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.La visión newtoniana es sustituido por el caos.
 

 

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"Se están

socavando los

cimientos de

los estados

liberales"

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.La regligión pierde poder.

 

 

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"Los proyectos de

sociedades regidas

por la razón o la

ciencia llegan a

una irracionalidad

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Ontología del ciberespacio
 
Perder el control

Pero el fin de la URSS no ha representado el fin de las amenazas a la integridad de los estados que crearon el "bloque occidental" durante la guerra fría. Los gobiernos estatales han perdido el control de la virtualización de la economía y de la información que ellos mismos propiciaron y empezaron a desarrollar. Las empresas transnacionales por un lado y millones de individuos informacionalizados por el otro están socavando -a voluntad o no- los cimientos de los estados democráticos liberales. Que, por cierto, son una invención propia de la sociedad industrial.

Mientras las empresas transnacionales intentan redondear (globalizar) una realidad virtual basada en la realidad del mercado, individuos y colectivos van conformando con su quehacer diario una amalgama indefinida y heterogénea, que para entendernos denominaremos cibercultura.

No hay declaraciones, pactos, constituciones ni textos sagrados que marquen programa u objetivo alguno para la cibercultura. Tampoco hay protagonistas, héroes, portavoces o interlocutores. Pero sería un error subestimar la cibercultura por su falta de marco definido, volundad explícita y actores identificados. En poco más de una década esta suma descentralizada de humanidades está resquebrajando con poca diplomacia tres monopolios seculares.

En primer lugar, el monopolio de la captación, intepretación y transmisión de la realidad ejercida por los poderes estatales y las industrias de la comunicación. A través de teclados, cámaras y micrófonos se están captando extractos digitales de realidad, se están diseñando e interpretando y se están distribuyendo de individuo/colectivo a individuo/colectivo gracias a las redes telemáticas y a un protocolo universal.

En segundo lugar, el monopolio del espacio físico, el territorio, definidor de la cercanía y la lejanía, así como de los contornos de las jurisdicciones. Se presenta la alternativa del ciberespacio, donde la comunicación, el intercambio y los desplazamientos virtuales se realizan bajo otros conceptos de proximidad y distancia.

Por último, el monopolio de la creación de la materia, los seres y los mundos. Si los humanistas del Renacimiento confiaron en la inteligencia humana para entender el universo, los humanistas de la cibercultura confían en esta misma inteligencia para reproducir virtualmente la realidad tangible y para crear otros mundos con otros moradores, otros roles y otras leyes de otras naturalezas.

Activistas

Por lo tanto, los activistas de la cibercultura están amenazando el espacio de poder y autoridad de los poderes y autoridades que han regido las vidas de los humanos durante casi toda su existencia: Dios y el Estado. Esta lucha se muestra más compleja cuando se descubre que las empresas transnacionales también están luchando por la conquista de poder en estos tres clásicos monopolios.

Del primero ya forman parte en cohabitación -aún- con los estados. Sobre el segundo han hecho grandes avances, consiguiendo el don de la omnipresencia con o sin digitalización. Y ya van en pos del tercero, de nuevo con o sin ciberespacio, ya sea investigando en realidad virtual, industrias del entretenimiento o códigos genéticos.

Sobre estos cuatro actores globales y sobre estas tensiones de derechos, participación y poder se podría construir el primer capítulo de la Sociedad de la Información. En el caso de que las tensiones fueran tan fuertes que generaran o degeneraran en conflicto cabría esperar toda serie de confrontaciones y alianzas, diferentes de las que caracterizaban las guerras de las sociedades industriales.

Guerra informacional

¿Os imagináis una Guerra Informacional? ¿Con pactos on-demand, frentes multilineares, explosiones en red, bajas comunicacionales, traiciones interactivas, guerra psicológica cifrada, héroes personalizados y acuerdos para la no utilización de armamento vírico?

Fuera como fuese el conflicto me imagino al Estado como primer perdedor, traicionado por las empresas transnacionales, repudiado por los interactores de la cibercultura y obligado a firmar un armisticio aun después de todo injusto. Fuera como fuese el conflicto me imagino como parte ganadora a la -una vez más, para entendernos- Madre Naturaleza. No sólo por ser una superpotencia universal en materia de virtualización, sino por ostentar un monopolio omnipresente que el ser humano no ha podido ni tan solo entender. Esto es, el monopolio del tiempo.

Más información:

Quim Gil dirige el web QUIM-ITER-APIA