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Scott Robinson
"La vieja izquierda no está en Internet"

Buenos Aires [16-01-02]
En pocas palabras y en un excelente español, el doctor Scott Robinson se define como un "gringo mexicanizado", una categoría étnica cultural un tanto exótica, que le permite beneficiarse de las bondades de dos países con riquezas y fortalezas disímiles. Después de haber nacido en Estados Unidos y haberse criado en México, a los 28 años Robinson decidió regresar a este último país para casarse con una mexicana e instalarse definitivamente a vivir allí. Esta doble condición le proporciona cierta libertad para lanzar ácidas criticas al poder económico dominante, tanto a nivel local como global, y desarrollar estudios de nuevas tecnologías de información y comunicación [TICs] en espacios comunitarios.

Actualmente, trabaja como investigador en el departamento de antropología de la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa de México D.F. y dedica gran parte de su tiempo al análisis y desarrollo de telecentros. Por su condición de antropólogo, Robinson encara el estudio de los centros tecnológicos comunitarios con una mirada sumamente particular, como una continuación lógica de la construcción de la Red de Información Rural en México. Desde junio de 1994, este sitio web ofrece un servicio de enlace para organizaciones campesinas mexicanas. Según Robinson, "estos grupos fueron olvidados por las negociaciones de la elite del Estado mexicano con EE UU y Canadá para crear el Tratado de Libre Comercio...". Ante el crecimiento de las redes comunitarias latinoamericanas y la necesidad de fortalecer el desarrollo de los telecentros, Robinson asegura que es necesario entablar alianzas entre los diversos actores sociales para contrarrestar ciertos peligros de origen puramente comercial que amenazan el horizonte.

¿Cuáles son las características de las redes comunitarias latinoamericanas?

La característica principal es que son proyectos pilotos. Estamos saliendo de esa fase de proyectos pilotos endebles, en cuanto a la correlación de fuerzas políticas en los respectivos países. Pero ahora muchos están siendo expropiados por los gobiernos federales porque no son tontos y ven que las redes comunitarias que estos proyectos desarrollan funcionan. Las elites dirigentes se han dejado convencer de la necesidad de participar con políticas públicas para acceder a la conducción de la dichosa Sociedad de la Información. Entonces entienden que cada familia latinoamericana no podrá comprar una computadora y tener una línea telefónica y una conexión a Internet, por lo tanto, resultan necesarios puntos de acceso público a bajo costo al alcance geográfico de los ciudadanos.

Llámase a estos espacios telecentros o centros tecnológicos comunitarios [CTC]. Entonces apropiarse de la figura que nosotros hemos legitimizado de alguna manera, un telecentro con 6 máquinas están a un costo de 8 o 9 mil dólares y puede ser sustentable cubriendo sus gastos de materiales y personal que lo opere. En los primeros 6 meses no creo que pueda pagar la inversión inicial pero sí en tres años de trabajo. En este sentido, este movimiento es de una opción comunitaria de ONG. Pero no todos son tan legítimos ni están tan comprometidos, corren a un tiempo en que es posible que Ruppert Murdoch abra una cadena de cibercafés en cada plaza de América Latina. A mi modo de ver, esto tendría implicancias terribles porque nos quitaría el proyecto comunitario, sacándonos de la jugada. Una de las razones por las que participamos en los congresos Global CN es para ver cómo organizarnos y para frenar este proceso que amenaza el horizonte.

¿Es posible formar una alianza global?

Sí, resulta que Somos@Telecentros es la red más organizada de toda la región de países emergentes, aunque los sudafricanos están lanzando lo suyo y es posible que lo logren después de una batalla de un par de años. Ellos vienen desde mucho más atrás por la falta de conectividad y la capacitación tecnológica. En África todavía quedan gobiernos que retienen un monopolio público de las comunicaciones y no les interesa para nada abrirlo. Tenemos que buscar hacer el salto para negociar con las instancias internacionales para que nos reconozcan, nos inviten a las mesas de toma de decisión y que logremos abrir las ventanillas para los fondos que aumentarían la red como un capital semilla para catalizar proyectos locales. No estamos hablando de mucho dinero, son sólo cotas.

¿Cómo ve el proceso de la institucionalización del movimiento de los telecentros?

