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Por Iñaki Arzoz y Andoni Alonso

Son licenciado en Bellas Artes y doctor en Filosofìa, respectivamente, por la Universidad del País Vasco.

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Mr. King Lovelock
El Mono
Informático
 

El hombre no es sino el mono que ha equivocado su camino.

(Francisco Umbral)

Hoy vamos a realizar -a pesar de que siempre lo creamos así- la que probablemente sea la visita más desconcertante que nos ha tocado hacer a Futurópolis. Nuestro anfitrión es un ser inteligente, extremadamente inteligente, pero no es humano. No, no se trata de un futuropolita extraterrestre, que a buen seguro lo hay en esta ciudad cosmopolita y al que también esperamos visitar en un futuro no muy lejano, sino de un "mono", un simio inteligente...

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Su vivienda se encuentra en lo alto de un árbol tropical (dónde si no) del Parque Botánico de la ciudad, y después de subir por una escala de lianas-cables, comprobamos que es una réplica casi exacta de la coqueta choza arborícola que Tarzán compartiera con Jane y Chita en las viejas películas de la Metro. Allí nos espera Mr. King Lovelock, el simio inteligente más célebre de Futurópolis (un "bonono" o "pan paniscus", mono gregario original de Zaire y Kassai, la especie más parecida al hombre en cuanto a inteligencia -como la del famoso "Kanzi", capaz de comunicarse como un niño de 3 años- y, dada su promiscuidad, en cuanto a su comportamiento sexual). Amablemente nos ofrece unas frutas y un terminal de ordenador ­pues biologicamente es incapaz de reproducir la voz humana-, por lo que debemos comunicarnos por medio de un portatil conectado al suyo.

M. King se muestra extraordinariamente elocuente en las explicaciones de su singularidad (se nota que ha estudiado en una buena universidad) y nos cuenta todo lo que aconteció a su especie ­la de los simios inteligentes- y entre los que se ya se incluyen, además de los bononos, a otros grandes primates como chimpances, gorilas y orangutanes. Nos recuerda que la asombrosa capacidad de aprendizaje de los simios fue pronto el objetivo de los humanos, y cuyo desarrollo comunicativo-lingüístico fue estimulado y equiparado al humano gracias a modificaciones genéticas. M. King, con aire profesoral nos remite a la tradicional fascinación de los humanos por la inteligencia y la semejanza con sus 'primos' evolutivos. Cita el relato de Kafka, "El informe para una academia" donde un mono, a fuerza de voluntad consigue convertirse en inteligente y así mejorar sus condiciones de vida.

En el fondo, su historia no difiere mucho de la del propio ser humano, quien tuvo que volverse inteligente para poder sobrevivir en la cambiante naturaleza. También nos recuerda el desprecio de paradojas como la que propone Russell en el infierno del estadístico de "Pesadillas de hombres eminentes y otros relatos", donde todos los monos sentados ante una máquina de escribir producen inevitablemente una página de Shakespeare, o el best-seller "Congo", de Michael Crichton, donde un mono verbaliza gracias a un sistema de realidad virtual su lenguaje de signos, la novela del danés Peter Høeg "La mujer y el mono", y tantas otras de su vasta erudición en la materia.

Sin embargo él no se siente un caso literario, sino un heredero directo de esa verdadera subespecie de los monos experimentales de las universidades americanas, que desentrañaron la mente del simio con investigaciones como la de Dorothy L. Cheney y Robert M. Seifart ("How Monkeys See the World", Chicago Press, 1990) y, mediante el aprendizaje lingüístico intensivo, crearon "el golem peludo"(David y Ann James Premack).

Nueva generación

La generación que comenzó a utilizar ordenadores, como el gorila Koko, que manejaba más de 1000 palabras, o el chimpancé Washoe, cuyo aprendizaje y vida nos relata Robert Fouts en "Primos hermanos" (Ediciones B, 1999). Pero M. King tiene también un recuerdo emocionado para los especialistas sensibles a los problemas de los grandes primates como L. Leakey, Dian Fossey o Jane Goodall, y para los pensadores que argumentaron filosóficamente la defensa de los derechos de los simios como Jesús Mosterín ("¡Qué vivan los animales!" Debate, 1998) y especialmente del bioético australiano Peter Singer, uno de los promotores de "El Proyecto Gran Simio" (Trotta, 1997), iniciativa de más de 20 países en la ONU, inspirado por la tradición antiesclavista y cuyo lema es "igualdad más allá de la humanidad".

Todos ellos impulsaron amparo legal a los animales, y cuyo primer paso fue el reconocimiento pionero en el parlamento neozelandés del derecho a la vida y a la libertad individual, junto a la prohibición de la tortura de los grandes simios.

