.

 ......

Por F.
Javier Barriopedro
 
F.J. Barripedro es experto en temas fantásticos.

¿Quieres mandarle un e-mail?

Del Yucatán a la Luna
 
La aventura inquisitorial de Manuel Antonio de Ribas

Quizá fuera muy de mañana, todavía sin rayar el alba, que cerca de un convento franciscano, en 1773, en la villa de Mérida de la península del Yucatán, que se escuchaba el grito: ¡Ténganse a la Inquisición!
.........................

El alboroto se suscitó cuando el fraile conocido como Manuel Antonio de Rivas, septuagenario ya, había de enterarse que el Santo Oficio estaba al tanto de la existencia de un manuscrito de su puño y letra, decidiéndose así a proceder en contra del anciano cenobita. Los cargos siempre eran los mismos y lo de menos. Atentados contra la Sagrada Doctrina de Jesucristo Nuestro Señor, brujería, tratos con el demonio... Herejía.

¡Cómo si no lo supiese ya, viejo! Contestaba el palurdo alguacil, mirando con esa rabia que nace del miedo y la ignorancia, la cual se crece ante la desgracia y la impotencia del prójimo. ¡Silencio, que esto es asunto de fe! Ordenaba el capitán de los Corchetes, vestido todo de negro y con la enorme cruz escarlata que lo identificaba como parte del Tribunal Inquisitorial en la Nueva España. "Esta usted preso y será sujeto de juicio, según lo ordena la ley, bajo los cargos de ser un materialista y un hereje, fray Antonio. Basados estos cargos, en la deliberación de los miembros del Santo Tribunal de la villa de Mérida al leer su manuscrito".

Espíritu científico

No puede sino intrigarnos que fue lo que causó ese incidente, que no muy aislado y bastante usual, acaecido en aquellos días. En una época en la que el espíritu científico, arcaico como era, empezaba a ganar terreno al obscurantismo religioso imperante, los hombres y mujeres más avezados y, por qué no decirlo, osados, veían la especulación y los avances tecnológicos y filosóficos como indicativo del espíritu superior del género humano. Sin embargo, mucho tiempo hubo de pasar para que los sueños de todos estos visionarios fuesen apreciados en su justo valor.

Para un hombre en particular, pasarían 185 años.Tal fue el caso de Manuel Antonio de Rivas, un hombre nacido con el siglo y ya muy entrado en años cuando, inspirado por los descubrimientos de la Física experimental, que como el mismo afirma por boca de su personaje principal, "es la única verdadera" y el despertar filosófico del movimiento Ilustrador, escribe un relato breve, ingenuo pero ingenioso, que le causara más males y pesares que dicha.

El escrito habla de un viaje a la Luna, hecho por hombre instruido, cierto, pero pretencioso y pedante que narra ante un asombrado público reunido dentro del Ateneo Lunar, su vida y obra en vísperas a la explicación de cómo es que le fue posible realizar ¡un viaje literario a la Luna!

Onésimo Dulaton, natural de Baylliage d´Etampe, era un sabio francés y haciendo gala del ánimo pretencioso tan característico de su pueblo, antes de hacer su llegada triunfal ante el congreso de "antitoctanes", que es como Don Manuel Antonio de Rivas llama a los habitantes de nuestro satélite, envía una carta con los cálculos que realiza para demostrar su conocimiento de las "sirigidas y cuadraturas" lunares. Ante la precisión de tales cálculos y sorprendidos por esa sabiduría de la cual daba muestras nuestro co-planetario, convocan a un congreso de sabios en el país de la Quimeras en donde hallábanse discurriendo sobre la forma de hacer llegar una respuesta a los datos, en su mayoría exactos, proporcionados por aquel hombre.

Bajel volante

Ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo, como ocurre siempre que los sabios intentan hacerlo, para darle a aquel hombre la educada contestación a su misiva, entra de sorpresa "un carro o bajel volante" que "venía rompiendo la atmósfera con celeridad increíble". Como es de suponer, todos descartaron como mera fantasía aquella visión. Después de aceptar la veracidad del portento, fueron a recibir al osado viajero, que resultó ser también el primer hombre que arrancó a la Naturaleza el secreto del vuelo.

El hablantón franchute nos narra como fue que, temiendo a la hoguera a las primeras de cambio y en cuanto se le ocurriese salir a darse una vuelta en su máquina voladora, decidió irse con rumbo de las imaginarias y viajeras islas Calaminas, muy cercanas a las costas de la Libia. De ahí y en su primer vuelo, el tal Onésimo lustra toda el Africa. En el segundo, decide ver si las Américas y Asia están conectadas, encontrando que están divididas por un "euripo o mar glacial".

Imágenes de grandeza

La narración prosigue con exquisita visión, convocando imágenes plagadas de grandeza y todas ellas maravillosas. Las más aventuradas, quizá, resultan ser la implicación de que un largo viaje por el espacio puede hacerse dormido, reduciendo así el peligro para el viajero y la negación de la existencia del éter, afirmando así el viejo fraile que el espacio que rodea a la Tierra carecía de aire respirable.

Todo esto le valió diez años de proceso inquisitorial, con privación de la libertad física, que no creativa, y tras el cual se decidió que no podía recibir sentencia en vida debido a su avanzada edad. Murió tras ser liberado, con diferencia de tres meses y con la satisfacción de no haberse retractado, jamás, de aquel "cuento maravilloso que habla sólo de lo que el ingenio del hombre ha probado como cierto y como ciencia".

Herejía pura, sin duda alguna.

.........................

Más información:

Sobre Manuel Antonio de Rivas

. Torquemada, el Gran Inquisidor.

 

"El viejo fraile

decía que el

viaje lunar podía

hacerse dormido

y que el espacio

exterior era

irrespirable"

 

.Escudo de la Inquisición en México.

 

 

............

 Suscríbete

¡Es gratis!

............