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. M. Herrero.

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"Hasta los

tiempos

recientes, la

tasa de

analfabetismo

era muy alta"

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. La Libertad, símbolo de la Revolución francesa.

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"Desde el

inicio de la era

del ordenador,

los poderes

públicos

mostraron

gran interés

por su

potencial de

control"

 

 

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La aldea global
 
El largo camino hacia la libertad
 
A lo largo de la historia, cada vez que ha surgido un medio de comunicación, la oligarquía dominante ha tratado de controlarlo para someter al pueblo, limitando su libertad. Ahora, ante el alba de un nuevo milenio, oculto tras la sombra de la tecnología, ha crecido un medio de libre expresión, libre del control estatal, que une a ciento de millones de personas repartidas por todo el mundo, rompiendo las fronteras que imponen los gobiernos.
 
(Por Miguel Herrero Uceda)
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14 de julio de 1789, el hambre, los descontentos y los agitadores se adueñan de las calles de París, de forma espontánea la población se arremolina, se enardece y asalta la Bastilla, símbolo de la opresión del Antiguo Régimen. A las pocas semanas se promulga la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, que en su artículo undécimo fijaba un curioso derecho, el derecho de cada persona para imprimir libremente sus ideas. Pero, por desgracia, el pueblo, más que por la justicia, se dejó conducir por el resentimiento y el deseo de revancha, generando un cruento periodo de terror.

El derecho a la imprenta es un eficaz medio para limitar la prepotencia del estado, pues incluso en las actuales sociedades democráticas, es una fuerte tentación para todo poder político manipular la información que se ofrece a sus ciudadanos, para que de esta forma, ejercer mejor su dominio en cualquier sector de la sociedad. Históricamente, cuando ha aparecido un cambio tecnológico que ha creado un nuevo medio de comunicación, el Estado ha estado siempre al acecho, vigilante, para que no se le escape el control.

La escritura es muy antigua, pero hasta tiempos recientes, la tasa de analfabetismo era muy alta, aunque desde las esferas del poder, esto no se consideraba malo, muy al contrario era un medio de evitar que la población se "contagiara" de ideas que le hicieran mermar su productividad o generar rebeldía. En el siglo XIV a.C. un joven faraón idealista quiso cambiar todo el orden social, creó una nueva forma de escritura más sencilla, para que todos los habitantes supieran leer y escribir. Las clases poderosas y parásitas se opusieron, pues afirmaba que si los jornaleros supieran leer y escribir ¿quienes trabajarían los campos?.

Pocos años duró el sueño de modernidad de Amenofis IV en el antiguo Egipto, de sus reformas ninguna le sobrevivió, ni tan siquiera la nueva ciudad que él fundó, Aketatón. Los sacerdotes de Amón se encargaron de destruirla sistemáticamente. La tumba del siguiente faraón, de carácter débil, Tutankamón, es conocida por los tesoros que alberga, procedentes de donaciones de los estamentos agradecidos, por no evitar su retorno como focos de poder y opresión.

Europa conoció la imprenta en el momento en que se estaban consolidando los estados nacionales. Las monarquías acapararon el poder disperso de los antiguos señores feudales. No es casualidad que en aquella oscura época simultáneamente se activara la Inquisición contra toda difusión de nuevas idea que supuestamente esté en contra de lo establecido, como máxima expresión de la férrea censura que impusieron las naciones y la iglesia.

Concretamente, en el caso español, los escritores preferían imprimir en Flandes que en la propia España, pues aunque Flandes estuviera bajo la administración española, el peso de la corte y de la curia se sentía más lejano. En particular, todas las dictaduras, desde los Reyes Católicos hasta el franquismo, han temido siempre el poder de la imprenta, tanto es así que no sólo el uso propagandístico, sino simplemente la posesión no autorizada, estaba severamente castigada por el código penal.

Siguiente innovación

La siguiente innovación tecnológica de transmisión de información, vino con la radio, que hizo su debut cuando las revoluciones burguesas ya habían conseguido eliminar los privilegios de la aristocracia. Era la época del liberalismo, del "laissez faire". Los gobiernos no pusieron demasiadas trabas en conceder licencias a emisoras, pues quien las controlaban eran entidades que podían afrontar la inversión, es decir, procedían de la alta burguesía. Las naciones podían dormir seguras, sabiendo que nunca difundirían ideas que fueran a quebrantar las bases de la estructura nacional

Cuando las televisiones comenzaron a emitir programas con regularidad, eran los tristes años de la posguerra mundial, Europa estaba deshecha. En esos difíciles tiempos, el papel del estado, como fondo inversor, era fundamental para reconstruir y modernizar los países. Una vez pasados estos primeros años, la televisión europea anacrónicamente siguió controlada por el estado y con el transcurso del tiempo, a regañadientes ha cedido algunos canales a la iniciativa privada, guardándose siempre varias cadenas, como reliquia de su antiguo monopolio y garante del poder político tanto a nivel estatal como regional.