Primero habría que educar a los políticos porque en América Latina han llegado muy tarde a ver las virtudes y necesidades de alfabetización digital e incluso muchos ni siquiera lo han hecho todavía. Son sociedades complejas, multiculturales con mucha polarización de clases. Entonces esa educación de políticos es un reto. Los políticos son una fauna muy pragmática, por lo tanto hay que crear los incentivos para que acepten un programa. Muchas veces pasa por los bolsillos, cuando ven que pueden recibir una comisión millonaria por la compra de equipos. Ese es el riesgo que vivimos en muchos países donde, según los proyectos de cúpula el Estado, se decide cablear el país sin proyecto de contenidos locales.

Sin que los grupos sociales sepan qué hacer con la tecnología entregada y mucho menos la construcción de contenidos locales en función de una participación de la política. Otra opción es subir el costo político de los monopolios de ignorar "la atención de los ciudadanos", que implica llegar a los medios podamos difundir los logros y a la vez denunciar en forma inteligente los proyectos que no están caminando por ser motines mercantiles entre políticos y proveedores. Yo creo en una tercera estrategia que es la de organizarnos más en función de la entrega de recursos gratuitos como Linux para que no tengamos que seguir transfiriendo enormes cantidades de dólares a Microsoft o proveedores de software cuando hay una capacidad en todos los países de pequeños de jóvenes de desarrollar aplicaciones muy concretas. Por la cantidad de centros tecnológicos instalados en Argentina [1350], allí se vive la oportunidad histórica de reconfigurar los centros tecnológicos comunitarios y ponerlos en Linux. Es así como se puede transformar en el primer país en América Latina para la inclusión de Linux en todos los CTC. En efecto queremos crear el movimiento social de Linux, o sea que sea un instrumento de movimiento social de software libre en atención y al servicio de los telecentros. Esa es otra estrategia. La idea central es romper los monopolios y los puntos de resistencia.

¿Cómo se unen los movimientos y las redes?

Los movimientos surgen sobre realidades locales o micro regionales, no hay una forma genérica. Ellos ya están en la red y la misma red le sirve para fortalecerse aún más en sus objetivos y acciones concretas. Como en el caso internacional del Zapatismo, que no tiene nada que ver con Chiapas sino que tiene que ver con un movimiento antiglobalización, pro democrático con una veta anárquica... El problema es la difusión de los antecedentes y precedentes de maniobras políticas entre el liderazgo de estos movimientos para que ellos vean cómo utilizar las redes de una forma más potente y útil para sus fines políticos, lo cual depende de cada caso. En el anterior Foro Social Mundial de Porto Alegre no se tomaron las redes electrónicas como una veta importante de organización porque la vieja izquierda no está en Internet, lo ven todavía como una quinta columna del imperialismo gringo, como una infiltración que está destrozando la sociedad. Esto es lamentable y genera mucho por hacer en el próximo Foro. Soy optimista porque el gobierno del estado sureño de Brasil está construyendo redes de telecentros.

¿Qué opina del Congreso Mundial de Redes Ciudadanas que se celebró en Argentina recientemente?

En general, este congreso de redes comunitarias por un lado es una contradicción y, por otro, es justo y necesario. Es una contradicción porque los que estamos aquí no representamos más que como activistas-académicos-activistas-académicos-activistas-estudiosos en la materia-curiosos y anexos. Y ante la ausencia de estos hombres y mujeres que en efecto están llevando la administración en lo técnico, organizativo-financiero-político de lo que llamamos genéricamente telecentros comunitarios [entendiendo que en Argentina la etiqueta telecentros es improcedente porque se refiere a los locales comerciales de la empresa Telecom], somos una elite o dimensión parasitaria de aprovechar nuestros contactos nacionales e internacionales para atraer fondos de fundaciones y apoyos internacionales a proyectos que administramos.

