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Por F.
Javier Barriopedro
 
F.J. Barripedro es escritor y experto en temas fantásticos.

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En el ocaso de los "nuevos dioses"...
La superioridad de los descerebrados
(29-2-00)

No hace mucho que escuche a un "conocedor" decirle a un "amigo" suyo, quien dice ser "escritor", esa consabida cantinela sobre lo torpes que son los "fans". Esto a mí no me afectaría en nada de no ser porque los individuos antes mencionados, viven de lo que sus "clientes" -es decir, fans que gastan dinero, por supuesto- les dan a cambio de su dosis de mala prosa e ideas sobadas.

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Sin ánimo de pelear -algo muy poco frecuente en mi caso-, me acerqué a ellos y me esforcé al máximo para entablar una conversación con respecto de tan trillado tema. El esfuerzo fue en vano. Este par se empeñaba en hacerme creer que la gente que lee Literatura de Terror, es torpe y poco discriminante. Según las ideas que sostenían, a los lectores antes citados se les puede vender cualquier cosa que contenga los escenarios típicos y las criaturas de rigor, las cuales también estaban sujetas a ciertas modas -aquí me dio un poquito de miedo pues, hasta cierto punto, estuve de acuerdo con ellos-, y los "fanáticos" la adquirirán, sin importar que se trate de Lovecraft, King, la tía Lola o el trabajo del "autorcete" de marras. Luego, el "conocedor" se dignó añadir que, sin embargo, existen ciertas ocasiones en las que autores mediocres o que ya están pasados de moda -según su particular criterio, claro está-, pueden escribir verdaderas joyas... Como era el caso de Lovecraft y sus 'Perros de Tindalós' (sic).

Imposibilitado ya para contener la sonrisa cínica que siempre esbozo cuando me topo con alguien así, reí por lo bajo y les aclaré que: 1) Frank Belknap Long era el autor de "Los sabuesos de Tíndalos". 2) Ambos, Lovecraft y King, son autores de Literatura de Horror -no de Terror-, de la cual Lovecraft era el padre teórico al ser el creador del "horror materialista" como él mismo lo llamó y 3) Que "X" -esto es el "escritor" que estaba ahí- no era un escritor de horror, sino que sólo escribía horrible.

Lo que siguió fue una serie de defensas, acusaciones e insultos -y hago constar que, esta vez, no fui yo quien los formuló-, que me hicieron reír a pleno pulmón y darles el espaldarazo a aquel par de tipos.

Veo como resultado de aquella "disertación" con estas personas, que existe una pose terrible por parte de los que dicen escribir y los que creen conocer... Algo metahumano que los hace superiores a los pobrecitos descerebrados que los leen y los escuchan cuando hablan desde su inmensa sapiencia, la cual, las más de las veces, resulta ser sólo profunda ignorancia. Parecería que estos poseurs se sienten superiores al resto de sus colegas y aficionados. Padecen de una suerte de endiosamiento crónico que los ciega a sus fallas y a una gran cantidad de opciones que van -salvo en los casos del todo perdidos- a enriquecer su bagaje, lo que, pienso, bien podría ayudarlos en su creación y fortalecerlos en su crítica.

No sé por qué motivo, hay tantas personas que sólo por el hecho de ser capaces de hilar algunas ideas y estructurar unos cuantos párrafos, se sienten superiores al resto de sus congéneres. Recuerdo a un chaval -de los que estudian Letras en la Universidad del Claustro de Sor Juana de la Cuidad de México- durante las lecturas del evento que ellos llaman "La Fuente Inagotable", y su gratuita actitud después de subir al improvisado podium y hacerse del micrófono -cuando hubieron concluido las lecturas de varios integrantes del C.I.F.F. -, diciendo, y lo cito de forma textual: Bueno, ya era hora. Pongan mucha atención, a ver si aprenden cómo se hace. Por lo menos aprendan algo.

Dicho esto, lo mandé al diablo, pero me senté a escuchar sus demasiadas frases, que pretendían ser juegos de palabras los cuales eran de tan barroca y particular ironía, que terminaban siendo pedantes y arrancando sonrisas sólo a algunos de los presentes, dado que no todos conocíamos la mayoría de las por demás obscuras referencias del autor. Yo encontré varios "chistes" privados del escribiente, pero la mayoría del público se quedó callada, salvo por unos tres de sus compañeros. En su descargo, tuvo muchas frases interesantes y su relatito más afortunado, una idea de cuento sobre el "sueño" de uno de sus amiguetes que, no muy misteriosamente, me resultó demasiado parecido a un relato de Phillip K. Dick.

