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[II Rueda Internacional de Información Independiente]
  Este mundo de la injusticia globalizada
Texto de José Saramago leído en la clausura delForo Social Mundial (FSM 2002)

Porto Alegre [05-02-02]
Comenzaré por contar en brevísimas palabras un hecho notable de la vidarural ocurrido en una aldea de los alrededores de Florencia hace más decuatrocientos años. Me permito solicitar toda su atención para esteimportante acontecimiento histórico porque, al contrario de lo habitual, lamoraleja que se puede extraer del episodio no tendrá que esperar al finaldel relato; no tardará nada en saltar a la vista.

Estaban los habitantes en sus casas o trabajando los cultivos, entregadocada uno a sus quehaceres y cuidados, cuando de súbito se oyó sonar lacampana de la iglesia. En aquellos píos tiempos (hablamos de algo sucedidoen el siglo XVI), las campanas tocaban varias veces a lo largo del día, ypor ese lado no debería haber motivo de extrañeza, pero aquella campanatocaba melancólicamente a muerto, y eso sí era sorprendente, puesto que noconstaba que alguien de la aldea se encontrase a punto de fenecer.

La campana

Salieron por lo tanto las mujeres a la calle, se juntaron los niños,dejaron los hombres sus trabajos y menesteres, y en poco tiempo estabantodos congregados en el atrio de la iglesia, a la espera de que les dijesenpor quién deberían llorar. La campana siguió sonando unos minutos más, y finalmente calló. Instantes después se abría la puerta y un campesino aparecía en el umbral. Pero, no siendo éste el hombre encargado de tocar habitualmente la campana, se comprende que los vecinos le preguntasendónde se encontraba el campanero y quién era el muerto. 'El campanero noestá aquí, soy yo quien ha hecho sonar la campana', fue la respuesta delcampesino. 'Pero, entonces, ¿no ha muerto nadie?', replicaron los vecinos,y el campesino respondió: 'Nadie que tuviese nombre y figura de persona;he tocado a muerto por la Justicia, porque la Justicia está muerta'.

¿Qué había sucedido? Sucedió que el rico señor del lugar (algún conde omarqués sin escrúpulos) andaba desde hacía tiempo cambiando de sitio losmojones de las lindes de sus tierras, metiéndolos en la pequeña parceladel campesino, que con cada avance se reducía más. El perjudicado empezópor protestar y reclamar, después imploró compasión, y finalmente resolvióquejarse a las autoridades y acogerse a la protección de la justicia. Todosin resultado; la expoliación continuó. Entonces, desesperado, decidióanunciar urbi et orbi (una aldea tiene el tamaño exacto del mundo paraquien siempre ha vivido en ella) la muerte de la Justicia.

La muerte de la Justicia

Tal vez pensaseque su gesto de exaltada indignación lograría conmover y hacer sonar todaslas campanas del universo, sin diferencia de razas, credos y costumbres,que todas ellas, sin excepción, lo acompañarían en el toque a difuntos porla muerte de la Justicia, y no callarían hasta que fuese resucitada. Unclamor tal que volara de casa en casa, de ciudad en ciudad, saltando porencima de las fronteras, lanzando puentes sonoros sobre ríos y mares, porfuerza tendría que despertar al mundo adormecido... No sé lo que sucediódespués, no sé si el brazo popular acudió a ayudar al campesino a volver aponer los lindes en su sitio, o si los vecinos, una vez declarada difuntala Justicia, volvieron resignados, cabizbajos y con el alma rendida, a latriste vida de todos los días. Es bien cierto que la Historia nunca nos locuenta todo...

Supongo que ésta ha sido la única vez, en cualquier parte del mundo, enque una campana, una inerte campana de bronce, después de tanto tocar porla muerte de seres humanos, lloró la muerte de la Justicia. Nunca más havuelto a oírse aquel fúnebre sonido de la aldea de Florencia, mas laJusticia siguió y sigue muriendo todos los días. Ahora mismo, en esteinstante en que les hablo, lejos o aquí al lado, a la puerta de nuestracasa, alguien la está matando. Cada vez que muere, es como si al finalnunca hubiese existido para aquellos que habían confiado en ella, paraaquellos que esperaban de ella lo que todos tenemos derecho a esperar dela Justicia: justicia, simplemente justicia.

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["LaJusticia siguió y sigue muriendo todos los días."]
 

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