensar que quizás esos incompetentes tenían en el fondo razón, y que mi ilusión por el trabajo era un desvarío propio de la juventud.

Me llevó su tiempo entender que la empresa funcionaba porque nosotros funcionábamos. Porque cada uno asumía una responsabilidad superior a la que le correspondía en el organigrama teórico. Porque éramos tremendamente profesionales, de manera que los miembros de la más siniestra de las burocracias (recordáis las viñetas de "la oficina siniestra"? pues lo mismo pero en real...) no podían desanimarnos.

A veces cuando pienso en las críticas que reciben en genérico los funcionarios, recuerdo los ejemplos de algunos amigos y familiares que lo son, y que me explican cómo el milagro es que, a pesar de la incompetencia de quien debe tomar decisiones, la máquina sigue funcionando, cada día.

Sentido común

Posiblemente ya estáis perdidos, y no adivinéis de que va este mensaje. Pero antes de desvelarlo, un ejemplo más. En la comunidad de vecinos en la que vivo (bastante extensa, con algunos centenares de familias), los "primeros" pobladores quisieron imponer a los que iban llegando posteriormente unas normas más propias de una comunidad cuáquera del siglo XIX, repleta de reglas de lo que "no se podía hacer" (exagero un poco, pero algo así era...) que de una sociedad de personas civilizadas capaces de discernir mediante el sentido común si algo era permisible o no en el espacio común de la comunidad. La historia de la comunidad ha ido demostrando que, a pesar de que hay unas "leyes" escritas en unos papeles, la marcha diaria de la misma se basa en el consenso y en el sentido común colectivo.

Tanto el caso de la empresa que funciona a pesar de sus directivos, como en el de los funcionarios, como el de la comunidad donde vale más el sentido común que las reglas, quizás estén demostrando que estamos ya en una sociedad en la que es posible el "orden sin control". Que, a pesar de la influencia que ha tenido en este siglo el "paradigma tecnocrático" ("ante un problema, hay que hacer un plan y ejecutarlo"), hoy nos empezamos a dar cuenta de que quizás los mecanismos espontáneos, más propios de una evolución que de una planificación, pueden aportar mejores soluciones. Que en una sociedad de personas (civilizadas, valga la redundancia conceptual), no tiene ya sentido un control estricto mediante "reglas", sino el establecimiento de unos "principios" generales que definan las reglas del juego.

Quien intuya detrás de lo que digo a Hayek no se equivoca. Su propuesta de que las sociedades se construyen gracias a la combinación de un "orden construido" (taxis) y de un "orden espontáneo" (cosmos), es posiblemente una de las más acertadas de este siglo. Por algo celebramos ahora el centenario de su nacimiento.

Pero quizás hay mucho más. Cuando, por ejemplo, hay quien propone la idea del "vuelo libre" (free flight) para la navegación aérea comercial, según la cual, con la tecnología de comunicaciones actual, los aviones podrían volar de manera más libre, sin tener que seguir rutas especificadas, sino marcando a su alrededor una zonas de protección para evitar la colisión con otras naves; si las aves lo hacen, porque no nosotros?, quizás está mostrando que hay una salida, incluso en las situaciones más complejas, que no se basa en el "hay un problema, define una regla".

Evolución espontánea

Cuando reconocemos que "a veces la evolución espontánea puede hacer emerger soluciones que son mejores que las de los mejores ingenieros", estamos descubriendo todo un reto: que debemos entender la vida como un proceso, el tiempo como la clave de toda evolución, y el aprendizaje colectivo como la garantía del orden sin control.

Y cuando entendemos de verdad Internet, vemos que es la mejor plasmación de un sistema ordenado que nadie controla, y que evoluciona con unos niveles de espontaneidad nunca antes imaginados por el hombre... Internet solo tiene unos principios (el protocolo IP) y una infraestructura, y a partir de ahí todo se desarrolla gracias a la creatividad, la participación, y la interactividad de la gente. Porque Internet es, claro está, la gente...

Incluso en la política, son ya muchos los que desconfian, aunque solo sea por aburridos, de aquellos políticos que descalifican a otros por no tener programa... quizás porque estos últimos destacan por el peligroso vicio de escuchar a la gente, y de hacerles partícipes de la ilusión... Son ya muchos los que no esperan a que alguien defina grandes planes para solucionar los problemas, sino que se hacen voluntarios, actuan por si mismos, y nutren con su esperanza miles de ONGs.

Para este tipo de gente, que piensa que no hay un único futuro programable (diseñable por los tecnócratas), sino que hay tantos futuros como individuos; para esta gente que cree que en la diversidad está la fuerza y que en el equivocarse reside la fuente de todo avance; para esta gente que quiere escuchar y ser oída; para esta gente ya no hay derecha ni izquierda política... hay, simplemente, los que piensan en clave de futuro frente a los que miran al futuro con la nuca... Para estos "dinamistas", su partido es "el partido de la vida"...

Soy consciente de que este mensaje sonará raro en algunas latitudes en las que justamente se está clamando por algo de control, por algo de planificación... y que puede parecer un mensaje propio de una sociedad rica al inicio de su decadencia...

Sólo he querido compartir algunos pensamientos, que han surgido de la lectura de un fascinante ensayo sobre el futuro, "The future and its enemies" de la norteamericana Virginia Postrel. De obligada lectura si quieres que no te roben el futuro...

Y, finalmente, pon todo lo dicho no en clave de sociedad, sino en clave de empresa, y verás que sólo las empresas que renuncien al control estéril, y que apoyen la creatividad como motor de la ilusión, podrán sobrevivir...

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Más información:

Hayek

Vuelo Libre

Virginia Postrell

. Volar sin control ni colisión.

 

"¿No hay un

único futuro

programable,

sino tantos

futuros como

individuos"

 

 

 

. Hayek.

 

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