Texto traducido del portugués por

Novaeconomia

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Ciranda
[II Rueda Internacional de Información Independiente]
 Este mundo de la injusticia globalizadaPag. 3 de 3

¿Y la democracia, ese milenario invento de unos atenienses ingenuos paraquienes significaba, en las circunstancias sociales y políticas concretasdel momento, y según la expresión consagrada, un Gobierno del pueblo, porel pueblo y para el pueblo? Oigo muchas veces razonar a personas sinceras,y de buena fe comprobada, y a otras que tienen interés por simular esaapariencia de bondad, que, a pesar de ser una evidencia irrefutable lasituación de catástrofe en que se encuentra la mayor parte del planeta,será precisamente en el marco de un sistema democrático general como másprobabilidades tendremos de llegar a la consecución plena o al menossatisfactoria de los derechos humanos.

Nada más cierto, con la condiciónde que el sistema de gobierno y de gestión de la sociedad al queactualmente llamamos democracia fuese efectivamente democrático. Y no loes. Es verdad que podemos votar, es verdad que podemos, por delegación dela partícula de soberanía que se nos reconoce como ciudadanos con voto ynormalmente a través de un partido, escoger nuestros representantes en elParlamento; es cierto, en fin, que de la relevancia numérica de talesrepresentaciones y de las combinaciones políticas que la necesidad de unamayoría impone, siempre resultará un Gobierno.

El voto

Todo esto es cierto, pero es igualmente cierto que la posibilidad deacción democrática comienza y acaba ahí. El elector podrá quitar del podera un Gobierno que no le agrade y poner otro en su lugar, pero su voto noha tenido, no tiene y nunca tendrá un efecto visible sobre la única fuerzareal que gobierna el mundo, y por lo tanto su país y su persona: merefiero, obviamente, al poder económico, en particular a la parte delmismo, siempre en aumento, regida por las empresas multinacionales deacuerdo con estrategias de dominio que nada tienen que ver con aquel biencomún al que, por definición, aspira la democracia.

Todos sabemos que asíy todo, por una especie de automatismo verbal y mental que no nos deja verla cruda desnudez de los hechos, seguimos hablando de la democracia comosi se tratase de algo vivo y actuante, cuando de ella nos queda poco másque un conjunto de formas ritualizadas, los inocuos pasos y los gestos deuna especie de misa laica. Y no nos percatamos, como si para eso nobastase con tener ojos, de que nuestros Gobiernos, esos que para bien opara mal elegimos y de los que somos, por lo tanto, los primerosresponsables, se van convirtiendo cada vez más en meros comisariospolíticos del poder económico, con la misión objetiva de producir lasleyes que convengan a ese poder, para después, envueltas en los dulces dela pertinente publicidad oficial y particular, introducirlas en el mercadosocial sin suscitar demasiadas protestas, salvo las de ciertas conocidasminorías eternamente descontentas...

Guerra de las galaxias

¿Qué hacer? De la literatura a la ecología, de la guerra de las galaxiasal efecto invernadero, del tratamiento de los residuos a las congestionesde tráfico, todo se discute en este mundo nuestro. Pero el sistemademocrático, como si de un dato definitivamente adquirido se tratase,intocable por naturaleza hasta la consumación de los siglos, ése no sediscute. Mas si no estoy equivocado, si no soy incapaz de sumar dos y dos,entonces, entre tantas otras discusiones necesarias o indispensables, urge,antes de que se nos haga demasiado tarde, promover un debate mundial sobrela democracia y las causas de su decadencia, sobre la intervención de losciudadanos en la vida política y social, sobre las relaciones entre losEstados y el poder económico y financiero mundial, sobre aquello queafirma y aquello que niega la democracia, sobre el derecho a la felicidady a una existencia digna, sobre las miserias y esperanzas de la humanidado, hablando con menos retórica, de los simples seres humanos que lacomponen, uno a uno y todos juntos. No hay peor engaño que el de quien seengaña a sí mismo. Y así estamos viviendo.

No tengo más que decir. O sí, apenas una palabra para pedir un instante desilencio. El campesino de Florencia acaba de subir una vez más a la torrede la iglesia, la campana va a sonar. Oigámosla, por favor.

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["El sistemademocrático esintocable por naturaleza hasta la consumación de los siglos, ése no sediscute."]
 

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