Por Iñaki Arzoz y Andoni Alonso

Son licenciados en Bellas Artes y doctor en Filosofìa, respectivamente, por la Universidad del País Vasco.

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Gottfried Wilheim Leibniz
Tanta curiosidad como talento
15-01-01

Gottfried Wilheim Leibniz (1646-1716)

Es tal la cantidad de contribuciones que realizó este filósofo alemán a lo largo de su vida que simplemente parece imposible que pueda existir en un solo hombre por igual tanta curiosidad como talento. No sin ironía, su compatriota, el poeta y físico Hans Magnus Enzensberger en su poema científico Mausoleo (Anagrama, 1979) afirma que en realidad Leibniz era "un autómata", pues sólo así se explica que este infatigable viajero, tenaz corresponsal y conversador inagotable, tuviera suficiente tiempo además para sentarse a escribir sus innumerables y complejas obras.

Entre otras cosas, el polifacético Leibniz, además de filósofo eminente, fue ingeniero, abogado, constructor de máquinas, bibliotecario, historiador, diplomático, lingüista, matemático… y en todas estas áreas realizó contribuciones notables.

La idea de Internet

Así ocurrió, especialmente, con la topología y el cálculo infinitesimal o con la propuesta de un sistema de catalogación bibliotecaria, que es el fundamento de los sistemas actuales. Interesado en casi todos lo campos del saber, propuso crear una enciclopedia que reuniera todo el conocimiento humano, porque pensaba que parte del saber acumulado se perdía con el tiempo. Preocupación constante por el problema del conocimiento, que reflejara también en sus 'Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano' (Alianza, 1992).

Con ello anticipa en varios siglos las preocupaciones de un Vannevar Bush (siendo su proteica escritura -tal como muestran sus manuscritos profusamente anotados- completamente hipertextual) y hubiera saludado con entusiasmo la idea de Internet, pues de alguna manera ya es una enciclopedia infinita y progresiva que lo abarca todo.

Conocimiento humano


En esa búsqueda del saber automatizado, construyó precisamente una de las primeras máquinas de calcular de la historia, superando la de Pascal, pues era capaz de realizar mayor número de operaciones aritméticas. Su pasión por los aparatos y mecanismos le llevó a definir al ser humano de una curiosa y gráfica manera: como una máquina que Dios ha creado y que, a diferencia de las humanas, tiene un número de piezas es infinito, y de ahí que nunca podamos reproducirla satisfactoriamente.


Su insaciable curiosidad le llevo a ocuparse por todos los campos del conocimiento humano, por muy recónditos que puedan parecer, plagados de sutiles conexiones con la cibercultura. Ello le llevó a interesarse por cuestiones herméticas y esotéricas y a leer atentamente a autores como Raimundo Llull, Athanasius Kircher y a John Dee, precedentes de nuestra cibercultura y todavía en la frontera entre la ciencia y la religión.

De todos ellos extrajo ideas que luego extrapoló y modificó, dotándolas de un significado nuevo y adaptándolas a unos tiempos cambiantes en los que la ciencia progresivamente desterraba a la magia. Por ejemplo, Llull le llevó a reflexionar sobre el método filosófico-proselitista del 'ars combinatoria', convirtiéndolo en un sistema combinatorio puramente matemático.


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