Por Alex Lamikiz

A. Lamikiz es editor de Bitniks.

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PáginaII

Debatesde salón

Si antes decíaque no estaba dispuesto a entrar en disquisiciones intelectuales sobre "¿quées la cibercultura?" es porque estoy convencido que no hay que perderel tiempo en debates de salón. Es el momento de pasar a la acción.Es hora de preguntarnos: ¿a qué aspira la cibercultura? o¿es que acaso este movimiento se va a conformar con haber creadolos códigos estéticos imperantes en los primeros añosde siglo XXI?

"Evitar que los ciudadanosacabemos convertidos en clientes". Ese es el objetivo que debe perseguirhoy la cultura digital. Hay que retomar la advertencia lanzada por AldouxHuxley en los años 30. "En una época de tecnologíaavanzada, el mayor peligro para las ideas, la cultura y el espíritupodría venir antes bien de un enemigo de rostro sonriente que deun adversario que inspire terror y odio". ¿Y cómo loconseguimos? ¿Cómo se desenmascara al "enemigo de rostrosonriente"?

La tarea es difícilpero no imposible. En primer lugar hay que tener en cuenta que las multinacionalesse han convertido en verdaderas máquinas de seducir. No sólodisponen de importantes recursos financieros para publicidad y marketingsino que además controlan el accionariado de los principales mediosde comunicación.

Punto débil
Sinembargo cuentan con un punto débil sobre el que todavía nose ha reflexionado lo suficiente. Sus ingresos provienen de los consumidores.Somos nosotros quienes decidimos en última instancia qué productostienen éxito y cuáles no. ¿Qué pasaríasi los ciudadanos empleasemos las nuevas tecnologías para organizargrupos de presión? ¿Por qué no demandar a las multinacionalesun comportamiento ético?

Ha llegadoel momento de reivindicar el consumo "concienciado". Hay que preguntarsequé hay detrás de campañas como "Piensa diferente","Conecting People" o "Sabemos lo que te gusta". ¿Explotanestas empresas a sus trabajadores? ¿Pagan igual a hombres que a mujeres?¿Contaminan? ¿Destinan parte de sus beneficios a proyectosde ayuda al Tercer Mundo? ¿Evaden impuestos? ¿Tratan correctamentelos datos que obtienen de los consumidores? ¿Tienen programas deapoyo a las minorías raciales?...


Hay que decirles a los expertos de marketing que el nuevo consumidor demandaética, no estética. Que no le van engañar con seductoresspots de TV, caras guapas, colores fosforescentes o la cancioncilla de moda.Que a partir ahora exige algo más. Y si algo puede aportar la ciberculturaa este movimiento es su "saber hacer" para organizar redes deciudadanos.


Una de las ventajas deInternet es que favorece notablemente la conspiración. Ahora, graciasa "La Red", se puede conspirar comodamente desde la oficina oel salón de casa contra la multinacional de turno, el políticocorrupto, o la institución pertinente... Una actividad, por cierto,muchísimo más interesante para el ciudadano medio que verla televisión. En este sentido es importante señalar el éxitodel movimiento pro-Tarifa Plana en España o de la cumbre anti-globalizaciónde Seattle. Dos movimientos de protesta que se han fraguado en y graciasa Internet.

Es el momento de retomarel espíritu "cyberpunk" (en el sentido erxpresado anteriormentepor Timothy leary) y decir con orgullo: "Me gusta la tecnologíay, además, se emplearla para hacer valer mis derechos, ¿pasaalgo?".
 


[ Ahora,gracias a "La Red", se puede conspirar comodamente desde la oficinao el salón de casa contra la multinacional de turno, el políticocorrupto, o la institución pertinente... ]