Por Iñaki Arzoz y Andoni Alonso

Son licenciados en Bellas Artes y doctor en Filosofìa, respectivamente, por la Universidad del País Vasco.

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Antonio Rodríguez de las Heras
Un pionero entusiasta de la tecnología
06-11-00

En el artículo anterior recordábamos a Ramon Llull, uno de los antecedentes más célebres de la cibercultura mundial. Pero nuestra cultura no sólo ha aportado grandes personalidades en el pasado, sino que también en el presente podemos señalar figuras valiosas en diferentes ámbitos como Javier Echeverría o Joaquín Dols, que en nada desmerecen de los expertos internacionales y que ya hemos abordado en nuestra columna electrónica como héroes positivos de la cibercultura.

Siguiendo esta línea de investigación, en esta ocasión, vamos a tratar del que quizás sea nuestro teórico más importante sobre el hipertexto, una materia que interesa a todas las áreas de la cibercultura y que verdaderamente constituye su núcleo.

Pionero visionario

Antonio Rodríguez de las Heras (1947). Este profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, actualmente decano de la facultad de Humanidades, ha sido y es sin duda un pionero visionario, a la antigua usanza y en el mejor sentido de la expresión, de las inmensas posibilidades de las nuevas tecnologías. Desde un campo aparentemente ajeno a éstas como es la Historia y a contracorriente de sus colegas académicos, supo vislumbrar la revolución tecnológica y aplicarse a su estudio y experimentación.


Su propia trayectoria vital ya muestra la inquietud y la versatilidad, imprescindibles para comprender este nuevo mundo tecnológico.


Una segunda visión en el Monte Randa, donde contempla los atributos divinos reflejados en el universo, le lleva a concebir la idea de un pensamiento unitario, basado en los atributos divinos y que además se pueda formalizar, la cual servirá de inspiración para su 'Ars magna'. Llull fue un incansable predicador y justamente su afán misionero es lo que le conducirá a la muerte, ya que, siendo un octogenario, murió apedreado en Túnez por los "infieles". Polemista y misionero, también dedicó un gran esfuerzo a consignar por escrito su pensamiento.

La Historia del Tiempo Presente

Comenzó estudiando física pero más tarde se interesó por la Historia. Y en esta disciplina también fue un pionero, al proponer una especialidad que se estaba gestando pero que en su momento era completamente inédita en nuestro país: la Historia del Tiempo Presente. Esta especialidad, a diferencia de otras, entiende que a partir de 1945 entramos en una etapa radicalmente diferente, donde los acontecimientos tienen un carácter global y no se pueden analizar dividiendo el mundo en estados y países.


Para enfocar esta nueva materia, Rodríguez de las Heras elaboró nuevos medios de análisis histórico, como su 'topología del discurso', en el que las relaciones conceptuales, creadas por los medios de comunicación, ponen de manifiesto la consistencia ideológica de los discursos que conforman la historia.


Al mismo tiempo, justo al comienzo de su trayectoria como profesor universitario, se interesó por la confluencia entre las tecnologías de la información y los estudios de Humanidades. Hablamos de finales de los años setenta, cuando generalmente los ordenadores personales no tenían disco duro y la transferencia de datos se medía por centenares de baudios y no por los kilo o mega actuales. La metáfora del ordenador era todavía la de un cerebro de latín al tiempo que aparecía como una amenaza para la ciudadanía (cuando sólo instituciones como los ministerios de Hacienda y del Interior disponían de los ordenadores más potentes).

El mundo contemporáneo

En esos años heroicos de la cibercultura, cuando la tecnología inforática era un mundo superespecializado -una hermética "caja negra" sólo para un reducido grupo de expertos-, la idea de que los ordenadores podían ser empleados para algo diferente a las labores de las ciencias "duras" o al control de los ciudadanos, era poco menos que una herejía. Pero, en opinión de Rodríguez de las Heras en su libro, 'El espejo borroso, una lógica de la organización' (Univ. Cáceres, 1984), el ordenador se convierte entonces en un instrumento privilegiado para la enseñanza de las humanidades, especialmente de la Historia, ya que puede desarrollar métodos y procedimientos específicos que ningún otro enfoque convencional puede abordar.

Los años noventa han demostrado lo acertado de su pronóstico, mostrándonos cómo ni desde el bachillerato ni desde la universidad, se podría entender el mundo contemporáneo (convertido en cibermundo globalizado) y la transformación epistemológica consiguiente, sin la mediación de estas nuevas tecnologías informáticas.


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[ Se interesó por la confluencia entre las tecnologías de la información y los estudios de Humanidades. ]