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Por Iñaki Arzoz y Andoni Alonso

Son licenciado en Bellas Artes y doctor en Filosofìa, respectivamente, por la Universidad del País Vasco.

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Hombre mirando a las estrellas
Origen y futuro de la cibernética
"Mugía el cielo nocturno/Nosotros ordenábamos a escondidas el cosmos y sobrevivíamos"

(Thomas Trastömer)

La última visita a Futurópolis nos ha dejado realmente conmocionados, intrigados ante el origen de nuestra idea del Futuro, y nos ha llevado a preguntarnos cómo nació esa pasión tan humana por conocer el porvenir. Por ello, en esta ocasión visitamos la parte más antigua de Futurópolis, pues nos han hablado de un extraño parque donde se alzan unos peculiares monumentos que datan de la fundación de la ciudad. Cuando llegamos, a la hora del crepúsculo, vemos a un hombre solitario que permanece de pie entre varios círculos de piedra que se extienden por el césped del parque, mirando absorto el cielo que comienza a cuajarse de estrellas.

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Es un hombre prehistórico, vestido de pieles y que porta un largo cayado, pero está muy lejos de parecer el salvaje incivilizado que algunos ignorantes creen erróneamente. En su penetrante mirada advertimos la llama de la inteligencia y el hambre de sabiduría, el ansia por descifrar ese misterioso y brillante cosmos de la bóveda el cielo. No cabe duda, es el chamán de la tribu, el observador paciente de los ciclos siderales, el padre de la ciencia astronómica sobre el que Juan Jose Ochoa Zabalegui especula en "Del Crómlech pirenaico" (Txertoa, 1998). Estos conjuntos de círculos de piedras (crónlechs o crómlechs) que encontramos en los paseos por el pirineo vasco serían según su fascinante estudio los monumentos pétreos de un culto celeste ya olvidado, acaso reflejado en la astronomía grecorromana y relacionado también con los seles o "saroeak"(estudiados por L. M. Zaldua y F. M. Ugarte, Roz Franz -Iowa- y Clive Ruggles -Leicester-) donde se mezclaba astronomía y astrología, mediciones y leyendas, ciencia y religión.

Saber astronómico oculto

Ya en 1969 Herta von Dechen (Frankfurt) y Giorgio de Santillana (MIT) mantenían la existencia de un saber astronómico oculto, sólo accesible para los iniciados, en los mitos y leyendas de los pueblos primitivos. En este sentido, estos crómlechs representarían estrellas, como Sirio, Formahault, o Capella, donde la magnitud y el brillo se representarían por el diámetro del círculo y las agrupaciones de éstos dibujarían las constelaciones de la Vía Lactea.

Su absorta actitud nos obliga a mantener una respetuosa distancia, y no nos atrevemos a interrumpirle con las numerosas preguntas que se nos ocurren porque sabemos que no habla nuestro idioma. Sin embargo, su postura y sus gestos indican sin duda la naturaleza espiritual de su contemplación, tal como Jorge de Oteiza, el artista visionario y "genius loci" vasco, ha afirmado en sus libros de antropología estética.

Las últimas revelaciones nos llevan a preguntarnos si verdaderamente existió esa impresionante cultura astronómica en una época tan remota. Desde luego la hipótesis no está exenta de objeciones, pero cada vez hay más estudiosos que la sostienen, desarrollando lo que se ha venido a denominar como "arqueoastronomía". Tapices, grabados rupestres, representaciones de alfarería de África, América precolombina o Asia nos hablan del indudable y extenso conocimiento astronómico de la antiguedad. Recientemente, por ejemplo, Graham Hancock (Heaven's Mirror, 1998) ha mantenido que las pirámides de Gizeh representan, además de un culto a la muerte, la constelación de Orión. Pero ya en 1965 la atrevida obra de Gerald Hawkins, Stonehenge Descifrado, proponía que este célebre conjunto megalítico era en realidad un enorme computador analógico "neolítico" para "calcular" eclipses, constelaciones y años lunares.

Arqueoastronomía

La arqueoastronomía nos revelaría así una rudimentaria computación que dedicada durante milenios al seguimiento e interpretación de los cielos condujo a la larga a las tablas alfonsinas, regiomontanas, etc, que Charles Babbage intentó corregir y aumentar con su "ingenio diferencial", el primer computador mecánico. Los círculos zodiacales fueron también el origen de esos 'diagramas de sabiduría' que, para practicar el arte mnemónico que I. Gómez de Liaño ha descubierto, viajaron de Grecia a Oriente convirtiéndose en mandalas, y que más tarde, recuperados en el Renacimiento, contribuirían a su vez a la filosofía tecnológica de los primeros ordenadores. Y ahora, como en una justificada paradoja, son esos mismos ordenadores y programas modernos -desde el potente IBM utilizado por Hawkins al humilde MacAstronomy de Zabalegui- los únicos instrumentos capaces de descifrar la enigmática complejidad de los inmutables monumentos megalíticos.

Ordenador de piedra

Cuando volvemos a mirar a este solitario y primer futuropolita en su "ordenador de piedra", lo sabemos alumbrando nuestra cibercultura, pues ésta es, indudablemente, hija de ese ensimismamiento sideral, de esa necesidad imperiosa por conocer el futuro de la tierra reflejado en los astros. En sus adivinaciones intenta encontrar el sendero del sol, el ciclo exacto de las estaciones y las cosechas, el sentido del caprichoso clima, ya que su supervivencia y la de su tibu le va en ello.

Y nosotros no somos tan diferentes. Necesitamos contemplar esa última frontera celeste con telescopios como el Hubble para saber si nos caerá un meteorito, para buscar planetas habitables, para contactar con inteligencias extraterrestres o para comprobar si el universo se contraerá en otro Big Bang o se halla en irrreversible expansión, esto es, para saber si la humanidad y el universo entero tiene su futuro escrito en las estrellas...

Sentimos una extraña emoción al saber que ese hombre tan lejano de nosotros en el tiempo, está muy cerca nuestra en cuanto a sus dudas y afanes, y que el pasado es una forma seminal del futuro, nuestro presente, y así sucesivamente.

Nos alejamos discretamente y dejamos a ese hombre frente al cosmos, que somos nosotros, que es la humanidad toda. El cielo está completamente oscuro y a lo lejos brilla Betelgueuse. El futuro, otro futuro, siempre el mismo futuro, nos aguarda...

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Más información:

Arqueoastronomía

. Los crómlechs, un misterio.

 

"¿Existió una

impresionante

cultura

astronómica en

épocas remotas?"

 

 

. Pintura astronómica de un templo maya.

 

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