Ahora, en el albor de un nuevo milenio ha surgido un nuevo medio de comunicación y difusión de ideas, de la mano de la telemática. Esta nueva tecnología procede de la fusión de otras dos anteriores: la informática y las telecomunicaciones. Desde el punto de vista de los derechos humanos y la libertad individual, se ha mirado con recelo ambas disciplinas, pues a medida que se han ido introduciendo las nuevas tecnologías, se han creado bancos de datos, donde aparecen los viajes que hemos realizado, las operaciones bancarias, las declaraciones de impuestos, etc.

Son datos personales sobre nuestra intimidad que permanecen grabados. Aunque la constitución protege el derecho a la intimidad, ¿debemos sentirnos seguro cuando nuestro propio Ministerio de Hacienda, en sus anuncios, nos intimida con imágenes que proceden de centros de cálculo?.

Desde el inicio de la era del ordenador, los poderes públicos mostraron nuevamente gran interés por el potencial de control que se le entregaba, no sólo para luchar contra el fraude fiscal, sino para aislar personas que se manifestaban en contra de las resoluciones del gobierno. Tal es el caso de una base de datos creada en los años 60 por el ejército de los Estados Unidos, para prevenir disturbios. En los datos aparecían grabaciones realizadas en universidades, reuniones públicas, manifestaciones contra la guerra de Vietnam, etc. La mayoría de las personas que figuraban en sus datos sólo se habían limitado a ejercitar su derecho a la libre expresión. ¿Qué uso se podría haber dado a esas bases de datos, si caen en manos de un sicópata?. Nunca se sabrá hasta que punto se llegó a utilizar esta información.

La otra cara

Sin embargo existe otra cara luminosa ante este hecho real, me estoy refiriendo a la red Internet, que ha evolucionado de forma totalmente inesperada por el propio promotor, alguien tan vigilante del "buen" orden establecido, por encima de cualquier otra consideración, como es el ejército norteamericano. Quizás por ser un fenómeno tan reciente, que se ido adentrando poco a poco en nuestra sociedad, aún no podamos juzgar con la suficiente perspectiva lo que este medio significa para el mundo.

La idea de Internet, tal y como es hoy, no apareció de pronto, el primer antecedente se sitúa en 1969, durante la guerra fría, en plena guerra del Vietnam. El Departamento de Defensa de EE.UU. financió el diseño de una red de transmisión de datos descentralizada, que siguiera siendo operativa aun cuando la red estuviera destruida en un alto porcentaje por un ataque nuclear masivo. Está red fue conocida por el nombre de ARPA.

Con el tiempo se pensó en la necesidad de interconectarse con otras redes existentes y con organismos de la administración civil. Las universidades y centros de investigación también quisieron entrar, para interconectarse entre sí, se separó la red militar, cruzó el Atlántico y se enlazó con redes de otros países, así fue creciendo, de forma acelerada. El año 1983 se toma como la fecha del nacimiento de Internet, aunque en este acontecimiento no hubo celebraciones, porque no fue hasta bien entrado esta década cuando empezó a tener carta de acontecimiento social. Lo bueno es que ha sabido mantener ese espíritu de descentralización. Nadie manda en la red, ni hay royalties, porque nadie es propietario de la red, cada servidor se encarga de alargarla un poquito más. No hay más censura que la que se puede recurrir judicialmente por difamación y calumnia.

Es el derecho, actualizado de la utilización de la imprenta, que proclamaron hace poco más de dos siglos en Francia. El flujo de información en los últimos tiempos ha crecido exponencialmente. Tenemos derecho a manifestar nuestra opiniones, pero hasta ahora los soportes tradicionales eran muy caros, sólo disponibles poseyendo una sólida base económica. Una sociedad verdaderamente democrática y plural debe generar la suficiente diversidad de medios, que eviten la aparición de monopolios informativos.

La red conecta cientos de millones de centros y hogares repartidos por todo el mundo. Lo que aparece en la red, se puede consultar desde cualquier lugar de la Tierra, incluso aunque no se disponga de red telefónica, pues puede realizarse vía satélite. No hace mucho, una expedición de jóvenes españoles en los Andes se llevó una antena parabólica para leer la prensa diaria que se publica en España y consultarla desde esos remotos lugares. Ya no existen fronteras para la información, no existe una única versión oficial sobre ningún asunto, ya que se puede cotejar cómo es, lo que ha ocurrido, desde la perspectiva de otro punto de vista o de otro país.

 

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