Por Iñaki Arzoz y Andoni Alonso

Son licenciados en Bellas Artes y doctor en Filosofìa, respectivamente, por la Universidad del País Vasco.

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Alan Sokal
Su caso, verdaderamente polémico y estimulante
22-06-00

Nuestra investigación persevera en realizar la caracteriología de los diversos personajes que pueblan la cibercultura contemporánea. Hasta ahora hemos visto una amplia galería de escépticos e iluminados, pero con ambas categorías no agotamos nuestra heteróclita cibercultura. Nos faltaban los personajes ambivalentes, ni héroes ni antihéroes, como el autor que hemos elegido en esta ocasión: Alan Sokal. Su caso, verdaderamente polémico y estimulante, nos habla del importante papel de los científicos en la cibercultura, por lo que no puede ser más oportuno intentar analizar todas sus facetas.

Invención cultural

Alan Sokal. Este físico norteamericano, un oscuro profesor de la Universidad de Nueva York dedicado a la teoría cuántica, cierto día, cansado de tanta blasfemia pseudocientífica, se vió llamado a dar una respuesta contundente a los filósofos postmodernos que no tenían el menor reparo en abusar de la virginal pureza de la Física. Así que en 1996 redactó y envió a una prestigiosa revista de estudios sociales de tendencia postmoderna -"Social Text"- un artículo que ya se ha convertido en célebre: "Transgredir las fronteras: hacia una hermeneútica trasnformativa de la gravedad cuántica"

En este artículo, Sokal, preso de un travieso espíritu vengador, introducía una cascada de errores científico-conceptuales flagrantes, extraídos de citas de autores postmodernos, ocultos en el boscaje de la típica verborrea pedante de esta filosofía, que concluía con la enormidad de que la ciencia es una invención cultural opresora. El texto fue aceptado y publicado; y a continuación Sokal envió un nuevo texto a la revista, "Transgredir las fronteras: un epílogo", donde desvelaba el fraude. El artículo no fue publicado, alegando que 'no se atenía a sus pautas de calidad intelectual', pero el escándalo ya había estallado; el texto se publicó en numerosas revistas de todo el mundo y dio lugar a una serie de réplicas y comentarios, y a una sabrosa polémica, sobre todo en Europa.

Contextos falsos

Mientras tanto a alguien se le ocurrió que no sólo Sokal tenía razón respecto a la intrusión del posmodernismo en la ciencia, sino que la crítica se podía extender a todo el postmodernismo en general. Así, aparece en Internet el "Postmodern Generator" creado por Andrew C. Bulhak, un programa que genera infinitos textos postmodernos, introduciendo simplemente una serie de palabras "ad-hoc". Bulhak afirma que es posible generar automáticamente y de forma recursiva textos en contextos faltos de gramática y que, sin embargo, pareciera que tenían sentido (una curiosa interpretación de las máquinas poéticas de Queneau y Pérec pero con una finalidad completamente maliciosa). Los textos académicos postmodernos eran, en su opinión, los mejores modelos para imitar.

No podemos certificar que este programa acabe con el postmodernismo -tendencia filosófica a la que debemos tantos elementos positivos como negativos-, pero resulta una delicia generar textos como "Madonna and predialectic capitalist theory" o "Tarantino and textual Marxism". Y tampoco hay que ignorar la sugerencia que en su día realizara Haro Tecglen acerca de la posible validez de alguno de estos textos azarosos...

Movimiento estratégico

Pero, para Sokal el objetivo no estaba en Estados Unidos porque, entre los boyantes departamentos de ciencias -donde Sokal es un héroe- y los misérrimos departamentos de Humanidades norteamericanos -el blanco inmediato de su ataque-, no existía posibilidad alguna de generar una polémica que alcanzara cierta resonancia social.

El objetivo de la cruzada debería ser más ambicioso, esto es, la fuente corruptora del postmodernismo. Sokal inicia entonces un segundo movimiento estratégico, la publicación de un artículo en la revista Lingua Franca, titulado A Phyisicist Experiment with Cultural Studies (Mayo/Junio 1996) que se convierte, más allá de las escaramuzas anteriores, en una verdadera declaración de guerra a todos los enemigos de la ciencia (postmodernos, relativistas y constructivistas) que se materializó en su libro Imposturas Intelectuales (Paidós, 1999) escrito en colaboración con Jean Bricmont, profesor de física teórica en la Universidad de Lovaina. Con la publicación de su libro, primero en francés, pretendían que sus misiles intercontinentales alcanzaran de lleno a la madre patria del horror postmoderno -Francia-, que infecta al mundo anglosajón.


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[ Sokal tenía razón respecto a la intrusión del posmodernismo en la ciencia]