Por Iñaki Arzoz y Andoni Alonso

Son licenciados en Bellas Artes y doctor en Filosofìa, respectivamente, por la Universidad del País Vasco.

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Ramon Llull
Un 'tecnológico' en la Edad Media
04-10-00

Continuamos con esta serie de artículos-retrato sobre los héroes y antihéroes de la cibercultura, recuperando, esta vez, a un antecendente lejano y a la vez clásico de la informática, el monje mallorquín Ramon Llull. Dado el carácter, eminentemente paradójico de nuestro personaje, resulta difícil asignarle una categoría como héroe o antihéroe. De lo que no cabe duda es que, a pesar de que su pensamiento se ha olvidado hoy en día, ha tenido una enorme influencia, aunque subterránea, en la larga gestación de la cibercultura.

Por ello no es de extrañar que cualquier historia de los ordenadores o de la Inteligencia Artificial lo destaquen como uno de esos extraños pensadores que, en mitad del escolasticismo, propuso una curiosa versión pre-tecnológica de una "máquina para pensar".


Obras filosóficas

Ramon Llull (1232-1316) fue un noble mallorquín que, según refieren las crónicas, llevó una vida alocada, de caballero mujeriego y orgulloso; se casó y tuvo dos hijos pero al tiempo se le consideraba " el mayor pecador de Mallorca y alrededores". Pero de manera repentina experimentó una súbita conversión, provocada por la visión de Cristo en la Cruz, en 1265. Arrepentido de su vida anterior y preso de un celo misionero, dedica su vida a escribir obras filosóficas y teológicas y a desarrollar una predicación tan perfecta que persuada a los infieles de manera irrevocable. Y para ello se entrevista con el Papa y diversos príncipes, a fin de fundar escuelas donde se enseñen las lenguas orientales, para preparar adecuadamente a los misioneros (él mismo aprende árabe y su cultura).

Una segunda visión en el Monte Randa, donde contempla los atributos divinos reflejados en el universo, le lleva a concebir la idea de un pensamiento unitario, basado en los atributos divinos y que además se pueda formalizar, la cual servirá de inspiración para su 'Ars magna'. Llull fue un incansable predicador y justamente su afán misionero es lo que le conducirá a la muerte, ya que, siendo un octogenario, murió apedreado en Túnez por los "infieles". Polemista y misionero, también dedicó un gran esfuerzo a consignar por escrito su pensamiento.

'máquina de razonar'

Su producción abarca todos los géneros, desde libros de aforismos como el 'Libro del amigo y del amado' (Planeta, 1991) y sobre todo 'El libro de los proverbios' (Miraguano, 1989), a novelas semiautobiográficas ('Blanquerna', Univ. de Valencia, 1992), pasando por bestiarios ('El libro de las bestias', Sufi, 1997), libros de devoción ('Llibre de la contemplación de Deu', Miguel Font, 7 vols. 1987-1994) y naturalmente libros sobre su "ars inveniendi" ('Ars Magna', Ed. Patrimonio Nacional, 1990). Se le atribuyen con certeza unas 250 obras, aunque durante la Edad Media y el Renacimiento se le atribuyeron muchas más, algunas de ellas de carácter mágico y alquímico, siendo precisamente todos estos apócrifos los que hicieron que se le considerase posteriormente y con gran injusticia, una suerte de hermético fantasioso sin interés alguno.

Para la cibercultura, su logro más notable es su propuesta de una máquina de calcular pensamientos, cuyo antecente más directo es la 'zairja' árabe (vid. Pamela McCorduck, 'Máquinas que piensan', Tecnos, 1991) y que está relacionada tanto con el arte de la memoria y con los mandálicos "círculos de sabiduría" que estudia I. Gómez de Liaño. La idea combinatoria que da sentido al mecanismo, por otro lado, proviene también del cabalismo español de la época, como el que representan Abulafia y Yehuda Ha-Levi. Su 'máquina' de razonar se compone de dos círculos concéntricos divididos en casillas. En cada casilla aparece un atributo divino y moviendo los círculos se generan diversos enunciados sobre la divinidad.

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[ Llull fue un incansable predicador y justamente su afán misionero es lo que le conducirá a la muerte.]