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.Los dictadores han controlado la información.

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"Es la base

para un nuevo

diálogo

Norte-Sur

más justo"

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.La NASA impulsará el proyecto Rodrigo de Triana.

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"Una

verdadera

comunidad

internacional

no debe ver

a los países

extranjeros

como seres

diabólicos"

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La Aldea global II
 
 
Uno de los grandes aciertos de esta red intercontinental, es que el coste de comunicación es independiente a la distancia que separa el emisor y el receptor. Esto no es sólo una mera curiosidad tarifaria, sino que tiene una profunda implicación, pues significa que todos los habitantes del planeta por primera vez estamos en una misma comunidad horizontal, sin jerarquías, con iguales derechos, sin marginación por cuestión de lejanía o nacionalidad. Por ejemplo, a través de esta red actualmente se establece mucha cooperación laboral con ciudadanos de países del tercer mundo, que desde sus propios domicilios pueden realizar trabajos remunerados para empresas extranjeras sin necesidad de tener que emigrar a naciones más ricas, rompiendo sus raíces y privando a su tierra natal de una fuerza productiva necesaria para el progreso de su país.
 
Es la base para un nuevo diálogo Norte-Sur más justo. Es el principio de una auténtica democracia a nivel mundial donde no existen clases o grupos privilegiados que limiten el ejercicio y disfrute los derechos de los demás. Quizás dentro de pocos años sea normal encontrar a un joven hindú, que mientras cuida sus cabras en un lejano monte perdido en los confines del estado de Tamil Nadu, con un equipo portátil realiza un trabajo para una empresa de Nueva York.
 
Las leyes laborales son demasiado rígidas para adaptarse a situaciones especiales. Todos los agentes sociales implicados están siempre temerosos de perder los derechos y actitudes ya conquistados, por lo que impiden cualquier flexibilización. Sin irnos a lugares tan remotos, en nuestra avanzada sociedad una mujer con un niño recién nacido, pasado los cuatro meses que marca la ley, tiene que elegir entre renunciar a su trabajo o durante muchas horas seguidas renunciar a la compañía y cuidado de algo que, en la mayoría de los casos, es más importante, para ella, que su propia vida. El teletrabajo, al ser algo más flexible, también es más humano.
 
Frecuentemente los gobiernos recurren a un arma muy peligrosa, para solucionar momentos de crisis o para obtener ciertas reinvindicaciones frente a terceros: el recurrir al nacionalismo. Es muy tentador caer en la trampa de pensar que pertenecemos a un grupo privilegiado, frente a los que no son como nosotros, para justificar algunas demandas o hacer olvidar otros problemas pendientes de resolver. Bajo este aspecto es fácil entender conflictos bélicos, como la guerra de las Malvinas o los recientes y precipitados ataque de EE.UU. a Sudán, Afganistán e Irak. Una verdadera comunidad internacional, no debe ver a los países extranjeros como seres diabólicos, sino como sociedades integradas por individuos, donde cada uno vive su vida, con sus problemas cotidianos. Internet no interconecta países, sino personas. Si conseguimos ver el mundo como lo ve esta red, entonces será muy difícil poder justificar alguna guerra, por no decir imposible.
 
En la actualidad hay más de cincuenta millones de equipos interconectados y el número de usuarios sigue creciendo rápidamente. Hay quien se sorprende ante este hecho, pero la explicación es muy sencilla. ¡Hemos logrado conquistar un derecho que se lo apropiaron para sí los grandes poderes públicos!. Una auténtica revolución social, sin que existan víctimas. Lo cierto es, que esta red de redes es un medio de transmisión libre de ideas, datos, transacciones comerciales de forma cómoda atractiva, barata y además a nivel mundial. Es inútil ejercer censura en la prensa y secuestrar ediciones o cerrar la redacción. Hoy cualquier ciudadano desde su hogar puede consultar cualquiera de los cientos de diarios del mundo entero y conectarse fácilmente y de forma casi automática, mediante correo electrónico, con cualquier entidad y con muchos millones de personas de todo el planeta.

