Por Francisco Castro

F. Castro es escritor, profesor de filosofía y crítico de cultura del periódico Atlántico Diario de Vigo.

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Elisa Gracia Fanlo
(Editora de Laguna Negra)
04-12-00

Laguna Negra es una rara editorial. Rara porque vive a caballo entre lo virtual y lo real. No renuncian al placer de publicar un buen texto, con sus páginas y su lomo. Pero, al mismo tiempo, las actividades de publicación de la editorial en Internet, ocupan uno de los espacios más sugerentes y atractivos de toda la Red. Desde Bitniks nos hemos querido acercar a esta curiosa propuesta charlando un rato con su editora, Elisa Gracia Fanlo.

Escritora y responsable de la editorial, muestra su rabia por no poder editar todo lo que quisiera. 'El mercado es el mercado'. Al mismo tiempo, va más allá del mercado a base de valentía y, sobre todo, gracias a tener las cosas muy claras. ¿Qué es Laguna Negra?

Laguna Negra es una editorial que nació como un sueño, como una necesidad psicológica de vivir la literatura abismal y desgarrada. Todo surgió como un planteamiento indeciso. Yo contaba con muchos colaboradores en mi revista electrónica "Dolor y literatura", pero y, ¿ya está? me pregunté a mí misma. No, yo quiero mojarme, hundir mis narices en este lodo editorial, sacar a la luz lo que nadie compra pues me han enseñado que lo que no figura en el mercado no existe. Por eso Laguna Negra sigue una política editorial muy marcada, ningún autor se paga su edición, la editorial arriesga su dinero si cree en él, no como hacedor de best-sellers, sino como artista. Laguna Negra sigue una línea editorial oscura, visceral, contracorriente, profunda, psicológica, surrealista, on'rica... que va descubriendo nuevos estilos, nuevas temáticas, y que valora también la belleza de lo frágil y de lo poético, pero siempre como resultado de un soterrado vómito interior.

Laguna Negra también es una apuesta contra el aborregamiento, contra el pensamiento débil, contra la literatura fácil, contra lo bonito porque sí, contra las intrigas que derivan en lecturas de tirón, empachos noveleros, masas de palabras que construyen todo un artificio vacío de esencia pero adictivo, porque el libro agarra o engancha la curiosidad más superficial del ser humano.

¿Por qué existe Laguna Negra?

Laguna Negra existe porque hay autores que deben existir, que deben ser leídos, que transmiten más allá de una historia atractiva o trivial. En ocasiones me deprimo, grandes obras (desde mi punto de vista) que son valoradas por la editorial no encuentran en nosotros el capital necesario para publicarlas de inmediato o en un plazo razonable. Tampoco puedes arriesgarte a firmar precontratos porque realmente, ¿dónde pones la fecha límite?, se depende de tantos factores que te gustaría comprometerte pero no puedes.

Entonces redactas un informe editorial favorable, hablas con el autor/a y le dices que allí está tu interés pero no el capital. Le deseas suerte y te lo anotas en tu lista de obras a publicar si el mercado da un giro inesperado. Pienso que Laguna Negra debe existir para publicar a esas personas, debe crecer económicamente, y no callarse ante lo que se considera incorrecto desde la política light del consumismo y de la corrupción artística.

En ocasiones has mantenido una actitud muy crítica frente al, digamos, mercado editorial tradicional, ¿cuál es tu posición al respecto?

Sigo manteniendo mi postura crítica frente a ese mercado que tú llamas tradicional y que por mucho que se adorne de modernidades, tecnologías, falsas colecciones alternativas... seguirá siendo viejo y gastado. Se ve en todas partes, en cualquier ámbito que se llame comercial, no sólo en las letras, la música o la pintura, por ejemplo. Se ve en las zapaterías, en los supermercados, hasta en las tiendas de juguetes. Los modismos y la publicidad lo venden todo. La mirada del hombre-masa no tiene luz propia, quiere que le lleven de la mano, le metan en la bolsa el libro del año, ése que ha batido récords de lectura acelerada y de cacareo aflautado y enseñar su D.N.I. junto a la tarjeta de crédito. Las grandes editoriales son capaces de transformar un cucurucho de palomitas de maíz en el libro super-ventas.

Vivimos en el siglo del reciclaje. ¿Por qué no darle el lujo a un famosillo/a para que nos cuente cómo se cuece un huevo de mil formas diferentes si el lector standar va a pagar a precio de lujo?, ¿por qué no explotar una temática que nunca ha sido tema de interés dialéctico pero que ha dado mucho de que hablar?, ¿por qué no aprovecharse descaradamente de una diferencia orgánica, sensorial, psicomotora, mental... del autor/a si eso alimenta el morbo y el sadismo necesarios para vender la edición y multiplicarla? Hoy en día todo consiste ser un buen escalador, dar codazos, hacerse un nombre, que te compren el nombre y a firmar autógrafos por la calle. Estamos en la era visual, no se ven letras construyendo sensaciones o pensamientos sino marcas, sellos y códigos de barras. La publicidad elige por el lector. Pero la publicidad es cara, subliminal y unidimensional.

¿Cuál crees que puede ser el futuro para una editorial pequeña de estas características?

Desde la distancia puedes ver caminos muy diversos, posibles fórmulas o soluciones que no son definitivas pero que pueden darte impulso. Lógicamente cuando las armas que, en un momento dado, pensabas utilizar para defenderte se vuelven contra ti y caes en tu propia fosa los caminos se van estrechando. Se entra entonces en un proceso de definición, de delimitación, de caracterización que, dado mi caso, es muy extremista y que, por lo tanto, te salva o te condena. Mi planteamiento inicial era publicar dos obras anuales, una "alimenticia" y otra artística o minoritaria, ¿qué ocurre? Que tienes posibilidades económicas para publicar más, para ampliar capital, para reinvertir, para vender basura un tiempo y obras de culto otro. Pero esa duplicidad termina enmierdándote porque por un lado eres muy consciente de que, digamos, seis meses al año vendes basura y los otros seis calidad literaria.

Luego llega un segundo nivel de hiperconsciencia, que termina de fulminar tu proyecto, ¿toda la basura es vendible?, ¿hay un tipo de basura que huele mejor que otra?, ¿hay basura perfumada y basura que espanta hasta a los moscardones? Es un terreno movedizo, es jugar a apostar por lo que no crees buscando algo que quizá no llegará nunca. Queda un tercer factor, ¿a quién te diriges?, ¿quiénes son tus lectores? Si han optado por la calidad artística no les puedes advertir que ésta brillará por su ausencia durante seis meses por razones económicas. Si han optado por la basura seguramente la encontrarán en cualquier otra perfumería con un aroma más seductor. Digamos que el futuro de Laguna Negra esta en manos del grado de reflexión, crítica y búsqueda de otros niveles de lectura del elector.


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[ Hoy en día todo consiste ser un buen escalador, dar codazos, hacerse un nombre, que te compren el nombre y a firmar autógrafos por la calle.]