Pero el camino para llegar a ese amparo legal no fue fácil. Los monos sufrieron el "especismo", la última forma de discriminación y explotación de la humanidad después de la que los propios seres humanos sufrieron anteriormente, como el esclavismo, el racismo o el sexismo. Víctimas también de la biotecnología, fueron empleados como receptáculos para criar órganos (como el proyecto del Centro de Primates de Beaverton, donde se intenta clonar macacos), para experimentos médicos salvajes (se calcula que hay unos 1400 chimpancés de experimentación sólo en EE.UU.) o para investigaciones demenciales, sobre la que nos advierte el Doctor Stuart A. Newman (Universidad Médica de Nueva York), quien solicitó patentar en 1998, un método para hibridar chimpancés con humanos, precisamente para impedir su hipotética puesta en práctica.

Para este simio apacible, nada de esto tiene sentido, pues existen más cosas que hermanan a ambas especies que las que los separan. El patrimonio genético es casi igual (98,4%), ambas tienen alguna forma de cultura y muchas veces presentan un comportamiento similar e incluso se puede hablar de comportamiento moral también entre los simios (Frans de Waal, Bien Natural ). De ahí el interés que siempre despertó el estudio de los antecedentes comunes o "eslabones perdidos", entre los que se encuentra el "austrolopitecus garghi" (1999) y el deseo de encontrar ese gran simio antropoide que fuera el antepasado común de monos y seres humanos. Esta historia común ha desembocado en la inteligencia de los simios, y ésta debiera ser razón suficiente para establecer esa comunidad o hermandad entre monos y seres humanos, así como un nuevo "contrato animal" como propone Desmond Morris.

El activismo pacífico de Mr. King se enfrenta todavía a los "supremacistas humanos", que no quieren aceptar la nueva situación, y que continuamente los atacan acusándolos de quitar el trabajo a los seres humanos, sobre todo en el sector informático, pues para los monos éste fue el medio donde mejor desarrollaron su inteligencia, y donde han llegado a convertirse en los mejores hackers de todos los tiempos. "¡Claro!" -nos escribe M. King, haciendo gala de su ensayado humor autoirónico -"¿Cómo no vamos a movernos con agilidad en el ciberespacio si es una verdadera jungla?".

Nombre propio

Antes de despedirnos le preguntamos por las resonancias culturales de su curioso nombre, y su explicación está preñada de significado. El mismo se lo puso -nombre y apellido, nada de un coloquial apelativo, propio de animales domésticos-, combinando con ironía y reivindicación el nombre del mítico gorila gigante King Kong y el de "Lovelock", el mono capuchino genéticamente alterado para servir de asistente informático de una eminente "gaióloga" en la novela de Orson Scott Card y Kathryn H. Kidden "Lovelock" (Ediciones B, 1995). Su nombre y apellido, representan al ser natural y al ser artificial de su nueva especie,-y afirma con orgullo- "a ninguno de ellos quiero renunciar".

Creemos que ya le hemos entretenido demasiado pero todavía hay tiempo para preguntarle a qué se dedica ahora. La respuesta no debiera sorprendernos: ha comenzado una nueva campaña de activismo digital en aras del reconocimiento legal de los grandes computadores inteligentes ("Great Computer Proyect"), los ordenadores de 6ª generación, que ya han superado el "test de Turing", pero que todavía sufren la tiranía de los humanos. Recordando a su maestro Peter Singer teclea: "cuando un programa de ordenador sea consciente, tendrá derechos humanos", luego...

Lo dejamos navegando entre los grupos de discusión mixtos (humanos y simios) sobre "El Planeta de los Simios" (contundente y premonitoria película CF de F. Schaffner en 1968), una de las temáticas "mitológicas" favoritas de los "monosabios" en el ciberespacio.

Mientras descendemos torpemente por la escala de lianas-cables vamos pensando si hicimos bien en potenciar la inteligencia de los simios y si nosotros, soberbios humanos, no debiéramos haber aprendendido antes algo de su pacífica y natural humanidad; dudamos también de nuestro papel de manipuladores de la evolución, aunque todo lo compensa el hecho de tener otra especie inteligente junto a nosotros en nuestra exploración del futuro...

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Más información:

Mejor web de "El Planeta de los simios"

. ¿Pobre mono o pobre hombre?

 

"¿Cómo no

vamos a

movernos con

agilidad en

el ciberespacio

si es una

verdadera

jungla?"

(Mr. K. Lovelock)

 

. Hombre y mono, "primos hermanos".

 

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