Por Iñaki Arzoz y Andoni Alonso

Son licenciados en Bellas Artes y doctor en Filosofìa, respectivamente, por la Universidad del País Vasco.

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Charles Babbage y Ada Augusta Lovelace
Una pareja tecnológica de la Inglaterra victoriana
05-03-01

En la columna de hoy dedicamos por vez primera un justificado espacio, no a una individualidad, sino a una pareja clásica de la cibercultura y, en concreto, de la computación. Ambas personalidades contribuyeron a crear la primera etapa puramente tecnológica y efectiva de la cibercultura, a la que han marcado con su impronta más de lo que suponemos.

Una pareja curiosa, de condición y sensibilidad muy dispares, que pusieron la semilla de la cibercultura actual y también de un modo de trabajar colectivo; Jerry Yang y David Filo, Steven Jobs y Steven Wozniak,William Gibson y Bruce Sterling, incluso estos modestos comentaristas- que en la actualidad es ya insustituible en los modos de la cibercultura.

Charles Babbage (1792-1871) y Ada Augusta Lovelace (1815-1852), leales súbditos de la Inglaterra victoriana, representaron sin embargo la vanguardia de su época, y su aportación fue tan adelantada que no fueron en absoluto comprendidos en vida. Babbage pasará a la historia como una especie de un personaje enigmático, el tópico científico brillante pero malhumorado y excéntrico (Vid. Moseley Maboth, Irascible Genius, Hutchinson & Co., Londres, 1964). Matemático, ingeniero e inventor, se considera que sentó las bases de la moderna ciencia de la computación, yendo mucho más allá de Leibniz y Pascal.

Una calculadora muy compleja

Presentó su proyecto de Ingenio Diferencial al gobierno inglés, apoyándose en que las tablas de logaritmos disponibles en la época estaban plagadas de errores. Con el Ingenio a medio construir, se le ocurre otra calculadora mucho más compleja, el Ingenio Analítico, pidiendo más dinero al gobierno. Éste se lo niega por su poca fiabilidad y a partir de ese momento su vida es un continuo mendigar dinero privado y aportar, inútilmente, fondos de su fortuna privada, pues sus artefactos nunca fueron acabados en vida.

Por ello escribe en venganza un libro de sugerente título: 'Reflections on the Decline of the Science in England' (1934), siendo su propio caso una prueba palmaria de la tesis del libro. Años más tarde será el español, Leonardo Torres Quevedo (1852-1936), otro genio de la primera computación, quien finalice el primer proyecto de Babbage. Tal vez para reparar simbólicamente el error del gobierno inglés, El Museo de la Ciencia de Londres decidió reconstruir el Ingenio Analítico, -demostrando su validez-, que fue concluido en 1991.

Babbage, como otros genios excéntricos que despilfarran su talento en obsesiones particulares, al mismo tiempo que buscaba desesperadamente fondos, perdió un tiempo precioso abogando por que se prohibiera la música callejera de organistas y músicos ambulantes, ya que el ruido le distraía de su necesaria concentración. A tal grado llegó su disgusto que escribió un pequeño opúsculo -Observations of the Street Nuisances- y propuso la Babbage's Act para acabar con ellos. En venganza, los músicos callejeros lo ridiculizaron y persiguieron, tocando estruendosamente bajo su ventana.

Las máquinas y la computación


Con una extraña fijación por los autómatas -compró el de una bailarina que le obsesionó desde su niñez-, mantuvo una muy peculiar relación con las máquinas, el automatismo y la computación, que, según él, deberían servir para controlar la sociedad y la economía. De hecho, se cree que ideó su noción de máquina calculadora a partir del sistema británico de oficinas de transacciones de cheques (Clearing Houses) como se puede comprobar en su Economy of Manufactures (editado por Anthony Hyman en Science and Reform, Selected Works of Charles Babbage, Cambridge, 1989).


Babbage tuvo la oportunidad de ver cómo los cheques que circulaban por la City eran llevados a unas oficinas secretas, donde los contables examinaban los saldos a favor y en contra de cada cliente, evitándoles así tener que mover sumas de dinero durante el día. Ideó así una máquina a la que, desde el exterior, se le introdujeran los datos y tuviera un núcleo (core) donde se realizaran las operaciones matemáticas, comparando diversos niveles. No es exagerado afirmar que, junto a Ada, es el fundador de la primera cibercultura pues, aunque como señala Miquel Barceló "los primeros ordenadores se construyeron ignorando su trabajo pionero" consiguió materializar sus sueños a la vez que entender el enorme alcance de su invención y su poder transformador.

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[ Ideó una máquina a la que, desde el exterior, se le introdujeran los datos y tuviera un núcleo (core) donde se realizaran las operaciones matemáticas, comparando diversos niveles.]