Por Iñaki Arzoz y Andoni Alonso

Son licenciados en Bellas Artes y doctor en Filosofìa, respectivamente, por la Universidad del País Vasco.

¿Quieres mandarle un e-mail a Iñaki?

¿Quieres mandarle un e-mail a Andoni?
Página II

Peso social

Así, el libro se convierte en un ajuste de cuentas a supuestos charlatanes franceses como Lacan, Kristeva, Lyotard, Baudrillard, Deleuze y Guattari, los cuales, casualmente, representan la "grandeur" filosófica francesa (siempre en dura pugna con Alemania). Y hete aquí que el nuevo objetivo fue alcanzado de lleno; Francia es un país donde los intelectuales sí tienen peso social y donde era posible crear una buena alharaca. Pues el libro no sólo pretendía denunciar los errores científicos o matemáticos de estos filósofos, recogidos en la primera parte.

En la segunda, le tocaba el turno a filósofos de la ciencia como Kuhn y Feyerabend, las 'bestias negras' de los cientifistas, propagadores de la herejía relativista que alimenta y justifica el postmodernismo. Evidentemente su crítica se vuelve más sutil y difícil de argumentar, aunque desvela la verdadera polémica que ocultaba la broma inicial. Inmeditamente, los "damnificados" por el "affaire Sokal" respondieron con la publicación de las Impostures scientifiques (La Decouverte, 1998) y la continuación de una polémica de acusaciones cruzadas como refleja el nº65 (1999) de la revista Letra Internacional sobre "La guerra de las ciencias".

Espíritu puritano


En medio han aparecido centenares de páginas webs y grupos de discusión, que han convertido a ésta, seguramente, en la polémica científico-humanística más sintomática de nuestro fin de milenio. Maliciosamente, uno de los afectados por tal revuelo, el filósofo francés de la ciencia Bruno Latour, ha insistido en la vieja querella política contra el imperialismo americano para explicar la polémica, afirmando que en realidad, Francia, se ha convertido en la Colombia filosófica que trafica con sustancias "duras" como la deconstrucción, totalmente vetadas para el espíritu puritano americano, conocido por su endeblez intelectual.


Por el contrario, Sokal, un declarado y activo científico izquierdista (no se cansa de recordar que fue voluntario a la Nicaragua revolucionaria) se siente, según sus propias palabras, como un Elliott Ness, limpiando el mundo de gángsteres intelectuales, mayormente franceses, que infestan las universidades.

Algunos errores


El caso es que mientras Sokal afirma que le mueven razones "humanitarias" -que no humanísticas-, los atacados sostienen que Sokal es un científico advenedizo con hambre de estrellato que no duda en provocar una refriega tabernaria con oponentes, en apariencia, tan poco sólidos. El propio lector ha de juzgar por su cuenta este aspecto; para ello puede
consultar este artículo o la jugosa entrevista que le hiciera la revista "El Viejo Topo"(nº132, Septiembre 1999), en la cual Sokal es sometido a un duro marcaje, donde cae en algunos errores de apreciación y se demuestra lo aventurado de algunas de sus conclusiones. Si Sokal es un héroe o un antihéroe de la cibercultura es menos importante, insisitimos, que analizar el caso. Nuestras objeciones a Sokal son otras, y cremos que más certeras. A saber:

1º No se puede extrapolar una legítima crítica literaria contra el pecado de la pedantería a una crítica global a una teoría filosófica (más cuando, el abuso de la terminología científica es un efecto de la sacralización de la ciencia)

2º Al escribir su libro, Sokal, ya no habla como científico sino como inopinado filósofo de la ciencia que, por otra parte, desconoce profundamente esta disciplina, incumpliendo así su propia regla de opinar sólo sobre su especialidad (la física)

3º Sokal es de hecho un filósofo postmoderno, ya que utiliza uno de sus recursos literarios predilectos de esta tendencia filosófica -la parodia- y abre la caja de Pandora a todo tipo de fraudes filosóficos

4º Como físico no ha denunciado los fraudes e intromisiones de sus colegas en la filosofía y la teología, como el caso de su compatriota Frank J. Tipler (Ver artículo anterior en Bitniks ), frente a cuyos delirios, los abusos de los filósofos postmodernos son minucias. En fin, como puede comprobar el lector, el caso es verdaderamente serio, y habrá que esperar a que, al menos, nos ayude a sondear las conflictivas relaciones entre las diversas disciplinas en la era de la cibercultura.
 


[ Sokal utiliza uno de sus recursos literarios predilectos de esta tendencia filosófica -la parodia-. ]