Tráfico de información

Desde hace unos años en EE.UU. el tráfico de cartas por correo electrónico es superior al de la correspondencia tradicional. No obstante todavía se trata de tecnologías que se han comenzado a aplicar de forma masiva muy recientemente, para que tenga una incidencia en nuestra manera de pensar. En un futuro próximo significará el fin de los monopolios comerciales, pues quien tiene un buen producto, puede anunciarlo y si tiene ventaja, en algún aspecto, a los que ofrece la competencia, tendrá mercado. Pero su éxito no estará basado en la presión por ser el único al que puede recurrir. Ya no se está restringido a lo que se ofrece en su entorno local. Habrá más competencia, muchas empresas se expandirán, mientras otras, ancladas en la mediocridad, no sobrevivirán al mercado telemático, con un resultado de mayor calidad por menor coste, desapareciendo muchos intermediarios del sector de servicios.

Esto obligará a una constante renovación y actualización de los medios productivos: una revolución industrial continua. Cada vez se primará más la iniciativa individual, frente al trabajo rutinario, para sobrevivir en una sociedad altamente competitiva. Este es el aspecto negativo de la nueva conquista de la libertad: se acabó la dulce tiranía de la esclavitud. La próxima generación habitará un mundo donde cada individuo tendrá que vivir al día, agudizando al máximo su ingenio. Será más complicado que nuestra cómoda vida actual, pero estarán condenados a ser más libres, con todo lo eso trae consigo.

Futuro por escribir

Todos los cambios sociales se deben de realizar con la velocidad y entusiasmo suficiente para que pueda ser asimilada por todos los individuos, sin que existan sectores que se sientan desbordados o marginados. Pues, como ha ocurrido en demasiadas ocasiones, durante épocas de confusión y desconfianza ante el futuro, la incertidumbre y la falta de consenso han llevado a grupos a exigir un nuevo orden que clarificara los significados, mediante una burdas concepciones de los deberes de los individuos y exaltación por la violencia de los símbolos del grupo, la patria, la raza, el equipo de fútbol o la religión, generando sistemas totalitarios con la anulación total de la libertad. En la segunda mitad de este siglo, estamos asistiendo al éxito sin precedentes de la democracia parlamentaria en todo el mundo, pero puede que no siempre siga así.

El problema de fondo excede la propia dimensión humana, como lo han demostrado los sicólogos , recuérdese el conocido experimento realizado con un perro, al que se le exigía distinguir estímulos que se convertían en indistinguibles: Primero se le mostraba un plato redondo con comida y otro elíptico vacío, tras un pequeño entrenamiento, el animal salivaba cuando veía el plato redondo, pero al presentarle platos redondos cada vez más elípticos y elípticos cada vez más redondos, se creaba unos trastornos nerviosos que sólo se solucionaban mediante una simplificación de sus hábitos: horas de comer y dormir perfectamente delimitada, ausencias de estímulos conflictivos, etc.

Unas tendencias similares a la que preconizan ciertos sectores de la población que, durante tiempos difíciles, apoyan movimientos políticos que sostienen un culto patológico al orden, la disciplina, la jerarquía y la fidelidad, sin ningún tipo de matización. Hace tiempo que superamos con éxito el orwelliano 1984, pero seguimos cruzando las fronteras de los años. El futuro está aún por escribir.

La NASA ha elaborado un proyecto, que lleva el nombre de Rodrigo de Triana, el primer marinero de Colón que avistó tierra. En diciembre del año 2000 se lanzará la nave espacial Triana, que ofrecerá una visión, en tiempo real, desde el espacio de nuestro mundo azul. Una visión donde no están señaladas las fronteras nacionales. Una visión, para que a través de Internet, todos nos podamos asomar a esa ventana siempre abierta, invitándonos a contemplar nuestro hogar, como una esfera en medio de la noche del cosmos, a millón y medio de kilómetros de distancia, y hacernos sentir ciudadanos de este gran, bello y frágil planeta.

Más información:

Miguel Herrero Uceda