Sin embargo y con su evidente plagio a cuestas, el chavalillo seguía regalando a su decreciente público con una actitud mesiánica y déspota, como si los que se retiraban se estuviesen perdiendo la incipiente ascensión al Parnaso del próximo figurón de la Literatura Circunstancial. Concluyó su azarosa lectura, se retiró desdeñoso y se atrevió a comentar que no le interesaban los "fans" porque éstos no eran más que un atajo de pendejos... Los cuales algún día, si acaso cambiara su actitud y refinase tan anodinos relatos que sólo hablan de él o son copias de otros autores, bien pudiese darse el caso que le dieran de comer.

El "Boom"

Y esta suerte de actitudes se repite muy a menudo. La Internet nos brindó la facilidad de comunicarnos con el mundo más allá de lo que percibimos, nos abrió las puertas a otros estilos de vida y a múltiples puntos de vista. Sin embargo, también nos dejó una enorme cantidad de basura que es menester sortear para llegar a la verdadera información. Y esto, en sí mismo, es un problema mayúsculo.

El "boom" de las publicaciones electrónicas -como ésta que están leyendo ahora-, trajo consigo una enorme cantidad de autores ante un público lector que era inimaginable hace diez años. Existe gran cantidad de opciones en la infinitud de rutas del cyberespacio y, no todo es miel sobre hojuelas, una desproporcionada población de oligofrénicos quienes se creen que las pueden y las son todas. Entre ellos tenemos poetas, cuentistas, ilustradores y editores, que por el simple hecho de tener una "novela"-revista, galería o poemario, que para el caso, lo mismo da- publicada en Internet, esto es, en formato digital, se sienten miembros de un exclusivo círculo de pensadores y parte del nuevo orden de dioses del arte cybernético. Y, por supuesto, crean premios que se dan entre ellos, se publican y recomiendan unos a otros y critican el trabajo de todos los que no forman parte de su grupo.

Por su parte, la Industria Editorial también tiene cola que le pisen. Sino me creen, vean cuantos autores nuevos y de poca monta, no están siendo promovidos como "el nuevo fenómeno" de las Letras -y completen aquí con el gentilicio del país de su preferencia- o el "siguiente Stephen King" -o Clive Barker, o Lovecraft o la Tía Lola-, y esperan que la gente compre sus libros sólo por esa simple estratagema publicitaria.

Buenos términos

Tengo la gran suerte de conocer a -y estar en buenos términos con- una buena cantidad de escritores de diversos países y niveles de reconocimiento, y son muy pocos los que, aún teniendo ya varios libros publicados, se comportan displicentes o groseros con sus lectores. Gente como Ray Bradbury, H. Pascal, Gerardo Horacio Porcayo, Paco Ignacio Taibo II, David J. Schow, Clive Barker, Michelle Morales, Alfonso Franco, Peter Straub, José Luis Zárate, Juan Hernández Luna, José Luis Ramírez, Alberto Chimal, Poppy Z. Brite, Christa Faust, Kevin Andrew Murphy, Kate Daniel, y hasta la inencontrable y reservada Caitlin Kiernan y el gruñón de Harlan Ellison -entre muchos otros-, y todos siempre están dispuestos para firmar un libro, tomarse una foto o intercambiar algunos comentarios con la gente que se acerca a ellos o que, en ciertos casos muy contados, les habla por teléfono.

Es maravilloso tener varias opciones para leer, escuchar y visitar -como es el caso de los sitios web-, puesto que sólo así se nos abre una cantidad enorme de ideas y se entabla un diálogo muy especial con los autores a través de su obra. Pero lo que no considero justo, es esa falta de humildad ante el reconocimiento de la gente o esa actitud infantil de sentirse más que los demás por el simple hecho de hacerse pasar por un escritor, editor o un artista...

Puede que el esfuerzo en realidad valga la pena, pero esas actitudes matan el interés.

Sin embargo, todo es posible cuando los dioses -y no sólo los ídolos- tienen pies de barro.

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. Frank Belknap Long.

 

 

"Internet nos

abrió las

puertas a

otros estilos

de vida y a

múltiples

puntos de

vista"

 

 

.El "boom" de las publicaciones electrónicas

 

 

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