Por Chucky García

Chucky García es director de la agencia Press Riot y colaborador de Bitniks

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Y como aquellos bichos estrellas, a los otros balseros se les puede catalogar de dos tipos: los del tipo Dinio, Asdrúbal o Nilo, que bailan al son de la orquesta de turno y como en cualquier free tour de una página web de porno, saltan de vagina en vagina o de vagina en pene para hacerse a lo suyo. Son jóvenes, taimados y semi callados como cualquier perrito faldero o cualquier píldora de Viagra, y han estado en la bolsa de figuras del mundillo local como Marujita Díaz o del internacional como Madonna.

Luego están los del tipo Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Gloria Estefan o Cristina Saralegui, adultos por demás, empleados del régimen o exiliados del mismo, pero con la misma convicción entre dedos: amasar el pastel del entretenimiento a su favor a través de himnos que exploran su devoción al cinturón de Fidel como la canción Yolanda o, por el contrario, con mensajes típicos de un anti-Castro que busca mojar las páginas de la prensa pero que no logran hacer lo mismo con los calzoncillos del viejo dictador.

Verdura fresca

Su protagonismo no es tan sexual como los vampiros del primer tipo porque poseen talento. Talento para gustar, para erguirse como líderes entre la masa ciega y para manipular la (cada vez más) delgada línea entre el criterio artístico y el sentimiento de culpa del espectador. Las multinacionales del disco o de la televisión, en este caso, también actúan a su favor como unas timadoras ONG del espectáculo.

Expresando su devoción o su dolor por la cárcel/isla, los otros balseros, de todos modos y tipo, no parecen devotos de la sangre de La Habana. Más les atrae la $angre fresca de los países del Primer y del Tercer Mundo, uno solo, al final de cuentas, que sigue dando botes de cabra, haciéndose el simpático con unos y arrojándole patadas a los otros.

Mientras la verdura fresca y honesta escasea, más frutas se pudren en aquel costado de la viña que el Señor reservó para el mundillo del espectáculo. Los otros balseros, sin tener los huevos de quien en vida real arriesga su vida en alta mar para llegar a Miami a limpiar mesas en un Mc Donalds, corren con la cínica suerte de oler bien.



[ Mientras la verdura fresca y honesta escasea, más frutas se pudren en aquel costado de la viña que el Señor reservó para el mundillo del espectáculo.]