Sin embargo, creo que los que estamos aquí compartimos un código de ética, dado que no estamos aquí para lucrar sino para construir o fortalecer las redes incipientes. Ahí reside la contradicción porque los operarios que están levantando los telecentros con su trabajo diario también deberían estar aquí para retroalimentarse, aumentar su autoestima y revitalizar su compromiso. En cambio estamos nosotros, la elite que administra los proyectos y es la responsable de su formación. Por otro lado, este evento es justo y necesario porque somos una red endeble aún sin reconocimiento de la ONU. Todos los miembros de esta gran familia deberían estar muy avergonzados. Nos debería dar pena la falta de acción coordinada de la ONU a estas alturas del partido. A cinco años de Internet no hay un proyecto sistemático en una sola ventanilla, en donde se pueda solicitar en ninguna de sus dependencias para solventar iniciativas comunitarias.

Eso es un crimen y merece ser denunciado en público. Todos vivimos el embate de las fuerzas comerciales mercantiles como Telefónica que no tienen ningún corazón filantrópico, es puro business and more business y si puede ganar todo el mercado mejor. El monopolio es para este tipo de compañía la opción más sana. ¿Qué hacemos entre el colapso o falta de apoyo de las instancias internacionales de la ONU, que incluye al Banco Mundial? Aunque se esfuercen por promocionar su portal de desarrollo "Development Gateway", que sólo facilita la tarea de funcionarios públicos para localizar información que ellos necesitan, pero no ayuda a los usuarios jóvenes que están en el proceso de la alfabetización digital. Entonces ante esta falta de oferta destinada a los usuarios y el embate comercial estamos nosotros, no hay otro espacio que defienda un proyecto de control comunitario relacionado al acceso de la información y a la apropiación de la información y de las herramientas disponibles para aplicar la información al desarrollo local.

Ante esto surgen las preguntas ¿Internet para qué? ¿Internet para quién?

Aquí podemos decir Internet para que estas empresas lucren como lo han hecho hasta ahora, como si los países fueran minas de oro con mercados cautivos en América Latina mientras el propio Estado se hace el tonto en el plan avestruz para que el mercado responda por él. Pero nosotros debemos decir que a estas alturas las elites nacionales se han servido bien de las tecnologías para sus respectivas estrategias de dominación, tanto mercantil como política. Con Internet, en América Latina entramos en una segunda etapa con un contexto en donde las elites están servidas, hay una dramática recesión económica y lamento sospechar que también hay una falta de voluntad política y compromiso para llevar el acceso universal al pueblo. Sospecho esto porque implicaría sacrificar sus niveles de ganancias. La dichosa brecha digital, que yo prefiero llamarla la "no inclusión digital", es muy probable que se vaya a empeorar porque los recursos no van a estar ahí, en los espacios del Estado y la iniciativa privada sigue un modelo absolutamente mercantil "el que paga puede". Entonces volvemos al contexto del evento y vemos que somos muy pocos al nivel global.

Con semejante contexto angustiante, ¿activistas para qué?

Porque entendemos el poder de la tecnología y lo que significa como un elemento de empoderamiento a nivel local para jóvenes. Este es un fenómeno de jóvenes porque los abuelos no acuden a los telecentros porque ellos piensan que no pueden aprender a utilizar estas tecnologías que es un mito desafortunado. Esta Sociedad de la Información representa un control ideológico y político a través del elemento llamado Internet, como antes lo fue la TV. Estamos en un escenario donde se disputa quiénes van a controlar los contenidos de esos instrumentos, que implica un control político.

Si uno tiene un compromiso y una dotación por principios democráticos, uno debe estar en la trinchera del activismo digital para evitar que los grandes monopolios de medios de comunicación dominen el escenario. Desgraciadamente, muchos modelos de proyectos nacionales apuntan al consumidor pasivo frente a la pantalla del televisor o del monitor de la computadora, al info-entertaiment. ¿Qué significado tiene en cuanto participación y toma de decisión ciudadana que un ciudadano pueda pagar su factura del agua sonriente desde el living de su casa? Los activistas queremos que se configure y se re-configure la aplicación de tecnología en cuanto a contenidos locales de acuerdo a los intereses de los propios usuarios.

¿Cuál sería el desafío para el próximo Global ?

No gastar mucho dinero y no caer en la congresitis, es decir, la tendencia de reunir a los amigos en otra parte del mundo, sino fortalecer las redes locales y regionales. Tenemos que ser una confederación de redes regionales, y eso es una instancia de la sociedad civil que está por organizarse mejor.

Más información:

Red de Información Rural en México

Somos@Telecentros