Por Francisco Castro

F. Castro es escritor, profesor de filosofía y crítico de cultura del periódico Atlántico Diario de Vigo.

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Harold Bloom
Contra los nuevos modos de leer
07-02-01

De vez en cuando salen libros al mercado que nos hacen reflexionar sobre nuestro propio acto lector. Es decir, leemos, leemos, en algunos casos ( ahora hablo por mí ) compulsivamente, casi de manera patológica. Algunos padecemos lo que me voy a atrever a bautizar como "el síndrome Don Quijote": a fuerza de leer, nos estamos quedando fuera del mundo. Lo cual no deja de ser curioso: aquí me tenéis, escribiendo en una revista electrónica ( en el cibermundo, o el hípermundo, como algunos lo llaman por ahí ) al mismo tiempo que me declaro refugiado en la lectura.

De alguna manera, fuera del mundo. Pero, en fin, no estamos aquí para hablar de mí ( aunque, quizás algún día os lo cuente, yo soy, en mí mismo, material suficientemente interesante para cuatro o cinco novelones... es broma... ), sino del libro recien editado por Anagrama, de Harold Bloom, "Cómo leer y por qué".

El título, en sí mismo, ya se las trae. Cómo leer. Si todos sabemos leer, poner las pupilas en las letras, una detrás de la otra, de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo, ¿por qué nos quieren enseñar a leer?. ¿Será que el verbo "leer" significa ya otra cosa?

Leer a los clásicos

Pues sí, claro, significa otra cosa. Leer es leer clásicos. El resto, para Bloom, no merece la pena. Viene a decirnos algo así como que es un crimen dedicar un sólo minuto a la lectura de un texto que no valga la pena. Estoy de acuerdo. Bloom defiende el ejercicio de la soledad lectora.

Suena casi, lo se, a perversión. Pero es así. Lo decía hace poco Pablo D'Ors, finalista del premio Herralde de novela por "Las ideas puras" ( también en Anagrama ), en la revista "El Cultural" ( 24.1.2001): "Por lo general, sexo y escritura son dos pecados solitarios". Pues eso, cambiénme lo de escritura por lectura y es lo mismo... Harold Bloom, por su parte, escribe: "Leer bien es uno de los mayores placeres que puede proporcionar la soledad"... El placer, el placer. De eso escribió Epicuro de Samos, allí por el III antes de Cristo. Y Stuart Mill, en el XIX. Y los dos filósofos hedonistas coincidieron en señalar que había placeres elevados, más que los puramente físicos. Pero ninguno de los dos, que yo sepa, colocó la lectura entre ellos.

Lo que nos interesa es que Harold Bloom mantiene una postura muy crítica frente a todo lo que tenga que ver con las nuevas tecnologías y su relación con la lectura. Concretamente, pone literalmente a parir a los medios electrónicos de lectura. Precisamente, según él, para defender la verdadera lectura. ¿Cuál es esa verdadera lectura? Pues, evidentemente, la de los clásicos. Cita muchos. Yo me quedo, como él, con Chéjov.

Lo mejor del libro es que Bloom se atreve a conjugar los verbos "leer" y "enamorar". Si el filósofo es un enamorado de la sabiduría, el lector ( o lectópata, como dice mi buen amigo también escritor Xosé Carlos Caneiro... No dejéis de leer "Un juego de apócrifos" recién editado por Espasa Calpe ), está enamorado de la literatura. A veces lo dice así. Otras de otras formas. Pero siempre insistiendo en lo mismo: para leer hay que sentir pasión. ¿Quién es el desinformado que puede decir que leer es aburrido?

No, desde luego si, como dice Bloom...



[ Lo que nos interesa es que Harold Bloom mantiene una postura muy crítica frente a todo lo que tenga que ver con las nuevas tecnologías y su relación con la lectura.]